La Escena del Crimen

Resumen

Llegó a su edificio y tomó el ascensor, con la fatiga de un largo día de trabajo pesando sobre su espalda.

Marcó el piso diez y esperó. Iba sólo. Esto no se le hizo extraño, pero si le hizo pensar, en lo raro que era no haber visto a nadie en todo ese trayecto. El portero del edificio—extraña­mente—no estaba en su puesto de trabajo; ni ninguno de los otros empleados que siempre por allí rondan…

https://doi.org/10.18041/1909-2288/revista_cultural.1.2019.6529
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