La evaluación docente se ha constituido en un tema de creciente interés y debate en el ámbito educativo. Tal como lo plantean Henríquez Ritchie y Arámburo Vizcarra (2021, p. 3), el concepto de educador eficaz ha evolucionado y ha sido objeto de múltiples interpretaciones. En este contexto, se han identificado claramente dos enfoques distintos: por un lado, la investigación sobre la enseñanza, que surgió en la década de los años noventa con estudios como los de Schoenfeld (1998), principalmente en contextos anglosajones, con el propósito de desarrollar modelos para definir las cualidades de un profesor efectivo. Y por otro lado, las perspectivas constructivistas, como las de Coll y Solé (2002), que argumentan que es difícil encontrar un modelo generalizable debido a la complejidad inherente del proceso educativo. Este contraste se retomará más adelante en el cuadro comparativo de los autores analizados.
El objetivo principal de esta investigación es analizar las propuestas de referentes teóricos sobre la relevancia del proceso formativo como resultado de las evaluaciones de desempeño docente en el marco de los desafíos contemporáneos que enfrenta la educación superior. Se parte de la hipótesis de que existe una débil utilización de los resultados de evaluación docente como herramienta formativa, lo cual limita su potencial para la mejora profesional y pedagógica.
Se considera oportuno examinar estos aspectos atendiendo la necesidad de cuestionar y discutir la imperante necesidad de que los resultados de las evaluaciones de desempeño docentes sirvan como insumo para su proceso formativo.
Cabe destacar que se asume que los docentes indefectiblemente pasan por un proceso de selección para admisión a un plantel docente; sin embargo, es preciso reconocer que los modelos pedagógicos podrían requerir de ciertas actividades pedagógicas que precisen de una formación específica, circunstancia en el que los docentes inevitablemente necesitarían un acompañamiento formativo.
Abordando el tema del sentido formativo de la evaluación docente, la bibliografía coincide en que la evaluación debe superar un enfoque meramente punitivo o clasificatorio. Quiriz-Badillo y Tobón-Tobón (2019, p. 111) destacan que este enfoque plantea un elemento fundamental para el docente: concebir la evaluación como un proceso permanente de aprendizaje. Igualmente, proponen que los proyectos de enseñanza vinculados a la evaluación del desempeño docente deben estructurarse como iniciativas formativas. De este modo, se subraya la importancia de que los resultados obtenidos en la evaluación se utilicen en proyectos con metas bien definidas institucionalmente.
Por su parte, la Unesco (2014, citado en Cóndor y Remache Bunci, 2019) destaca la importancia de fortalecer el aprendizaje mediante la optimización de la gestión y la calidad del cuerpo docente en los proyectos educativos. Esto se debe a que tanto la enseñanza como el aprendizaje de calidad requieren una formación docente continua, así como el desarrollo permanente de competencias en áreas como planificación, evaluación y metodologías didácticas, entre otras.
En ese sentido, Stroebe (2016) subraya que la evaluación del desempeño docente fue concebida inicialmente como una herramienta para optimizar la enseñanza por parte de los profesores. No obstante, con el tiempo, su aplicación se ha extendido a decisiones determinantes como la contratación, el despido, las promociones y la asignación de salarios. Por esta razón, resulta fundamental diferenciar si la evaluación se emplea como un mecanismo para mejorar el aprendizaje (evaluación formativa) o si se orienta hacia la calificación, la premiación o la penalización del desempeño (evaluación sumativa). Esta diferenciación es crucial para no desvirtuar el sentido pedagógico de la evaluación.
La evaluación se debe considerar como una estrategia institucional de calidad, desde un enfoque estructural. Ruiz-Corbella y Aguilar-Feijoo (2017) describen la experiencia de la Universidad de Loja, Ecuador, en la que se implementó un proceso de evaluación orientado a la elaboración de perfiles docentes que estén en sintonía con las funciones esenciales de la universidad y en conformidad con los requerimientos de las políticas de acreditación de calidad universitaria. Este análisis contempla la valoración de diversas competencias, incluyendo aspectos personales, actitudinales, didácticos, de investigación, de interacción con la sociedad y de gestión. Para lo cual se emplean distintos indicadores y productos que forman parte del proceso de acreditación de la calidad en el ámbito universitario.
Esta apreciación del referente teórico también aporta luz al tema de discusión e investigación. Si el perfil del docente cumple con los requerimientos de las funciones sustantivas de la institución, que con el pasar de los años es más exigente y no se limita meramente a la docencia; por tanto, los instrumentos aplicados deberían recabar todos estos datos y con base en ello acompañar a los docentes.
En igual sentido, el estudio comparativo sobre las políticas de evaluación del desempeño docente en Argentina y España, llevado a cabo por Walker (2017) en la Universidad Nacional del Sur, reviste una importancia significativa al analizar la contextualización de las evaluaciones. Su enfoque resalta la necesidad de reformas en la cultura institucional para fortalecer la credibilidad del proceso y establecer una conexión genuina entre la evaluación del docente y el aprendizaje del estudiante. Dicha relación da lugar a dinámicas específicas dentro del entorno universitario en lo que respecta a la organización del trabajo académico. No obstante, estas interacciones suelen estar marcadas por factores como el individualismo, la burocratización, estrategias de simulación y el estrés, los cuales dificultan la reflexión, la revisión crítica y el potencial formativo de la evaluación.
Respecto a la incursión de la innovación pedagógica en un contexto social, Crespo-Cabuto y colaboradores (2022) sostienen que las transformaciones sociales ocurren a un ritmo acelerado, generando necesidades urgentes que requieren cambios inmediatos en los procesos formativos. También, en esta misma línea, Tobón (2017) considera que una característica clave del enfoque educativo es la prioridad que se otorga a la resolución de problemáticas del contexto en un momento determinado, orientando así el currículo. Esta perspectiva facilita la atención de necesidades emergentes, promoviendo la reflexión y la creatividad como herramientas para solucionar dichas problemáticas, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y favorecer el desarrollo social y económico en el entorno en el que se desarrolla la educación.
Nyame et al. (2019, citados en Suárez y otros, 2021, p. 44) refuerzan esta idea con el estudio realizado en la Universidad de Ghana, en el que identificaron una estrecha relación entre la necesidad de una enseñanza eficaz y la preparación del profesorado para innovar y desarrollar nuevas metodologías a través de la investigación educativa y otras actividades académicas. Los docentes asumen diversas responsabilidades, que incluyen la producción de publicaciones, la gestión administrativa y la atención a las necesidades académicas de los estudiantes. Estas prácticas también fueron reconocidas en un estudio realizado en las universidades de Minho y Portucalense Infante D. Henrique, en Portugal (Oliveira y Costa-Lobo, 2019, citado en Suárez y otros, 2021, p. 44). Dicho estudio sostiene que la evaluación de la práctica pedagógica y el fomento de la investigación entre los docentes de educación superior son factores claves para la mejora continua de la calidad educativa, a través de la observación entre pares y el análisis de los resultados obtenidos, promoviendo así un proceso de retroalimentación constructivo.
En estos procesos pueden surgir limitaciones de instrumentos y uso de resultados, como lo refieren Cabero Almenara y colaboradores (2018), cada fase del proceso de evaluación del desempeño cuenta con instrumentos específicos de evaluación, los cuales desempeñan un papel clave para garantizar un proceso evaluativo efectivo. No obstante, advierten que si estos instrumentos no se emplean de manera adecuada o resultan inapropiados los resultados obtenidos pueden ser desfavorables.
En atención a la hipótesis propuesta y los planteamientos teóricos revisados, a continuación, se presenta un cuadro comparativo que permite visualizar las principales coincidencias y diferencias entre los autores, en relación con el rol de la evaluación docente como insumo para el desarrollo formativo (cuadro 1).
| Autor(es) y año | Enfoque de evaluación | Relación con la formación docente | Semejanzas con otros autores | Diferencias |
|---|---|---|---|---|
| Henríquez Ritchie y Arámburo Vizcarra (2021) | Dos enfoques: investigación sobre la enseñanza vs. constructivismo | La evaluación debe considerar la complejidad educativa, no siempre es generalizable | Coinciden con Coll y Solé en la necesidad de un enfoque contextual | Subrayan el desarrollo histórico del concepto de eficacia docente |
| Ruiz-Corbella y Aguilar-Feijoo (2017) | Evaluación orientada al perfil docente y funciones universitarias | Utilidad en la mejora del perfil docente alineado con la calidad educativa | Coinciden con Unesco (2014) sobre competencias integrales | Centran su análisis en la institucionalidad de la evaluación |
| Crespo-Cabuto et al. (2022) y Tobón (2017) | Evaluación como respuesta a necesidades sociales emergentes | Promueve una formación creativa y contextual | Coinciden con Quiriz-Badillo y Tobón-Tobón (2019) en la evaluación como aprendizaje | Resaltan el rol del currículo y el contexto como elementos centrales |
| Quiriz-Badillo y Tobón-Tobón (2019) | Evaluación como proceso permanente de aprendizaje | La evaluación debe traducirse en proyectos formativos | Coinciden con Tobón (2017) en que la formación surge del contexto | Aportan el concepto de evaluación vinculada a proyectos |
| Nyame et al. (2019); Oliveira y Costa-Lobo (2019) | Evaluación como vía para mejorar enseñanza e investigación | Fomenta metodologías innovadoras y mejora continua | Coinciden con Cabero Almenara (2018) en la importancia de instrumentos adecuados | Introducen la observación entre pares y retroalimentación continua |
| Cabero Almenara et al. (2018) | Evaluación con instrumentos específicos para cada fase | La formación depende de la calidad y pertinencia de los instrumentos | Coinciden con Walker (2017) en la necesidad de mejorar la cultura institucional | Enfatizan riesgos si los instrumentos no se usan adecuadamente |
| Unesco (2014, citado en Cóndor y Remache Bunci, 2019) | Evaluación para fortalecer la calidad docente | Formación continua y desarrollo de competencias | Coinciden con Ruiz-Corbella y Aguilar-Feijoo (2017) formación continua | Enfatiza la gestión educativa como elemento clave |
| Walker (2017) | Evaluación contextualizada en la cultura institucional | Vincula evaluación al aprendizaje del estudiante | Coincide con Stroebe (2016) en riesgos del uso punitivo | Subraya los efectos negativos del individualismo y burocracia |
| Stroebe (2016) | Diferencia entre evaluación formativa y sumativa | La orientación de la evaluación determina su impacto formativo | Coincide con Quiriz-Badillo y Tobón-Tobón (2019) en que debe tener fines formativos | Alerta sobre el uso de la evaluación con fines administrativos y de control |
Como puede observarse en el cuadro anterior, diversos autores coinciden en la necesidad de concebir la evaluación del desempeño docente no sólo como una herramienta diagnóstica o administrativa, sino como un punto de partida para la mejora de la práctica educativa mediante estrategias de formación continua.
A pesar de estas coincidencias, también se identifican enfoques divergentes: mientras algunos plantean una evaluación centrada en competencias institucionales y en la acreditación (como Ruiz-Corbella o Unesco), otros como Walker (2017)) o Stroebe (2016) advierten los riesgos de una evaluación descontextualizada o utilizada con fines punitivos. Estas diferencias enriquecen el análisis y refuerzan la necesidad de repensar la evaluación como un componente integral del proceso formativo docente.
Definitivamente, la evaluación docente es un componente fundamental en el ámbito educativo, ya que no sólo proporciona retroalimentación sobre el desempeño de los docentes, sino que también influye en la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, si bien podrían existir factores condicionantes, así como las particularidades del sistema educativo y las necesidades de desarrollo profesional de los docentes. Es crucial comprender aspectos referentes a la aplicación de manera efectiva de las evaluaciones de desempeño docente y que esto contribuya a la mejora continua.
Para realizar la revisión bibliográfica se hizo una exploración de artículos que tratan este tema. Las fuentes empleadas para acceder a estos artículos incluyeron Google Académico y el Portal Cicco de Conacyt Paraguay. La búsqueda se llevó a cabo utilizando palabras claves específicas como "Evaluación de desempeño docente", “Retos del desempeño docente en el siglo XXI” y “Proceso formativo de los docentes”. Se examinaron bibliografías publicadas entre los años 2017 y 2024. Se elaboraron fichas bibliográficas que contenían información como el año de publicación, el título y el objetivo del trabajo. Luego, se analizaron los textos para seleccionar aquellos relevantes para esta investigación. Los criterios de inclusión utilizados para la selección de los artículos estuvieron relacionados con el logro del objetivo de la investigación; además, se consideró la fiabilidad de las fuentes, dándole prioridad a los artículos científicos publicados en revistas indexadas, así como algunos trabajos de grado.
Existen diversos modelos que orientan el proceso de evaluación docente, cada uno de los cuales resalta una perspectiva particular de la evaluación. Entre estos enfoques se pueden identificar distintas concepciones. Por ejemplo, Tyler (citado en Gómez y Valdés, 2019, p. 482) plantea que la evaluación consiste en determinar el grado de correspondencia entre los logros alcanzados y los objetivos establecidos. Por su parte, Stufflebeam (citado en Gómez y Valdés, 2019, p. 482) la define como el proceso de recopilar, analizar y proporcionar información relevante para la toma de decisiones. Finalmente, Scriven y Cronbach (1982, citados en Gómez y Valdés, 2019, p. 482), conciben la evaluación como la estimación del valor de un objeto o proceso en función de sus características intrínsecas, con el propósito de identificar las diferencias que influyen en los juicios valorativos respecto a su aplicación en un contexto específico.
Según López Villalobos y López Suárez (2019), la educación es fundamental para el desarrollo de las personas, ya que influye en la formación de la sociedad y en la preparación de ciudadanos capaces de participar en la vida social, económica y familiar. En otras palabras, la educación permite comprender el significado de vivir en comunidad. Dado que la educación proporciona los cimientos para el progreso social, es necesario examinarla desde diversas perspectivas y componentes. En este sentido, es crucial considerar el papel del personal docente, cuya función ha evolucionado con el tiempo y las teorías educativas, aunque siempre se ha reconocido su importancia fundamental en el proceso educativo, ya sea como mediador, facilitador, formador o guía.
El término "desempeño" se refiere a la acción resultante de llevar a cabo algo. En este contexto, se refiere a las acciones realizadas por los profesores en el transcurso del proceso de enseñanza (Martínez Ruiz y Lavín García, 2017).
Al evaluar el desempeño del personal docente es esencial comprender que ya no se le concibe simplemente como un transmisor de conocimientos en una relación vertical con los estudiantes. Ahora se le considera como alguien que orienta y facilita el proceso de aprendizaje, lo que implica comprender las características del desarrollo intelectual en cada etapa para crear condiciones óptimas para el aprendizaje (Ortiz Ocaña, 2013).
También es importante que el docente se familiarice y utilice de manera efectiva las estrategias instruccionales cognitivas adecuadas para cada situación de aprendizaje. Sin embargo, no debe descuidar el fomento y la enseñanza de habilidades cognitivas y metacognitivas en los estudiantes (Ortiz Ocaña, 2013).
La evaluación del desempeño docente implica realizar un análisis valorativo del cumplimiento de las responsabilidades en el proceso de enseñanza y aprendizaje. El objetivo es obtener información válida, objetiva y confiable para determinar los logros de los estudiantes y el progreso en las áreas de trabajo. Es crucial destacar que esta evaluación es fundamental para mejorar la calidad educativa. Sin docentes eficientes, no se puede optimizar ni transformar la educación (Nieto et al., 2003, citado en Rodríguez Siu y otros, 2021, p. 7).
La mejora continua de la educación requiere un replanteamiento del enfoque de evaluación docente, como señala Duro (2015, citado en Gómez y Valdés, 2019, p. 487). Un sistema de evaluación eficaz debe basarse en una definición consensuada de calidad educativa, contar con un marco teórico coherente, establecer objetivos claros, explicitar las consecuencias de la evaluación y asegurar la alineación entre políticas, currículo y condiciones prácticas. Además, debe incluir la mejora continua como un propósito fundamental.
Desde la perspectiva de Wellein, Ragucci y Lapointe (2009, citado en Gómez y Valdés, 2019, p. 488), para obtener una visión integral del proceso de enseñanza es esencial combinar diversas fuentes de información y métodos de evaluación. Proponen un enfoque que incluya la autoevaluación docente, la heteroevaluación por parte de especialistas, estudiantes y colegas, ya que cada una ofrece una perspectiva complementaria sobre el desempeño del profesor. Este enfoque no sólo favorece la mejora de la enseñanza individual, sino que también fomenta una docencia más reflexiva.
En este mismo sentido, Amaranti Pesce (2017) sostiene que los resultados de la evaluación docente deben servir como un mecanismo de reflexión y mejora de la enseñanza. Para lo cual, la evaluación debe contemplar la retroalimentación y un sistema de apoyo que proporcione al docente el tiempo y los recursos necesarios para modificar sus prácticas con base en el análisis y la autoevaluación de su desempeño (p. 94).
Por otra parte, Tobón y otros (2018, p. 24) advierten que la evaluación docente no debe reducirse a un proceso meramente administrativo, ya que esto limita su impacto transformador en la sociedad del conocimiento y en la mejora de las condiciones de vida. En respuesta a esta problemática, proponen los proyectos formativos como una metodología que, si bien no soluciona las deficiencias estructurales de la evaluación del desempeño, permite centrar la evaluación en aspectos sustantivos. A través de esta metodología, los docentes pueden transformar sus prácticas pedagógicas, mientras que los estudiantes desarrollan un mayor compromiso social y una sensibilidad hacia problemáticas como la pobreza y la violencia, promoviendo la colaboración y la responsabilidad social.
La evaluación del desempeño docente es un tema central en el ámbito educativo a escala mundial y su importancia se refleja en los estudios realizados sobre las experiencias de evaluación en diversos países. Según Cóndor y Remache Bunci (2019), los análisis realizados sobre estas experiencias evidencian una correlación entre los resultados obtenidos y los procesos de evaluación aplicados; sin embargo, aún es necesario profundizar en estudios que generen propuestas de mejora basadas en los datos obtenidos durante las evaluaciones.
En este contexto, Chouinard (2013, citado en Suárez y otros, 2021, p. 40), en su investigación comparativa entre Canadá y Estados Unidos, resalta que la evaluación es un proceso contextual que está determinado por diversas fuerzas económicas, políticas, históricas y sociales que configuran el entorno educativo específico. La investigación sugiere un enfoque que promueve el diseño de evaluaciones culturalmente sensibles, es decir, adaptadas a las características y necesidades de cada comunidad educativa. Este enfoque implica involucrar activamente a los docentes en el proceso de evaluación, adoptando enfoques participativos que aborden la creciente diversidad y multiculturalidad en los contextos educativos actuales.
Este enfoque participativo se alinea con las ideas de Elizalde y Reyes (2008, citados en Suárez y otros, 2021), quienes argumentan que es necesario considerar las características contextuales al diseñar procesos evaluativos. Superando la visión tecnocrática e instrumental que es común en los procesos de rendición de cuentas, el enfoque participativo favorece una evaluación inclusiva que promueve la participación de todos los involucrados. En lugar de ser un proceso meramente administrativo, se convierte en una investigación basada en las relaciones sociales entre los evaluadores y los evaluados. Estos comparten las mismas experiencias, problemas y satisfacciones, lo que fomenta un diálogo enriquecedor que contribuye a la mejora continua de la calidad profesional de los docentes.
En relación con los datos recabados en esta revisión bibliográfica que pretendió analizar las propuestas de referentes teóricos sobre la relevancia del proceso formativo como resultado de las evaluaciones de desempeño docente, se destacan diversos aportes que invitan a reflexionar sobre el propósito, uso e impacto de dichas evaluaciones en la mejora profesional. Por ejemplo, Duro (2015, citado en Gómez y Valdés, 2019) subraya la necesidad de replantear el propósito y los enfoques de la evaluación del desempeño docente, partiendo de una definición clara de calidad educativa y estableciendo un marco teórico coherente. Este enfoque sugiere que los resultados de las evaluaciones se deben utilizar como medio para reflexionar sobre la práctica docente y promover su mejora continua.
Amaranti Pesce (2017) coincide con esta visión al señalar la necesidad de utilizar los resultados de la evaluación docente como un medio para reflexionar sobre la docencia y, por lo tanto, mejorarla. Esta reflexión fortalece la idea de que la evaluación no debe ser simplemente una medición de rendimiento, sino un proceso que inspire crecimiento y desarrollo profesional.
En la misma línea, Stroebe (2016) destaca la importancia de discernir si la evaluación del desempeño se utiliza como un instrumento para mejorar el aprendizaje. En esta perspectiva, se subraya la necesidad de que la evaluación tenga un impacto significativo en el proceso formativo del docente, más allá de simples medidas administrativas.
No obstante, Walker (2017) advierte que la organización del trabajo académico en entornos universitarios puede limitar la reflexión y el potencial formativo de la evaluación. Esto sugiere que para lograr una evaluación que realmente contribuya al desarrollo docente es necesario abordar los aspectos institucionales que obstaculizan la reflexión y el crecimiento profesional.
Desde una perspectiva metodológica, Tobón y otros (2018) proponen los proyectos formativos como herramienta para abordar las necesidades de desarrollo profesional de los docentes, transformando sus prácticas pedagógicas y sensibilizando a los estudiantes sobre los desafíos sociales. Esta perspectiva destaca la importancia de complementar la evaluación del desempeño con iniciativas prácticas.
También Cabero Almenara y otros (2018) hacen énfasis en la importancia de utilizar correctamente los instrumentos de evaluación en cada etapa del proceso, ya que estos son fundamentales para garantizar la eficacia del proceso evaluativo. Esta perspectiva subraya la necesidad de una implementación cuidadosa y reflexiva de las herramientas de evaluación para maximizar su impacto en el desarrollo profesional del docente.
Y algo más que importante, Cóndor y Remache Bunci (2019) por su parte, destacan la necesidad de realizar estudios que generen propuestas de mejora a partir de los datos obtenidos en las evaluaciones. Esta perspectiva destaca la necesidad de que la evaluación sea un proceso dinámico que conduzca a acciones concretas para la mejora continua del desempeño docente.
La relevancia del proceso formativo como resultado de las evaluaciones de desempeño docente se refleja en una serie de acciones consecutivas. Primero, se hace énfasis en la necesidad de replantear el propósito y los enfoques de la evaluación, utilizando los resultados como medio para reflexionar sobre la práctica docente y promover su mejora continua. Se propone, también, la implementación de proyectos formativos como una metodología para abordar las necesidades de desarrollo profesional de los docentes, transformando sus prácticas pedagógicas y sensibilizando a los estudiantes sobre los desafíos sociales. Es importante establecer si la evaluación del desempeño se utiliza como un instrumento para mejorar el aprendizaje, y abordar los aspectos institucionales que puedan limitar la reflexión y el crecimiento profesional, o como un medio para calificar, premiar o penalizar. Igualmente, se subraya la necesidad de adelantar investigaciones que proporcionen propuestas de mejora basadas en los datos obtenidos a través de las evaluaciones y de emplear de manera adecuada los instrumentos de evaluación en cada fase del proceso para asegurar su efectividad. En conjunto, estas acciones favorecen un enfoque integral de la evaluación del desempeño docente, enfocado en el desarrollo profesional y la mejora continua dentro del contexto educativo.
La autora agradece a la revista Dictamen Libre por brindar este espacio para publicar y contribuir con conocimiento valioso para la comunidad docente. Su apoyo es fundamental para difundir estas ideas y enriquecer el ámbito educativo.
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Conflicto de intereses: No existe ningún conflicto de interés que condicione la publicación de este material científico.
Cómo citar: Velazco-Mareco, L. (2025). Relevancia del proceso formativo como resultado de las evaluaciones de desempeño docente. Dictamen Libre, 36. https://revistas.unilibre.edu.co/index.php/dictamenlibre/article/view/12945