Impacto inflacionario poscovid en Colombia (2020-2023): factores y consecuencias

Translated title (en): Post-COVID inflationary impact in Colombia (2020-2023): factors and consequences




Resumen

Un aspecto controversial de la pospandemia ha sido la pronunciada alza de los precios en todo el mundo; incluso, más del 80 % de los países reportaron inflaciones históricas durante este periodo. Los bancos centrales relajaron su política monetaria con bajas tasas de interés y demás estímulos económicos para impulsar el crecimiento que había detenido el covid. La principal consecuencia es una inflación sostenida en la mayoría de las economías del mundo, presionando a las autoridades monetarias a retirar los estímulos y endurecer las políticas con riesgo de afectar la recuperación económica. Verbi gratia, se esperaba que Colombia experimentara un crecimiento económico cercano al 3,5 % en 2024.

Abstract

One of the controversial aspects of the post-pandemic was the sharp rise in prices around the world, even more than 80% of countries reported historical inflations during this time. Central banks eased their monetary policy with low interest rates and other economic stimulus to boost the growth that COVID had halted. The main consequence is sustained inflation in most of the world's economies, pressuring monetary authorities to withdraw stimulus and tighten policies at the risk of affecting economic recovery. Verbi gratia, Colombia was expected to achieve economic growth close to 3.5% in 2024.


Introducción

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio por finalizada la pandemia de covid en mayo de 2023. Como resultado, muchos países experimentaron procesos inflacionarios. En el caso de Colombia se dio debido a la falta de disponibilidad de ciertos bienes y servicios. En este sentido, la mayoría de las fábricas que habían parado o cerrado, tuvieron que enfrentar los bloqueos por el estallido político y social en el denominado “Paro Nacional” que interrumpió las cadenas de suministro. Entre otras cosas, la inflación, en este caso puntual para el país, se vio reflejado en un fenómeno perjudicial para la economía con salarios que no mantenían un ritmo de crecimiento comparado con los demás precios, lo que resultó en una pérdida de poder adquisitivo.

Después de la pandemia, Colombia ha experimentado un incremento en los precios de los bienes y servicios, lo que ha llevado a un aumento en la inflación, que alcanzó un máximo de 13,1 % a finales de 2022, como consecuencia de varios factores como el aumento de la demanda, la escasez de bienes y servicios, debido a la interrupción de las cadenas de suministro, y los altos precios de los alimentos. (Caicedo García et al., 2022).

Por esta razón, los principales resultados indican que, según el aislamiento considerado, las pérdidas económicas oscilan entre $4,6 y $59 billones al mes, lo que equivale al 0,5 % y 6,1 % del PIB nacional. Según el análisis de resiliencia y vulnerabilidad económica, en Colombia el sector más afectado después de la pandemia fue el de actividades secundarias, relacionadas con servicios de alojamiento y comida, inmobiliarios, administrativos, actividades profesionales y técnicas, construcción y comercio, entre otras.

En los escenarios analizados, Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca contribuyeron a la pérdida total en cuanto a distribución regional. Antioquia, Boyacá, San Andrés, Santander y Valle del Cauca son las regiones más susceptibles al aislamiento (Bonet-Morón et al., 2020).

Esta afectación se extiende a muchos sectores de la economía, incluyendo a los consumidores, porque se incrementaron los precios de los bienes y servicios, y a las empresas porque han tenido que lidiar con altos costos de producción. Además, la inflación ha afectado el poder adquisitivo del peso (COP) en el mercado colombiano, lo cual ha llevado a una disminución en la confianza de los inversores y ha afectado negativamente la economía en general.

En ese sentido, para consolidar el siguiente análisis una hipótesis que puede colegirse de esta situación es si el incremento desproporcionado de los precios de materias primas y bienes esenciales durante la pandemia de covid-19 habría generado un desequilibrio económico significativo entre oferta y demanda, afectando negativamente a consumidores y productores.

Materiales y métodos

Primero, se hizo una revisión exhaustiva de la bibliografía sobre el tema mediante los recursos de la Biblioteca CRAI “Euclides Jaramillo Arango”, de la Universidad del Quindío, y diversas bases de datos como Google Scholar, JSTOR y Scopus. Adicionalmente, informes oficiales y estadísticas de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que han trabajado en esta cuestión. Con base en esto, se hizo un análisis crítico de las fuentes elegidas. Se valora la exactitud y aplicabilidad de la información contenida en cada uno de ellos y se anotan las fortalezas y debilidades de los enfoques metodológicos empleados en cada estudio. Además, se comparan y contrastan los diversos focos y resultados de los estudios revisados A partir del análisis de las fuentes revisadas, se desarrollan conclusiones y recomendaciones para entender mejor la crisis económica generada por el coronavirus. La metodología de investigación y el análisis de las fuentes bibliográficas permiten realizar un análisis crítico y profundo.

Resultados

La inflación se recordará como uno de los efectos inmediatos de la pandemia, que amenazó con disminuir la capacidad adquisitiva de los consumidores, con precios elevados de los bienes básicos, debido a la falta de disponibilidad de ciertos bienes y servicios (Acevedo et al, 2021). Este es un fenómeno que se disparó con mayor agilidad, porque cuando comenzaron los confinamientos, la mayoría de las fábricas cerraron, interrumpiendo las cadenas de suministro y generando un alza de los precios alrededor del mundo, lo cual afectó a todas las clases sociales. Uno de los mayores coletazos que dejó la pandemia fue la inflación histórica durante los meses posteriores, para luego encarar la caída de la producción que padeció la economía (Chamorro A. C., 2023).

Durante este periodo, los precios fueron presionados por varios eventos, como rezagos de la pandemia, entre ellos, la escasez de oferta y la crisis en la cadena de suministros. Como consecuencia de este fenómeno, muchas partes experimentaron el “efecto rebote”. Impulsada por la escasez de suministros y trabajadores, las ayudas suministradas por el gobierno, los tipos de interés muy bajos y el fuerte gasto de los consumidores, las expectativas y los pronósticos sugerían que las presiones inflacionarias en Colombia se relajarían por un importante periodo, al menos siguiendo el ejemplo de las economías desarrolladas. La tasa de variación anual del IPC en Colombia para marzo de 2023 había sido del 13,3 %. Para Acopi (2020) la crisis generada por el covid-19 tuvo un gran impacto en 2020, en el que el Producto Interno Bruto se contrajo entre el 6,8 % y 7,3 %, como se muestra a continuación (gráfica 1).

Gráfica 1

PIB en Colombia. Fuente: DANE, Cuentas nacionales, 2023

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Así mismo, se muestra el comportamiento del PIB a precios constantes y el incremento del desempleo, que llegó a 15,9 % (gráficas 2 y 3).

Gráfica 2

Mercado laboral (tasa de desempleo y ocupación total nacional desestacionalizado) 2017-2022. Fuente: elaboración propia a partir de información generada por el DANE, 2023.

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Gráfica 3

Mercado laboral (tasa global de participación, tasa de ocupación, tasa de desempleo). Fuente: DANE, Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), 2023.

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Para Espinoza et al. (2021), esta situación fue resultado de las limitaciones a la actividad productiva y la demanda generadas por los confinamientos y las restricciones a la movilidad.

En Colombia, todos los sectores de la economía se vieron afectados por la pandemia del covid-19, después de alcanzar un crecimiento de 2,8 %. Este repunte se debe al comercio de bienes, con una variación de resultados positivos, la alta inflación mundial, el congelamiento de sectores, principalmente terciarios, la interrupción de las cadenas globales de valor y la desaceleración de las principales economías, que volvieron a ser inciertas en medio de las turbulencias del sector financiero, la elevada inflación, los efectos posteriores y tres años de covid, lo cual llevó que el Fondo Monetario Internacional proyectara una caída del crecimiento mundial, pasando de 3,4 % en 2022 a 2,8 % en 2023, y una estabilización de 3 % en 2024 (Méndez, 2021).

Cuando se declaró oficialmente la cuarentena en Colombia empezaron las dificultades económicas y sociales. El gobierno destinó $5.400 millones en ayudas económicas alimenticias y alivios para viviendas. Durante los cinco meses de aislamiento total la economía tuvo su peor trimestre de la historia, con una caída del 15,7 % y un desempleo de 21,4 % en abril de ese mismo año, siendo una cifra histórica. El primero de septiembre de 2020 se levantó la cuarentena nacional, momento para el cual, según el gremio de comerciantes, 90,000 empresas habían cerrado en todo el país. Sólo en Bogotá, fueron aproximadamente 54.000 establecimientos comerciales.

La Cámara de Comercio de Bogotá (Orjuela, 2021) informó que en lo corrido del año 2020 se cerraron 53.291 empresas, lo cual representó una variación del 12 % con respecto al año anterior. La mayoría de las empresas activas al final de 2020 fueron 99 % MiPymes (87 % microempresas, 9 % empresas pequeñas y 2,6 % medianas).

Contabilización del IPC en tiempos de pandemia

Las medidas adoptadas en la cuarentena cambiaron los patrones de consumo de los hogares. El cierre obligado redujo la gama de bienes y servicios disponibles, creando presión sobre los precios. No obstante, estos cambios no se incluyen en los cálculos estándar del índice de precios al consumidor (IPC), porque esta métrica es ponderada fija. Tal medida utiliza una estructura diferente de pesos de gasto de los hogares, que estima una consultora especializada a partir de varias fuentes públicas y privadas para analizar el consumo de los hogares y comparar el IPC-covid, calculando el denominado índice de precios (Chamorro, 2023).

Contar con un IPC que incorpore a la medida la reestructuración del gasto de los hogares producto de la pandemia es fundamental para la adecuada conducción de la política monetaria, porque es el resultado del IPC oficial. Dado que la mayoría de las agencias de estadísticas utilizan ponderaciones fijas para calcular el IPC, las medidas de inflación durante la pandemia subestiman la acción de los precios de áreas de gasto como alimentos, salud, transporte, ropa, entretenimiento, hoteles y otras. Este trabajo de investigación propone un IPC alternativo que incluye la reestructuración del gasto presupuestario por la pandemia y brinda información adicional sobre la dinámica reciente del IPC. Los precios subirán más rápido de lo que indican las medidas del IPC de ponderación fija. Esto es cierto tanto para el IPC general como para los cuatro tramos y clasificaciones de ingresos que publica el Banco de la República (Olásolo, 2022).

Caicedo et al. (2022) utilizó información sobre el gasto de los hogares de otra fuente, por lo que pudo capturar cambios claves en los patrones de consumo causados por condiciones de salud. Esta información se utiliza para estimar un IPC alternativo, denominado IPC-covid, cuyo cálculo permite comparar y analizar el impacto de la emergencia sanitaria sobre la inflación. Los hallazgos sugieren que los precios para el IPC general y para los cuatro niveles y categorías de ingresos publicados por Banco de la República aumentarán más rápido de lo que indican las medidas del IPC de ponderación fija (al menos a principios de 2021). Al comparar los cambios anuales en el IPC observado y el IPC covid-19, se observó una diferencia de 31 puntos básicos en 2020 (1,92 % covid vs. 1,61 %) y 30 puntos base en febrero de 2021 (1,86 % covid vs. 1,56 % observado). Para las categorías de los bienes, servicios, regulaciones y alimentos las tasas de inflación anual observadas desde el inicio de la pandemia se derivaron del IPC-covid hasta febrero por debajo de la tasa de inflación estimada en 2021. La razón de esta diferencia es la agrupación de bienes y alimentos. Los resultados del ejercicio de ingresos se aplican a los anteriores, por lo que la inflación derivada del IPC-covid es superior a la observada por los cambios en el gasto provocados por la emergencia sanitaria.

Para controlar la inflación y estabilizar la economía, el gobierno de Colombia (2018-2022) tomó medidas para aumentar el gasto público. Por su parte, el Banco de la República disminuyó las tasas de interés. Así mismo, se mejoraron las cadenas de suministro y se incrementó la producción nacional para reducir la dependencia de las importaciones.

A pesar de estos esfuerzos, la recuperación económica de Colombia es lenta -expertos dicen que se necesitan siete años para recuperar lo perdido- por la persistencia de la inflación y la incertidumbre en los mercados. Sin embargo, es importante que el gobierno siga trabajando para controlar la inflación y estabilizar la economía, especialmente en estos tiempos difíciles. La pandemia perturbó las cadenas de suministro, lo que ha llevado a una escasez de ciertos bienes y servicios y ha contribuido a elevar la presión inflacionaria, que se ha visto agravada por los altos precios internacionales de los alimentos y la mayor demanda, debido a una recuperación pospandemia mejor de lo esperado. La inflación alcanzó el 13,1 % a finales de 2022 debido a la fuerte demanda, la inercia inflacionaria, el cambio de los alquileres, las pérdidas de cultivos debido a las fuertes lluvias, entre otros factores. La inflación puede ser perjudicial para la economía, por lo que el gobierno debería tomar medidas para controlarla y estabilizar la economía (Mora et al., 2023).

Con base en lo anterior, para principios de 2023, en Venezuela, Argentina y Brasil la inflación había aumentado significativamente, mientras que en México, Chile, Honduras y Colombia los precios eran más altos de lo esperado por las previsiones de los distintos bancos centrales. La inflación también se ha visto afectada por los niveles de consumo y las políticas gubernamentales que pueden aumentar o reducir los estímulos para controlar la inflación. En el primer trimestre de 2021, la inflación general anual promedio había aumentado 3,99 %, como consecuencia de la pandemia.

De esta manera, el comportamiento de consumo de los ciudadanos cambia en ciertos periodos. La brecha entre gustos, necesidades y obligaciones tiende a ser más amplia cuando un país se adentra en alguna etapa que modifique su situación económica, como es el caso de la pandemia por covid-19.

Antes de la pandemia, la percepción de vida de los ciudadanos se relacionaba, en mayor proporción, con áreas más allá de las necesidades básicas, es decir, de lo necesario para abastecerse en la cotidianidad, a lo superfluo, como el ocio, la recreación y el uso de servicios que no cubren las necesidades primordiales como salud y alimentación. Esto fue causa del boom latinoamericano de commodities de principios del siglo XXI, cuando el consumo chino de los bienes de exportación sacó a más de la mitad de la población de la pobreza y los estacionó en la comodidad de la clase media, en la que se había ubicado buena parte de la población, en particular en Colombia, durante los primeros 20 años de este nuevo siglo.

Debido a las restricciones de movilidad se evidenció que el consumo de los colombianos disminuyó, producto del aislamiento que generó incertidumbre en la población, frenando notoriamente la economía. Por ejemplo, el ritmo de consumo tuvo una variación significativa en la prepandemia y la pospandemia. En ese sentido, los sectores más afectados fueron los de transporte público, los servicios públicos y también el tabaco y las bebidas alcohólicas, con porcentajes de variación negativo por encima del 20 %. Debido al retroceso en el consumo, surgen distintas problemáticas que siguen afectando al país, incluso después de la pandemia, como la inflación, de ahí el alza generalizada de precios dentro de un mercado.

Una economía menos resiliente económicamente después de la pandemia

El indicador de seguimiento de la economía es útil para establecer que el sector más afectado después de la pandemia fue el de las actividades secundarias, relacionadas con la industria y las manufacturas, puesto que tuvo mayores variaciones y presentó el comportamiento más bajo respecto a su tasa de crecimiento. En contraste, se observa que a nivel general las actividades terciarias no se vieron tan afectadas por la pandemia. El sector financiero y de seguros se mostraron resilientes ante la crisis sanitaria. Incluso el sector inmobiliario presentó tasas de crecimiento positivas durante los meses más difíciles de la pandemia. Esto se podría explicar debido a que, como lo mencionan Kaplan et al. (2020), las actividades con mayor valor agregado son normalmente en las que no interviene el contacto o las relaciones interpersonales, así como las que se relacionan con personas en mejor posición económica para asumir crisis que afecten sus profesiones y a mayores opciones para ejercerlas, dadas ciertas restricciones.

Respecto a la diversificación económica, se evidencia que sectores como la agricultura, la explotación de minas, canteras y el comercio, empezaron a ganar fuerzas relativas con respecto a otros sectores en su aporte al PIB nacional, lo cual según la teoría de resiliencia no es conveniente, ya que vuelve a la economía más dependiente a ciertos sectores y la hace menos resistente a choques que los pueden afectar.

También es importante destacar al índice de rotación del empleo, que se entiende como la flexibilidad del mercado laboral y se asocia con la facilidad o dificultad con la que se adapta a cambios producto de perturbaciones o choques exógenos. De acuerdo con lo observado, los años con menor rotación del empleo fueron 2017, 2019 y 2022. Analizando los subsectores de la economía, se evidencia que las actividades con mayor movilidad laboral en el año 2020 (periodo de la pandemia) fueron actividades inmobiliarias, servicios de alojamiento y comida y actividades artísticas y entretenimiento. Precisamente, estos últimos dos relacionados con altas tasas de afectación por las restricciones. Al hacer el análisis por sectores, se encuentra que las actividades del sector terciario cuentan con mayor movilidad laboral, seguidas por el sector secundario y, por último, el primario, que muestra mayor rigidez, de acuerdo con este indicador.

A continuación, se presentan las variaciones en las ramas de actividad económica (Tabla 1).

Tabla 1

Distribución porcentual, variación porcentual y contribución a la variación de la población

Rama de actividadTotal nacional
Enero - diciembre 2020Enero - diciembre 2019Distribución %Variación absolutaContribución en p.p
Población ocupada19.84322.287100-2.444
Comercio y reparación de vehículos3.7774.25019,0-473-2,1
Actividades artísticas, entretenimiento, recreación y otras actividades de servicios1.6732.0638,4-390-1,7
Administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana2.2132.53011,2-317-1,4
Industrias manufactureras2.1882.50411,0-316-1,4
Alojamiento y servicios de comida1.3891.6557,0-266-1,2
Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca3.3363.52116,8-185-0,8
Construcción1.3551.5216,8-166-0,7
Transporte y almacenamiento1.4041.5457,1-141-0,6
Actividades profesionales, científicas, técnicas y de servicios administrativos1.2591.3826,3-123-0,6
Actividades inmobiliarias2352821,2-47-0,2
Actividades financieras y de seguros2823171,4-35-0,2
Información y comunicaciones2993231,5-24-0,1
Suministros de electricidad, gas, agua y gestión de desechos4273932,234-0,2

[i] Fuente: DANE, GEIH, 2023.

El subindicador que tuvo más peso en el análisis del índice de vulnerabilidad económica fue el grado de apertura económica. Esto está relacionado con el hecho de que el déficit en la balanza comercial aumentó gradualmente durante el periodo analizado, siendo el año 2021 el que presentó mayor déficit, es decir, las importaciones superaron a las exportaciones por USD$15,259 millones, lo cual según Briguglio (2009), se interpreta como una pérdida en la competitividad del país y una mayor dependencia de las importaciones estratégicas. De esta manera, se entra en una cadena de sucesos negativos, ya que aumenta el costo de las importaciones y si no hay exportaciones no hay suficiente flujo de divisas para hacer frente a la deuda externa.

Colombia fue uno de los principales destinos de flujo de inversión extranjera directa, con más de 16.000 millones de dólares en 2022, ubicándose como el tercero de América del Sur. Su crecimiento en valores netos fue de USD 7307 millones en 2022, con respecto a 2021. Los subsectores de la economía al que se destina esta IED (Inversión Extranjera Directa) son principalmente el sector petrolero, de minas y canteras. Estas provienen principalmente de Estados Unidos. (Cepal, 2023). Las cifras mencionadas, tienen un impacto considerable en la construcción de vulnerabilidad económica, producto de estos flujos de inversión, susceptibles a choques exógenos.

De acuerdo con la hipótesis propuesta, los resultados obtenidos muestran que el costo de producción aumentó un 35 % durante el periodo analizado (2020-2022), principalmente debido al encarecimiento de materias primas y los retrasos logísticos causados por las restricciones de movilidad. Este incremento fue trasladado parcialmente a los precios finales de los productos, lo que provocó una reducción del poder adquisitivo en los hogares. Según datos del DANE (2023), la tasa de inflación promedio alcanzó un pico del 15 % en 2021, mientras que la brecha entre ingresos y gastos básicos se amplió considerablemente. Estos hallazgos respaldan la hipótesis planteada, ya que evidencian cómo el desequilibrio entre oferta y demanda ha sido consecuencia directa de las perturbaciones económicas inducidas por la pandemia.

Puede decirse que se observó un cambio notable en los patrones de consumo de los hogares, que priorizaron bienes esenciales frente a otros tipos de productos. No obstante, incluso dentro de la categoría de bienes esenciales, el acceso se vio limitado debido al incremento de precios. Por ejemplo, el costo promedio de la canasta familiar básica aumentó un 28 % entre 2020 y 2022, superando ampliamente el crecimiento salarial promedio registrado en ese mismo periodo (aproximadamente 8 %). Este fenómeno refuerza la hipótesis inicial, destacando la forma como el desajuste entre oferta y demanda afectó no sólo la capacidad de compra de los consumidores, sino que también generó tensiones estructurales en la economía local. Estos resultados subrayan la necesidad de políticas públicas enfocadas en mitigar los efectos inflacionarios y mejorar la resiliencia económica ante futuras crisis.

Discusión

Según el Banco de la República (2023), entre las principales causas del proceso inflacionario que ha sufrido Colombia en el periodo pospandemia se encuentran las siguientes:

  1. Mayor demanda de bienes y servicios. La reactivación económica y el aumento de la confianza del consumidor han llevado a una mayor demanda de bienes y servicios, lo que ha generado un aumento en los precios.

  2. Escasez de algunos productos. Durante la pandemia, la interrupción de las cadenas de suministro y las dificultades en el transporte han generado escasez de algunos productos, lo que ha llevado a un aumento en sus precios.

  3. Aumento de los precios internacionales. La pandemia afectó la producción y el transporte de bienes en el mundo, lo cual aumentó los precios internacionales de algunos productos, como los alimentos y los combustibles.

  4. Políticas fiscales y monetarias. Las políticas fiscales y monetarias adoptadas por el gobierno para hacer frente a la pandemia, como el aumento del gasto público y la disminución de las tasas de interés, también han contribuido al aumento de la inflación.

Estas causas han tenido efectos negativos en la economía colombiana, entre los que se pueden destacar los siguientes aspectos:

  1. Pérdida del poder adquisitivo. La inflación reduce el poder adquisitivo de los consumidores, ya que los precios de los bienes y servicios aumentan más rápido que los ingresos.

  2. Menor inversión. La inflación puede desalentar la inversión, ya que los inversores se sienten menos seguros debido a la incertidumbre en torno a los precios futuros.

  3. Afectación del sector exportador. El aumento de los precios internos puede afectar la competitividad del sector exportador, ya que sus productos se vuelven más caros en comparación con los de otros países.

  4. Aumento de la deuda. La inflación puede aumentar el costo real de la deuda, lo que puede ser especialmente problemático para los hogares y empresas con deudas a largo plazo.

Por esta razón, el proceso inflacionario que sufrió Colombia en el periodo pospandemia se debe a una combinación de factores relacionados con la demanda, la oferta y las políticas fiscales y monetarias, y ha tenido efectos negativos en el poder adquisitivo, la inversión, el sector exportador y la carga de la deuda. Es importante comprender que las medidas económicas durante la pandemia no se aplicaron para controlar la inflación, así como el ajuste de las políticas fiscales y monetarias, se utilizaron para minimizar los efectos negativos en la economía y el consumo para la población colombiana.

La pandemia del coronavirus fue totalmente imprevista, aunque mucho se había comentado de un posible escenario de declive mundial, en ninguna perspectiva realista se esperaba un encierro exhaustivo de buena parte de la población, lo que implicó varios problemas alrededor del mundo en la salud, la política, la sociedad y sobre todo en la economía. Una absoluta afectación negativa en lo económico que degenera en problemas como el empleo, el PIB, acumulación de deudas, crisis económicas, entre otros. El confinamiento, las muertes y la baja productividad laboral hace surgir una nueva crisis económica.

Luego del primer caso de covid en Colombia en marzo de 2020, comenzaron los problemas económicos. Los sectores económicos que más sufrieron fueron las construcciones (- 33,2 %), las importaciones y exportaciones (-23,04 %), las actividades artísticas y recreativas (- 37,1 %) y el comercio en general (-34,1 %). El desempleo fue masivo, antes se especulaba un 11 % de incremento en la tasa de desempleo y terminó con un 12,3 % en agosto de 2020, según datos del PNUD (2024).

En tal sentido, Colombia, con una economía apenas sostenible, cae de -2 a -7%, al final el PIB cae un -16,3 %, mostrando que no estaban tan lejos de los estudios previos. Se puede notar que la situación ya iba mal desde el primer mes. Lo cual obligó al presidente de la República a reactivar algunos sectores económicos en ese mes de abril.

Esta situación llevó al país a su primera recesión económica en el siglo XXI, debido a la caída del consumo privado y al desempleo. Los valores del PIB llegaron a números negativos y no fue sino hasta inicios de 2021 cuando se pudo recuperar con un pico bastante elevado. La caída del PIB tan masivo en Colombia es otra muestra de la economía poco sostenible del país. Por consiguiente, las restricciones impuestas durante la pandemia afectaron la producción y distribución de bienes y servicios. Muchas empresas tuvieron que cerrar temporalmente o reducir su capacidad de producción, con la subsecuente escasez de productos en el mercado y, por lo tanto, el aumento concebido de precios.

Las medidas de distanciamiento social y las novedosas pautas de seguridad implementadas en respuesta al covid19 incrementaron los costos para las empresas. Los protocolos de salud, la adquisición de equipos de protección y la implementación de medidas sanitarias adicionales generaron gastos adicionales que se trasladaron a los precios de los bienes y servicios.

Como consecuencia, el gobierno colombiano, entre 2020 y 2022, implementó políticas monetarias expansivas como la reducción de las tasas de interés y la inyección de liquidez en la economía mediante la emisión de dinero. Estas medidas buscaron estimular el consumo y la inversión, pero también generan presiones inflacionarias si se hace una gestión responsable.

Por si no fuera suficiente, y a pesar de estos problemas económicos, a finales de 2020 e inicios del 2021 el gobierno Duque propuso una reforma tributaria que aumentaría los impuestos, con el consecuente aumento del nivel de los precios en general. Esto generó, por obvias razones, el descontento de la población, que apenas había procesado la crisis económica del también llamado coronavirus. El resultado fue marchas y protestas pacíficas y violentas a inicios de 2021, en medio de las medidas de restricción y distanciamiento, lo que sería conocido como el estallido social, que causaría el cambio de la orientación política colombiana, de una tradicional derecha de más de 100 años a un movimiento progresista de izquierda que se inició en agosto de 2022.

El coronavirus generó alrededor de 15 millones de muertes en todo el mundo y en Colombia un poco más de 140.000, siendo una de las pandemias más letales de la historia de la humanidad. Sumado a esto, se generó una onda expansiva que afectó la economía mundial, aumentando drásticamente la desigualdad en todos los países.

Estos impactos se reflejaron sobre todo en las economías emergentes, en las que las pérdidas de ingresos revelaron la fragilidad económica del sistema de libre mercado. Las respuestas gubernamentales propusieron numerosos instrumentos de política económica, medidas de apoyo directo a los ingresos, en las moratorias de las deudas y los programas de adquisición de activos fueron las soluciones más recurrentes.

La pandemia presentó diversos desafíos a la economía colombiana, al igual que en el resto del mundo. Después de un desempeño positivo en 2019, que resultó en un crecimiento del 3,3 %, frente al 0,1 % de América Latina y el Caribe (Cepal, 2022), se esperaba que para el 2020 hubiera un crecimiento económico cercano al 3,5 %, lo cual se vio frenado por el confinamiento. Al verse imposibilitada esta proyección, el Banco de la República relajó de cierto modo su política monetaria con bajas tasas de interés y otros estímulos económicos, iniciando la inflación que hoy sufre el país. Para entender por qué estos elementos han sido los desencadenantes inflacionarios, debe recordarse que la inflación puede darse por causa de la oferta o de la demanda. En el primer caso se presenta una situación en la que los precios aumentan debido a que el costo de producción también lo hace. Por otro lado, la inflación por demanda se efectúa en el momento en que los precios de bienes y servicios de un país aumentan por la disposición de familias, empresas o gobiernos para comprar más bienes de los que se venden.

Una vez definidos estos dos conceptos, es acertado hacer énfasis en que la inflación colombiana es producto de la oferta y de la demanda. Desde 25 de marzo del 2020, cuando el presidente Iván Duque anunció el aislamiento preventivo obligatorio, las medidas sanitarias ocasionaron drásticos cambios en las rutinas del país en los aspectos económico, social y político. Para ese entonces, las cadenas de suministro de los bienes básicos se vieron afectadas y, de una forma desordenada, cada país fue restringiendo la entrada y salida de personas y bienes, repercutiendo los sistemas productivos y laborales, un aspecto en el que se tambalean las grandes empresas y los mercados financieros internacionales de los combustibles fósiles. Por ejemplo, la industria energética se desplomó un 4,5 %, una cifra nunca vista desde 1945. El precio del barril de petróleo fue el más bajo desde 2004, con una media de $41,84 por barril, causado por una histórica caída de la demanda de petróleo del 9,3 %. Estados Unidos, el mayor consumidor de petróleo en el mundo, consumió 2,3 millones de barriles menos al día en el 2020, la Unión Europea redujo el consumo en 1,5 millones y la India en 440.000 barriles (Semana, 2021).

Estos acontecimientos impactaron la oferta globalmente, pues como bien se sabe, el petróleo tiene distintos usos e influye en el funcionamiento del transporte, la energía industrial, la iluminación, entre otras cosas, que aumentan su costo de acuerdo con el nivel del precio que se establezca por el barril de este compuesto orgánico. Según el Banco de la República (2020), la demanda se vio deteriorada dada la reducción de la actividad económica mundial por las medidas de aislamiento mencionadas. Todo esto culminó en la reducción del consumo de los hogares, un menor ingreso nacional (por la reducción en actividades de transporte, turísticas, financieras e industriales) y un aumento del gasto público.

Un estudio realizado por Bonet-Morón, Ricciulli-Marín, Pérez-Valbuena, Galvis-Aponte, Haddad, Araújo y Perobelli para el Banco de la República (2020) mostró resultados en los que se señalaron pérdidas económicas en 2020 entre $4,6 billones y $59 billones por mes, cifras que representaban entre el 0,5 % y 6,1 % del PIB nacional. Entre las ramas más afectadas se encontraban los servicios de alojamiento y comida, los inmobiliarios, los administrativos, las actividades profesionales y técnicas, la construcción y el comercio. Al distribuir en regiones, Antioquia, Bogotá y el Valle del Cauca contribuyeron más a la pérdida total.

Según Datosmacro (2023), se puede evidenciar cómo antes del año 2020 el fenómeno inflacionario en la Unión Europea, Estados Unidos y Colombia iba reduciéndose cada vez más. Pese a ello, tras atravesar la crisis causada por la pandemia el comportamiento porcentual de la inflación ha ido aumentando. En el caso de Colombia, el IPC (Índice de Precios al Consumidor) ha sido del 0,8 %, de forma que la inflación acumulada en 2023 es del 5,4 %. Al comparar tal cifra con otros países de Latinoamérica, la inflación n el país supera la mostrada por México (1,5 %), Chile (1,8 %), Brasil (1,9 %) y Paraguay (2,5 %). No existe una sola explicación para este fenómeno, pues además de la pandemia, factores como la incertidumbre generada por el proceso electoral de 2022, las constantes declaraciones y conflictos del presidente con otros miembros del Estado, la guerra entre Rusia y Ucrania, y la reactivación económica que se ha plantado a través de la política monetaria y fiscal del país, han sido detonantes para hacer fluctuar el nivel de inflación después de la pandemia de 2020.

Los efectos de la inflación se notaron este año y uno de los rubros más afectados ha sido el de los alimentos, que representan cerca del 32 % del gasto familiar. Se señala que el aumento en el costo de los alimentos se mantiene alto debido a temas de transporte, en el que influye notoriamente el precio de la gasolina y la alta cotización del dólar. Para entender mejor la forma como los precios de los bienes y servicios del mercado van en aumento, se pueden tomar como referencia los datos revelados por el DANE en su comunicado de prensa sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en abril de 2023. Allí se destaca la variación de las divisiones de alimentos y bebidas no alcohólicas (variación anual de 18,47 %) y alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles (variación de 8,03 %). Por el lado de restaurantes y hoteles, la mayor variación anual fue del 18,60 %. en las categorías seleccionadas (DANE, 2023)

Cuando la inflación es alta, las tasas de interés también lo son. El nexo entre estas dos variables es evidente e indispensable en el conocimiento de cualquier profesional que actúe en el campo económico. Por eso, para finalizar con los efectos de la inflación, se observan las tasas de interés y su comportamiento en los últimos años, entendiendo que los valores adjudicados son una respuesta de los bancos centrales, que deben velar por mantener una tasa de inflación controlada. Al hablar específicamente del contexto vivido en Colombia, el Banco de la República y la Superintendencia Financiera han aumentado progresivamente las tasas de interés, como puede evidenciarse en la gráfica procedente. De acuerdo con el Banco de la República (2020), si bien esto es una forma clásica de combatir la inflación, las altas tasas traen consigo una serie de aspectos negativos para la economía, entre los más destacados están los siguientes:

  • Las tasas de interés elevadas generan un aumento en la morosidad a medio o largo plazo de las obligaciones financieras.

  • El aumento en el desempleo es otra variante causada por las tasas de interés altas, pues las compañías controlan de una manera más eficiente sus gastos operaciones, reduciendo así el nivel de contratación de personal.

  • Al aumentar las tasas de interés, el crédito se vuelve más costoso, por lo que las personas no solicitan recursos para préstamos de vivienda, consumo, vehículos, etc.

El análisis de la información evidencia el difícil momento que atraviesa Colombia y el resto del mundo en cuanto a la inflación. Este fenómeno, que debe su origen a la pandemia del covid-19 sufrida en el año 2020, ha obligado a los bancos centrales a tomar medidas que, si bien ayudan a reducir los niveles inflacionarios, afectan de cierto modo el crecimiento económico del país. Aunque la crisis sanitaria fue una causa vital para lo que se vive hoy, la guerra entre Rusia y Ucrania desencadenó una escasez en recursos minerales y energéticos, lo que traspasó fronteras y terminó por afectar los precios de diversos bienes y servicios en Colombia, especialmente en los rubros de alimentos, transporte, salud y educación. Para solucionar esto es trascendental que se adopten políticas monetarias y fiscales adecuadas, que marquen una diferencia en la salud financiera de las empresas, los hogares y el sector financiero.

La pandemia tuvo un impacto significativo en la economía global y ha llevado a una desaceleración económica en muchos países. Las medidas de contención implementadas para frenar la propagación del virus, como el cierre de negocios no esenciales, las restricciones de viaje y el distanciamiento social han afectado negativamente a numerosas industrias y empresas. Como se ha sostenido, la inflación es la situación económica en la que existe un desequilibrio entre oferta y demanda, incrementando el nivel de los precios y la pérdida del poder adquisitivo. La pandemia provocó una estimulación en reversa de la economía, generando pánico y provocando incertidumbre económica para los países.

En Colombia surgieron situaciones que generaron un incremento de la inflación en el periodo 2020-2022, como ofrecer una cantidad enorme de subsidios -más dinero circulante en la economía-, con la posibilidad de que perdiera su valor, pues este tipo de subvenciones genera una mayor demanda agregada que pueda cubrirla, de tal manera que personas, empresas o negocios no ofrezcan tal cantidad de bienes o servicios al precio más bajo o asequible, al contrario, se aumentan los precios, reduciendo la tasa de desempleo. Según el Banco de la República (2022), más de 3,75 millones de personas quedaron desempleadas y hubo una disminución del 7,8 % en el personal ocupado.

Según un informe de Davivienda (2021), la pandemia generó en Colombia un impacto económico sin precedentes, el PIB registró una caída histórica de 6,8 % en 2020, siendo la contracción más severa de la que se tenga registro. Paradójicamente, ese mismo año la inflación alcanzó su nivel más bajo (1,61 %), mientras que el dólar se valorizó en $218, llegando a un máximo histórico de %5.091 en noviembre de 2022. Esta dinámica cambiaria incrementó significativamente los costos para las empresas con operaciones en dólares, afectando su rentabilidad y posición competitiva en los mercados internacionales.

La interrupción de las cadenas de suministro en el mundo, debido a la pandemia, ha sido uno de los efectos económicos más significativos. Las restricciones en el movimiento de bienes y servicios ofrecidos por personas, así como el cierre de fábricas y empresas, han tenido un impacto negativo en múltiples sectores. La fabricación, a menudo, depende de una cadena de suministro global, en la que los componentes y materias primas se obtienen de diferentes regiones. Las medidas de contención implementadas para combatir la propagación del virus dificultaron el transporte y la disponibilidad de estos insumos, lo que ha llevado a retrasos en la producción, e incluso, a la paralización de algunas líneas de ensamblaje.

Para Gómez-Mejía (2021), la disminución de la demanda causada por la incertidumbre económica y el temor de los consumidores ha generado una reducción en la inversión empresarial. Las empresas han sido más cautelosas al realizar inversiones a largo plazo, debido a la incertidumbre sobre la duración y el impacto de la pandemia en la economía o la llegada de una nueva. Como resultado de la desaceleración económica y la disminución de la inversión, también hubo una disminución en el gasto de los consumidores. Becerra (2020) sostiene que las personas redujeron sus compras y fueron más conservadoras en sus gastos, especialmente en bienes y servicios no esenciales. Los principales afectados fueron las industrias del turismo, la hostelería, el entretenimiento y la moda, entre otras.

Para mitigar el impacto económico de la pandemia, el gobierno colombiano implementó medidas de estímulo que incluyeron paquetes de ayuda financiera, subsidios salariales, líneas de crédito para pymes y programas de apoyo al desempleo. Aunque estas acciones brindaron alivio inmediato a la población, generaron un significativo desequilibrio fiscal: el déficit presupuestario se disparó de 2,5 % del PIB en 2019 a 8,9 % en 2021, creando un desafío financiero de largo plazo para la economía nacional.

Las cifras del Banco de la República dan cuenta de que los precios de los bienes consumidos durante la pandemia eran mucho más caros que en el 2021. Exactamente 1,92 % más costosos. Se dice que aumentó 31 puntos básicos, según la medida del IPC. En 2021, el gobierno colombiano implementó una política monetaria de carácter contractivo, ya que se tuvieron unas tasas de interés alta para controlar la inflación “…para 2020 el indicador efectivo anual para la modalidad de crédito de consumo y ordinario se ubicó en 18,30 %” “…al cierre de 2021, bancos impulsaron cobros de las de tasas de interés. Según la Superintendencia Financiera, el año pasado, 2021, los clientes, en promedio, pagaron el 16,48 % de interés por los créditos de consumo” (Morales, 2022). Aún así, después las tasas de interés se elevan por desestimular el consumo y la inversión de las empresas, ya que no es conveniente tomar préstamos a altas tasas de interés, pues a principios de 2023 ya rondaban el 40 % EA. Como medida para controlar la inflación puede ser temporalmente acertada, pero cómo es posible que también se aplique una política fiscal contractiva, haciendo que suban los impuestos como la declaración de renta y el IVA, generando un mayor aumento en los precios, ya que las empresas deberán recuperar el capital que han perdido en impuestos ajustando sus precios.

Puede concluirse que los precios elevados dejaron con menor capacidad adquisitiva a los ciudadanos. Lo cual es preocupante porque la canasta familiar experimentó un alza de precios de aproximadamente el 9,06 %. Los productos más afectados por el alza fueron la cebolla (11,07 %), la arracacha (11,30 %) y el azúcar (6,84 %), además de los productos de higiene corporal (2,64 %). Colombia no ha sido el único afectado debido a este suceso, países como Argentina, en julio del 2022, registró una variación del 46,2 %, mientras que en Chile alcanza el 11 % (Rojas, 2022).

Sucesos como la pandemia son impredecibles, al igual que la guerra entre Rusia y Ucrania, lo cual afecta de manera negativa a algunos países de América Latina. Colombia, importa desde Ucrania fertilizantes, hierro y acero, por lo cual el sector agropecuario se ha visto afectado negativamente, y tienen un efecto directo en la producción de alimentos.

La economía de Colombia fue objeto de afectación después de culminadas las restricciones y aislamientos que dejó el covid, pues las empresas y las personas se vieron obligadas a suspender sus actividades, dejando de generar recursos. Una vez superadas todas las restricciones y estabilizada la economía, se evidencio el alza general de los precios de varios productos, como estrategia de los vendedores para disminuir las pérdidas generadas. Estos precios, para el primer semestre de 2023, no habían cedido.

La inflación impide el desarrollo del país, ya que frena la recuperación económica y aumenta el desempleo, empeorando la distribución de ingresos en la sociedad. En general, la inflación es latente en toda economía, pero es tarea de los gobiernos establecer estrategias y alternativas para intentar, como dice la Constitución Nacional (1991), “…mantener la capacidad adquisitiva de los ciudadanos”, contribuir como herramienta de apoyo para el desarrollo personal y económico de la sociedad, para aumentar los niveles de vida de los colombianos.

Según el Banco Mundial, la masa monetaria o cantidad de dinero ofertado ha aumentado en los últimos 60 años, pasando de 50 % a 150 %, debido a la cantidad de crisis económicas que se han presentado constantemente. Los gobiernos imprimen dinero para solucionar las dificultades presentadas en cada crisis y lo inyectan como capital a los grupos para mantener estable la economía a corto plazo, pero no le dan importancia a su permanencia a largo plazo, ya que desde su perspectiva sus mandatos son periodos cortos, generalmente entre cuatro y cinco años.

Los receptores de capitales inyectados en la economía frecuentemente perciben estos recursos como ayudas gubernamentales gratuitas, sin comprender que el aumento de la masa monetaria no se traduce automáticamente en mayor capacidad adquisitiva. En realidad, este mecanismo genera un efecto inflacionario que actúa como un impuesto oculto: mientras los precios de bienes y servicios se disparan progresivamente, los consumidores terminan absorbiendo el costo de estas políticas monetarias expansivas, sin capacidad real para contrarrestar sus efectos en su poder adquisitivo. La inflación es un impuesto velado.

Al observar en detalle lo que ha impulsado la inflación en las diferentes regiones se encuentran indicios claros de la presencia de la denominada “inflación de oferta”, derivada del incremento en los precios de la energía y los cuellos de botella en la cadena de suministros globales, relacionado en gran medida con el cierre de actividades durante los periodos de confinamiento en muchos países y, posteriormente, con la recuperación de la economía.

La inflación se ha convertido en una de las principales preocupaciones para la economía mundial. Aún después de transcurridos tres años del inicio de la pandemia, existen subidas de precios que alcanzan máximos históricos en Europa y Estados Unidos y pueden tener contestación desde la política monetaria. Lo que no se tiene en cuenta es que el incremento de la inflación no sólo está ocurriendo en este país, debido a que el aumento en el costo de la vida se ha vuelto un fenómeno global tras los efectos económicos provocados por la pandemia en todas las economías del mundo pasando serias dificultades. A diferencia de otras olas inflacionarias, la actual tiene un factor común para todos los países: los atascos en las cadenas de suministro que transportan los productos por el mar, con una "crisis de los contenedores" que ha provocado gigantescas disrupciones globales, con barcos esperando semanas en los puertos para descargar y un histórico aumento en las tarifas del transporte marítimo.

En pocas palabras, si es más caro hacer llegar los productos a las tiendas, estos también suben de precio. Las típicas soluciones que podían manejarse dentro de las fronteras de cada país dependen en gran medida de lo que pase en el resto del mundo y, por cierto, de cómo avanzaba el proceso de vacunación y de la potencial aparición de nuevas variantes de covid-19. De todos modos, muchos países están utilizando la herramienta tradicional para manejar la inflación: el aumento en las tasas de interés. Lo cual afecta a las empresas y los consumidores, que requieren créditos para hacer inversiones o comprar casa.

El incremento de los precios de los alimentos y la aceleración de la inflación se suma a los problemas relacionados con la seguridad alimentaria en los países de ingreso bajo, en los que los responsables de formular políticas deben asegurarse de que el aumento de las tasas de inflación no debilita las expectativas inflacionarias y deben resistir la tentación de otorgar subsidios o establecer controles de precios para evitar presión al alza sobre los precios mundiales. En lugar de eso, sería más útil contar con políticas que se concentren en ampliar los programas de redes de protección social y mejorar así la logística y la resiliencia frente al cambio climático del suministro local de alimentos.

La canasta familiar cada vez está más lejos de completarse, porque no hay manera de cumplir con los precios establecidos. El costo de producción en distintas empresas se incrementó, lo cual los obliga a pagar más para tener los bienes y servicios mínimos para vivir, porque así como al consumidor le cuesta comprar a las empresas les cuesta mucho más producir, porque el incremento no es sólo para la demanda sino también para la oferta, generando un desequilibrio gigante. El aumento de las materias primas es uno de los incrementos considerables, teniendo en cuenta que puede haber poca productividad en este sector. Una de las materias principales (raw material) es el petróleo, la principal generadora de inflación. Si el precio del petróleo sube, el precio de casi todos los bienes y servicios también, ya que será más caros producirlos y también transportarlos.

En la dinámica económica de un país el incremento y la disminución de los precios de bienes y servicios se da mes a mes, dependiendo de variables macroeconómicas, pero sólo cuando el incremento va en un aumento generalizado y se sostiene en un tiempo determinado, se considera inflación. Es decir, es el incremento promedio de los precios de bienes y servicios de una nación. La inflación puede originarse por estímulos de crecimiento en la demanda o estímulos que encarecen la oferta. Por ejemplo, si los habitantes de un país tienen más ingresos disponibles para destinar al consumo y existe una disminución de las tasas de interés por parte de una decisión de política monetaria, esto lleva a que los habitantes ahorren menos y tomen mayores créditos, generando una alta circulación de dinero en la economía, y la demanda irá en crecimiento y superará la oferta.

Esto es lo que sucede actualmente en Colombia y en otros países que todavía se siguen recuperando de los sucesos creados por el covid, dado que al pasar alrededor de un año en pandemia, la demanda se sigue sosteniendo, incluso incrementado, pero la producción del país estuvo estancada. Por lo tanto, la oferta no alcanza a abastecer la demanda del país, lo que significó que para el mes de septiembre del año 2022 en Colombia, después de 20 años, la inflación alcanzará dos dígitos, con un porcentaje de 10,84 %.

Por otra parte, cuando se afecta la oferta, hay un incremento en los costos de producción o afectaciones en los gremios productores que lleven a paros laborales, se afectan directamente las empresas, porque al momento de producir sus costos son más elevados y sus bienes y servicios más escasos, lo cual genera el incremento de los precios. Es decir, habrá una inflación por deterioro de la oferta que no podrá abastecer la demanda.

Por tal motivo, uno de los principales objetivos del Banco de la República es mantener la inflación baja y estable. Si bien hay distintas medidas de inflación, cuando se cita este fenómeno se hace referencia a la que tiene que ver con los precios que enfrentan los consumidores por sus compras habituales (inflación al consumidor).

Este aumento se da porque los precios presentan una variación positiva, es decir, suben. Si la variación fuera negativa o, en otras palabras, que en promedio los precios bajan, es otro fenómeno diferente, conocido como deflación. El aumento es generalizado porque se mide lo que suben en promedio los precios de los bienes y servicios más representativos para un consumidor colombiano, y no el precio de un artículo en particular (como la papa) o de un solo grupo de gasto (como los alimentos). Por ejemplo, durante un mes algunos precios de ciertos artículos podrían subir, otros bajar y otros mantenerse estables, pero sólo cuando, en promedio, todos estos precios se incrementan, se denomina inflación. Que sea sostenido indica que dicho aumento generalizado de los precios debería registrarse por lo menos durante el periodo en el que se realiza la medición (que en Colombia es cada mes) y no por cambios diarios o temporales de los precios. Cuando se habla de los precios se hace referencia al valor que deben pagar los consumidores cuando compran artículos para satisfacer sus necesidades y deseos. Un bien hace referencia, en su mayoría, a los elementos tangibles (que se puede tocar y percibir), que sirven para satisfacer una necesidad o un deseo, como alimentos, ropa, electrodomésticos, etc. Por su parte, los servicios incluyen los intangibles que también sirven para suplir necesidades y deseos, como la salud, un corte de cabello o la educación, etc.

Actualmente, la canasta básica de referencia está compuesta por 443 bienes y servicios, y pretende reflejar lo que sucede con el consumo habitual de un colombiano promedio. Precisamente, la medición de la inflación refleja el comportamiento de los precios de los artículos que pertenecen a dicha canasta. Como se afirmó, el interés está en los precios que enfrenta el consumidor y, por tanto, hace referencia a los precios que pagan los hogares de un país por sus compras habituales.

La inflación se define como un aumento constante y generalizado en los precios de los bienes y servicios económicos. La variación porcentual del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que calcula los precios promedio de los principales artículos de consumo, se calcula con el promedio de los principales artículos de consumo para conocer los productos que deben incluirse en esta canasta representativa, originando una serie de consecuencias perjudiciales para grupos económicos específicos como trabajadores, ahorradores, rentistas, etc.

El actual contexto económico global presenta un desequilibrio estructural entre capacidad productiva y demanda agregada. Los procesos inflacionarios alteran sustancialmente la función del dinero como reserva de valor, permitiendo a los gobiernos efectuar una transferencia indirecta de riqueza desde los ciudadanos hacia el sector público. Este mecanismo opera como un impuesto oculto que: 1) reduce progresivamente el poder adquisitivo de la población, 2) genera distorsiones en la distribución de la riqueza favoreciendo a grupos específicos y 3) erosiona la confianza en los sistemas económicos. Paralelamente, el entorno inflacionario crea incentivos perversos para que las empresas ajusten al alza sus márgenes de ganancia, exacerbando las presiones sobre los consumidores.

La inflación continúa y el valor real del dinero fluctúa mes a mes. No existe medio más sutil o seguro para desordenar la base de la sociedad que corromper el dinero; esto afecta a todas las personas, pero no por igual. Ciertos grupos de la sociedad de manera positiva se benefician de la inflación, dependiendo de la situación en que se encuentren.

Las personas con ingresos fijos, como trabajadores o jubilados, se verán afectadas al comprar cada vez menos bienes debido a la pérdida gradual de valor de su dinero. La persona que ahorra resulta perjudicada, Si estos ahorros no están salvaguardados de los efectos inflacionarios, la cantidad ahorrada perderá valor en términos de poder de compra en el futuro. Un ejemplo de esto fue la grave pérdida de los ahorros de los pensionados en el norte de Europa, los países escandinavos y Grecia en la crisis económica mundial del 2008. Los empresarios, ya sea comerciantes o industriales, pueden defenderse mejor de la inflación. Las mercaderías, mientras se encuentran en el mostrador, están aumentando de valor, al igual que los bienes que se encuentran en el proceso de fabricación. Afecta a las familias, porque si crecen los precios de los alimentos, los hogares deben destinar cada vez mayor proporción de su ingreso para su consumo, quedando una menor cantidad disponible para el gasto en otros bienes y servicios básicos.

Sin embargo, la inflación es necesaria y es positiva cuando es baja, porque promueve el uso eficiente de los recursos productivos. Por el contrario, cuando la inflación es alta una parte del tiempo de los individuos y una parte de los recursos de la economía se invierten en la búsqueda de mecanismos para defenderse de ésta. La inflación ha significado para los países un desafío macroeconómico muy importante, que se mueve en torno a mantener una tasa de inflación que sea congruente con expectativas de óptima utilización de los recursos, pleno empleo, competitividad, estabilidad en el tipo de cambio real, un nivel adecuado de déficit fiscal, funcionamiento transparente en el mercado crediticio, un marco apropiado para las inversiones y estabilización del valor adquisitivo de los ingresos.

Entre 2020 y 2021, el covid causó una inflación por demanda. En el año 2022, cuando empezó a normalizarse, ocurrió el efecto contrario y se dio la inflación por costes. "Estados Unidos es el país desarrollado con la inflación más intensa", dijo a BBC Mundo Kenneth Rogoff (2021), profesor de Políticas Públicas y Economía de la Universidad de Harvard. Luego, con ese telón de fondo, cada país tiene sus propios problemas, sus propias devaluaciones de la moneda local, sus propios conflictos internos.

La inflación impulsada por la demanda empezaba a desvanecerse, hasta que la guerra de Ucrania causó estragos económicos. Hay todo tipo de consecuencias humanitarias que son muy trágicas, pero también una consecuencia económica y es que, aunque Rusia es una importante economía, sus commodities o materias primas son de una importancia geoestratégica altísima. Esto ha provocado un aumento de los precios de las materias primas, en parte porque ha habido restricciones en la oferta, ya sea porque la temporada de siembra de los cultivos en Ucrania ha sido limitada o porque las empresas están menos dispuestas a comprar petróleo ruso.

El precio del barril de petróleo tiene consecuencias para la comida, las tarifas aéreas, la gasolina, etc., porque todo ello depende del combustible. La guerra en Ucrania o el mundo pospandémico son factores que cooperan, según el Banco Mundial (2022), para apuntalar sus malas previsiones sobre el aumento del costo de la vida a escala mundial. Un alza que, de acuerdo con las estimaciones del organismo multilateral, se prorrogará hasta 2024. Además, la inflación agudizará también la crisis de inseguridad alimentaria en numerosos países.

Existen algunas causas de la inflación, como inflación por consumo o demanda, que tiende a aumentar si la capacidad de producción o importación de bienes es mayor que la demanda; otra es la inflación por costos, que ocurre cuando el precio de las materias primas aumenta, lo que lleva a los productores a incrementar sus precios para mantener su ganancia.

La inflación autoconstruida ocurre cuando se anticipa un aumento significativo de los precios en el futuro y se hacen ajustes previos para que el aumento sea gradual. En países con alta inflación, los trabajadores solicitan incrementos salariales para contrarrestar los efectos de la inflación, lo que provoca que los empresarios aumenten los precios, generando un círculo vicioso de inflación para los empresarios.

Por ejemplo, uno de los países más afectados por el fenómeno inflacionario es Estados Unidos, en el que la inflación alcanzó el 8,5 % en marzo (AFP, 2022). Es el nivel más alto para este dato anualizado en más de 40 años, debido principalmente a los precios de gasolina, que se dispararon tras la invasión rusa a Ucrania y las sanciones occidentales contra Moscú, que ha hecho que se eleven los precios de energía y los alimentos en todo el mundo.

De acuerdo con los datos recopilados, en China la inflación subió más de lo esperado como consecuencia de la guerra de Rusia y Ucrania, que provocó un aumento en los precios del petróleo, el IPP subió 8,3 % interanual y el IPC, un indicador clave de la inflación, subió 1,5 % en marzo. Por su parte, en Rusia los precios al consumo subieron en general 0,99 %, manteniendo elevada la inflación. En la eurozona se desaceleró la actividad del sector privado por el alza de precios debido a la guerra en Ucrania. En el Reino Unido la inflación se disparó en marzo al 7 % interanual, su nivel más alto en 30 años. Colombia, en marzo alcanzó un índice de la inflación del 8,5 %, producto de la combinación de varios factores principales (DANE, 2022).

Se podría decir que uno de los aspectos más controversiales de la pospandemia fue la pronunciada alza de los precios en todo el mundo, incluso 80 % de los territorios han reportado inflación histórica durante algún mes de la pandemia. Los bancos centrales han reducido su política monetaria mediante la implementación de tasas de interés bajas y otros incentivos económicos. Como resultado principal, esto provocó una inflación persistente en la mayoría de las economías del mundo, presionando a las mismas autoridades monetarias a retirar los estímulos y endurecer la política, con el riesgo de afectar la recuperación económica. Se preveía que Colombia experimentara un crecimiento económico cercano al 3,5 % en 2020. Sin embargo, la propagación de covid-19 y la fuerte caída del precio internacional del petróleo fueron dos factores que afectan la economía mundial a corto y mediano plazo. Con las medidas relacionadas con el sector comercio y desarrollo regional, se pone de presente que las restricciones en los horarios de apertura, el cierre de establecimientos y las prohibiciones en venta de bienes o servicios afectaron directamente a sectores como el turismo .

Según Bonet et al. (2020), los principales resultados indican pérdidas económicas entre $4,6 billones y $59 billones mensuales, equivalentes al 0,5 y 6,1 % del PIB nacional. La rama económica de servicios parece ser la más afectada, alojamiento y comida, inmobiliarios, administrativos, así como las actividades profesionales y técnicas, construcción y comercio, entre otras. En los escenarios analizados, Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca contribuyeron a la pérdida total en cuanto a distribución regional. Mientras Antioquia, Boyacá, San Andrés, Santander y Valle del Cauca son las regiones más susceptibles al aislamiento.

Conclusión

Los precios de los productos básicos aumentaron en varios países de América debido, como ya se ha mencionado, a la falta de disponibilidad de ciertos bienes y servicios como consecuencia de la pandemia. La inflación mide la rapidez con que aumentan los precios de los bienes y servicios a lo largo del tiempo, y este fenómeno se extendió más rápidamente durante épocas de pandemia. Cuando empezó el confinamiento, la mayoría de las fábricas y empresas cerraron y, como resultado, las cadenas de suministro se interrumpieron y las autoridades se enfrentaron a un dilema: incentivar la economía con bajas tasas de interés para aumentar el consumo o reducir estos estímulos para evitar el crecimiento la inflación, pero claramente la inflación alrededor del mundo se ha visto en constante aumento, ya que los precios en la mayoría de los productos y servicios han sido relativamente mayores a lo que era antes (France24, 2021).

En el grupo de los bienes que dispararon su precio están las rentas de carros, la gasolina y los carros usados, entre otros. Así mismo, hay bienes y servicios que han “disminuido” su precio en este país: por ejemplo, la ropa, así como las tarifas aéreas, debido a las restricciones de viajes (Ibid.)

Una inflación prolongada puede afectar la economía, porque los salarios a menudo no se mantienen al mismo ritmo de crecimiento. Esto significa una disminución del poder adquisitivo, que es indudable en América Latina, aunque en algunos países es mayor en comparación con otros. El desarrollo de la pandemia de covid-19 y las medidas de cuarentena han cambiado los patrones de consumo de los hogares. A medida que cierran la mayoría de los sectores de la economía, la oferta de bienes y servicios disponibles se limita, lo que ejerce presión sobre los precios. No obstante, estos cambios no se tienen en cuenta en el cálculo estándar del índice de precios al consumidor (IPC), que se basa en una medida de ponderación fija.

Por este fenómeno, muchos países experimentaron alzas en los precios en niveles no vistos hace tres o cuatro décadas, mientras que las economías se están expandiendo como no lo hacían desde la Segunda Guerra Mundial por el efecto rebote. Es importante tener en cuenta que la crisis de la pandemia tuvo un gran impacto en muchos aspectos, especialmente en los económicos. En el año 2020 el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo 6,8 % y el desempleo aumentó a niveles de 15,9 %. Eso se da debido a las limitaciones a la actividad productiva y a la demanda, generadas por los confinamientos y las restricciones de movilidad.

Por otra parte, hablando más en el contexto actual, una explicación simple de la inflación es que el estímulo de la pandemia global ha elevado la demanda, combinado con el choque alimenticio y energético causados por la guerra Rusia - Ucrania. Aunque era necesario un impulso del gasto público y laxitud monetaria.

A pesar del tamaño del comercio con Estados Unidos en la economía nacional, el estímulo en Colombia ha dejado la demanda más fuerte que antes de la pandemia. No es posible estimar la duración de la guerra en Europa oriental, pero se espera que el déficit agrícola disminuya en el tercer y cuarto trimestre de 2023. Para el petróleo, las señales de precios mayores conducirán a un ligero aumento en la producción.

En ese sentido, los informes de la Cepal (2021) hablan de la inflación en América Latina en 2021 y 2022, explicando la forma como la pandemia cambió los hábitos de consumo y la escasez de oferta impulsó los precios. Además, resalta la importancia de que los países diversifiquen sus economías para sobrellevar mejor las crisis.

El Fondo Monetario Internacional (2022) señala en sus estudios que la inflación mundial fue influenciada por la guerra en Ucrania, la expansión de políticas monetarias y los problemas en el comercio internacional. Según este ente, la inflación global alcanzó niveles históricos en 2022, con tasas superiores al 8 %, obligando a los bancos centrales a endurecer sus estrategias para evitar el descontrol en los precios. Se diferencia este artículo de los informes de la Cepal y el FMI al ofrecer una visión más amplia sobre la inflación poscovid en Colombia, mostrando patrones generales y estrategias económicas utilizadas en varios países.

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Notas:

Como citar: García-Giraldo, C. A., Castro-Díaz, A., & Jaime-Aldana, D. L. (2025). Impacto inflacionario poscovid en Colombia (2020-2023): factores y consecuencias. Dictamen Libre, 36.https://revistas.unilibre.edu.co/index.php/dictamenlibre/article/view/12925