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				<journal-title>Diálogos de saberes</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Diálogos de saberes</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Universidad Libre</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.18041/0124-0021/dialogos.51.2019.6076</article-id>
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					<subject>Editorial</subject>
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				<article-title>El nuevo curso de la paz, la guerra y las resistencias</article-title>
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					<trans-title>The new course of peace, war and resistance</trans-title>
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						<surname>Sánchez Ángel</surname>
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				<label>1</label>
				<institution content-type="original">Director del Doctorado en Derecho. Universidad Libre</institution>
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					<city>Bogotá</city>
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			<pub-date pub-type="collection">
				<season>Jul-Dec</season>
				<year>2019</year>
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			<volume>51</volume>
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					<year>2019</year>
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		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
            <p>Se aproxima el fin de una década y el comienzo de otra. Todo aparece y se expresa de manera confusa y turbulenta, exigiendo claridad. Hay, por ello, que descifrar el significado de los relámpagos de las grandes movilizaciones en curso en distintos países y en los distintos continentes. Lo buscado es el cielo despejado de la historia.</p>
            <p>Lo primero que constatamos es que el siglo XX, como tiempo largo de crisis, guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, no solo no ha terminado, sino que continúa con estos registros, a los que se suma la impetuosa revolución tecnológica y digital: el espacio de lo inimaginable de la inteligencia artificial. Destaquemos que son tiempos de crisis en la acumulación económica del capitalismo y en la reproducción de las relaciones sociales y culturales. El ciclo discurre en una onda larga recesiva en la que las reanimaciones esporádicas no logran revertir esta tendencia, con mayor intensidad y proyección en unos países que en otros, pero con el lazo de la cadena de la economía del mundo. La relación entre tecnología, luchas sociales y comunicación adquirió nuevas dimensiones (<xref ref-type="bibr" rid="r8">Salazar, 2016</xref>).</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Capitalismo, crisis y desencantamiento del mundo</title>
			<p>Lo que dinamiza el crecimiento es la primacía del “capital ficticio” sobre el capital productivo y la economía real, en los que se afecta el comercio. Con frenesí, se buscan los beneficios, se desestima la inversión y aumenta la deuda en distintas direcciones; esto opera a nivel internacional y particularmente en Colombia. Este texto de débil comportamiento de la economía, entre la recesión y la reanimación vacilante y corta, se da en el contexto de una guerra comercial que abarca no solo los intereses chinos y norteamericanos sino los de Japón, Corea, la Comunidad Europea y ahora Gran Bretaña, con el Brexit. América Latina y Colombia están inmersos en estas realidades. </p>
            <p>Las crisis económicas -la estructural y la del ciclo- se entrelazan con la que es consecuencia y matriz de las crisis generalizadas, la de la Natura-mundo, en la que prevalece la alteración negativa del clima como consecuencia del modo de producción vigente. Pensando en el siglo XX que se prolonga en el siglo XXI, en términos de los ciclos de la historia, la época sigue siendo de crisis más generalizadas y de guerras y revoluciones en todos los órdenes. El capitalismo ha entronizado su civilización bajo estas coordenadas, pero ya está viejo y decrépito.</p>
            <p>Tal contexto constata unas estructuras económicas diferenciadas por las desigualdades, pero, enlazadas en el movimiento, subsisten y se acentúan entre los países metropolitanos de naturaleza imperialista, con la supremacía de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón y el resto de países emergentes: India, Brasil, Sudáfrica… Los rivales históricos, como China, con su economía nacionalizada y planificada con el motor de formas capitalistas en la participación en el mercado mundial, están en guerra comercial con los Estados Unidos; Rusia, como potencia militar y diplomática, aunque rezagada en lo económico, disputa con Estados Unidos y las otras potencias europeas la geopolítica de Oriente Próximo, donde la raíz del pleito es la geoeconomía del petróleo y la geopolítica de la comunicación entre Oriente y Occidente, y, por otra parte, están los pueblos subalternos del mundo: África, América Latina y Asia. El eje que ancla la desigualdad es el oprobio contra las mujeres negras, indígenas y de todos los colores, contra las víctimas de los éxodos y las guerras, pero de manera particular en el “sector de los cuidados”. La desigualdad de género construye la desigualdad general (Oxfam Internacional, 2019).</p>
            <p>Al igual estamos inmersos en un proceso de varias décadas de luchas asumidas como praxis por el derecho a la ciudad, y vamos de este proceso a la revolución urbana. Se vive una intensa disputa entre los urbanizadores financieros y los ciudadanos provistos de conciencia en lucha por defender, ampliar y recrear lo público, lo barrial, el vecindario, su historia, es decir, lo común: las plazas, las calles, lo ambiental, para que la natura sea de nuevo reconocida como materialidad con vida y como integrante de la ciudad y lo urbano-natural, lo ecourbano, por la defensa de la vivienda y los servicios públicos, en una perspectiva de detener la radical segregación y fragmentación de la ciudad con el imperativo de la igualdad. La ciudad se define, entonces, como plaza de la democracia, y su referente histórico es la comuna: el autogobierno de los ciudadanos trabajadores que ejercen las libertades (<xref  ref-type="bibr" rid="r3">Harvey, 2013</xref>). Igualmente, en esta apuesta por reinventar la ciudad, las resistencias y luchas de las mujeres y las feministas, con la consigna emancipadora del reconocimiento sociocultural y la redistribución económica, han posibilitado nuevos imaginarios de vida colectiva diametralmente opuestos a los paradigmas patriarcales, de influencia decimonónica y burguesa.</p>
            <p>Lo que sí es nuevo es el protuberante proceso de destrucción de la natura y, con ello, de la vida planetaria. Especies animales y botánicas se extinguen por doquier al ritmo del proceso productivo y de mercantilización del sistema económico. La ecuación que preocupó teóricamente a <xref  ref-type="bibr" rid="r6">Polanyi (2003</xref>) en su gran transformación está cumpliendo una mayoría de edad preocupante: la economía controla la vida material y la naturaleza, y, a su vez, el mercado se hace hegemónico. Si el libre mercado autorregulado nunca existió, siendo un mito, en la actualidad es aún más inexistente. El productivismo y su forma más destacada, el neoextractivismo, junto con la mercantilización de las actividades sociales y el consumismo, con sus alienaciones humanas, están a la base de la crisis que la crítica de la ecosofía precisa.</p>
            <p>Sin exagerar, la humanidad está sometida al envenenamiento colectivo que acarrea esta civilización del productivismo y el consumismo de múltiples formas. Así lo alertan los científicos, los pueblos originarios de indios y negros, las asociaciones de vecinos, los sindicatos, algunas universidades, los intelectuales y, de manera destacada, los activistas ambientales y ecologistas radicales. Mientras tanto arde California, la Amazonia y, de manera dramática, Australia, además de que continúa la tendencia al deshielo, la deforestación, la desertización y la pérdida de las fuentes de agua.</p>
            <p>El Estado, en todas sus formas y con sus máscaras, con sus aparatos de fuerza y de ideologías, es un embrollo que cumple la función de garantizar las condiciones generales de reproducción y segura existencia del sistema: fuerza y represión, de un lado, y cohesión, integración y dominio, del otro.</p>
            <p>Las formas jurídicas y las actuaciones políticas son expresiones, maneras de materializar los poderes del Estado y de legitimar los de quienes dominan en el ámbito social y cultural. Lo que estamos evidenciado son algunas grietas sísmicas de este Estado, cuyo régimen político descansa más sobre la represión, en Estados Unidos, en Colombia y por doquier. Es el régimen bonapartista en sus diferentes manifestaciones: presidencialismo, imperial o satelital.</p>
            <p>En el siglo largo que vivimos se dieron las dos guerras mundiales, de consecuencias devastadoras, lo que demostró que la barbarie está instalada en el corazón mismo del capitalismo. Pero continuaron numerosas guerras bajo la modalidad del control colonial y la liberación nacional, en medio de disputas entre las potencias.</p>
            <p>Al triunfo de la Revolución rusa de 1917 se sumó el de la Revolución china en 1949, y luego Corea y, sobre todo, Vietnam, que englobó el conflicto y sintetizó un cúmulo de contradicciones antagónicas a escala internacional. Lo doméstico mostró una vez más su articulación en la escena mundial de la economía política. En América Latina se dio la revolución en Cuba y Nicaragua, y en la alborada de este siglo, un conjunto de gobiernos progresistas y de izquierda de signo reformista, que fueron inaugurados por el levantamiento general en Caracas el 27 de febrero de 1989. Igualmente, hubo derrotas con modalidades electorales, como en Argentina. La utilización del golpe de Estado, que ha tenido distintos rostros, también ha jugado un papel protagónico en tanto ha propiciado procesos reaccionarios, como sucedió en Honduras, en Paraguay, en Brasil -con el golpe en cámara lenta- y en Bolivia -con el golpe policial militar con gobierno fantasma de transición-. Se han presentado, así mismo, otras movidas hacia la derecha, como sucede en Ecuador. La vuelta en Argentina a un gobierno progresista, al igual que en México, abre una ventana de oportunidades.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>El caso colombiano: coyunturas y clamores de resistencia </title>
			<p>En Colombia, la situación de los derechos es de verdadera crisis humanitaria, acompañada de las sociales y políticas. En lo internacional, la posición es de subordinación y de abandono dramático del derecho internacional; no obstante, se vive una creciente resistencia de multitudes inconformes que padecen y protestan por un desarrollo de la conciencia sobre la gravedad de lo que se vive. El 21 de noviembre de 2019 expresa, de manera creativa, esas luchas; ese día se dio una protesta plena de conciencia de hombres y mujeres, jóvenes y adultos, trabajadores urbanos y rurales, indígenas y negros, en fin, de una masa multicolor de gentes de toda condición. Fueron manifestaciones nutridas, con el paso erguido, con alegría y rabia, por la recuperación de la dignidad ultrajada: fue una fiesta colectiva, un ejercicio pleno de libertad de millones de colombianos y una jornada política que se ha prolongado de distintas formas y con intensidades varias. </p>
            <p>Fue una protesta territorial en más de 500 municipios, con epicentro en ciudades capitales y en regiones socioculturales, con distintas modalidades en este ejercicio de las libertades y los derechos. Se dio desde el paro laboral hasta las inmensas marchas y concentraciones en los espacios emblemáticos de las ciudades, como las plazas, los parques, las avenidas y las universidades. Asimismo, mostró un ejercicio de la soberanía ciudadana en las calles, con el grito, la consigna y la pancarta. Fue una protesta hermanada en la unidad de los propósitos, con humanidad fraterna y conciencia clasista, ambiental y de género.</p>
            <p>La Plaza de Bolívar de Bogotá, así como las plazas de otras ciudades, se llenó varias veces, resignificando la ciudad común, lo público, lo de todos, en ejercicio del derecho a la ciudad. La ciudad vibrante, democrática, convertida en ágora, fue recuperada por las muchedumbres indignadas, lo que representa, a su manera, una constitución colectiva del poder ciudadano en pleno movimiento y acompañado de la creación artística, pletórica de significados.</p>
            <p>Se destaca en la concreción de este acontecimiento el otro gran espacio de la protesta, el de los barrios populares y populosos, con sus rostros reales, sin maquillajes, concentrados y marchando. El territorio urbano fue controlado por la ciudadanía social, con sus arengas y tradiciones, como propiedad colectiva de sus habitantes, cuya profunda dinámica no registran los medios de comunicación, concentrados en los centros urbanos y en las grandes marchas. A su vez, las redes sociales, en oposición al discurso hegemónico, hoy fungen como un campo de lucha aglutinador que recoge las voces en otrora silenciadas e invisibilizadas por el monopolio del cuarto poder. Gracias a las redes sociales, diferentes identidades expresan su inconformismo, trazan hojas de ruta y acuerdan puntos de encuentro en pos de un país diferente.</p>
            <p>La ciudad, segregada social y culturalmente, geográficamente dividida por los desarrollos desiguales de las localidades, expresó su enorme complejidad y vibrante existencia desde abajo. Las ciudades y el país entero se unificaron por medio de las redes sociales y los medios de comunicación, que, sin querer queriendo, tuvieron que informar. Fue una movilización sin un solo acto de violencia hasta que el Esmad comenzó su guerra de gases, perdigones y armas ilegales contra la multitud, un dispositivo contra la vida y la democracia que terminó con el asesinato del joven bachiller Dylan Cruz. Fueron horas de caos que no lograron opacar la luminosidad de la gran protesta; en la noche, la creatividad y la imaginación colectiva construyeron el cacerolazo, que, como antiguo toque del tambor cimarrón, hizo oír la continuidad de la protesta desde los hogares hasta las calles, y, mientras tanto, el Gobierno estaba estupefacto, aislado y dando palos de ciego.</p>
            <p>Fue una jornada con raíces nacionales en sus tradiciones de lucha y producto tanto del grado de conciencia de las gentes como de la agudización de los problemas sociales; fue una jornada de exigencia por la paz y por el cese del paramilitarismo, con su cosecha de crímenes contra los indígenas -al menos 97 líderes indígenas han sido asesinados a lo largo del gobierno de Duque- (“Colombia: ya van 97 líderes”, 2019), contra 702 líderes sociales (“702 líderes sociales”, 2019) y contra 173 excombatientes desde la firma del acuerdo de paz (“2019, el año más violento”, 2019).</p>
            <p>Su contexto internacional es innegable y se articula con la rebelión de los pueblos en Haití Chile, Ecuador, Cataluña, el Líbano y Hong Kong, entre otros países, con matices diferentes, pero igual contra el autoritarismo y el empobrecimiento y por la dignidad. Todo esto, alimentado por la rebelión de los jóvenes, las mujeres y los ecologistas, que han estado en la palestra impugnando al capitalismo por sus dispositivos represivos y manipuladores. Son masas constituidas en intelectual colectivo que ejerce el pensamiento crítico, lo que constituye un signo cualitativo de madurez de las gentes, así como de los campesinos e indígenas, que retomaron su secular pleito.</p>
            <p>En plena preparación de la huelga de masas se evidenció que, en los lugares de socialización, como los mercados, los vecindarios, los barrios, los lugares de trabajo, los sindicatos y las universidades, se cocinó una comunicación social, una conectividad, en torno a la importancia de la jornada. El cacerolazo tuvo una planificación boca a boca.</p>
            <p>Tal como ha sucedido en otras oportunidades y en otros países, los cafés y cafetines fueron lugares de discusión convertidos en lo que Balzac llamó “parlamento del pueblo”.</p>
		</sec>
        <sec>
            <title>Una mirada al ajedrez oriental y europeo</title>
            <p>En Oriente Medio, el enfrentamiento contra la ocupación imperial de Estados Unidos está al orden del día en Irak y Afganistán. Una guerra geoeconómica por el petróleo busca mantener la ocupación territorial de naturaleza colonial y el control tanto del hidrocarburo como de las rutas marítimas, aéreas y terrestres. Esta ocupación es una dominación imperialista con los cánones de esta tradición y muy lejana a la presentada como una labor de policía mundial de un imperio sin imperialismo; además, se ha dado durante años, especialmente desde la destrucción de Irak por las fuerzas armadas de ocupación de los Estados Unidos, pero también antes, en Afganistán, y después, en Libia. Es útil glosar la derrota de Estados Unidos en Afganistán y el retorno triunfante de los talibanes.</p>
            <p>En los orígenes de la ocupación está, desde 1948, la permanente colonización de Israel de los territorios y la sociedad de los palestinos, con su constelación de masacres, con la convicción del exterminio permanente y con la anexión colonial como solución final. Y también están Yemen, intervenido por Arabia Saudita y epicentro de una oculta crisis humanitaria, y la guerra de intervención de Siria, promovida por Estados Unidos y sus aliados regionales, como Arabia Saudita, que han aupando la conformación de grupos señalados como terroristas: Al Qaeda e Isis, situación que envolvió la participación y competencia entre grandes potencias; así, por ejemplo, Rusia logró sostener el régimen sirio y coadyuvar decididamente a la derrota del califato promovido por Isis.</p>
            <p>El ajedrez regional involucra a otras potencias regionales, como Turquía, que busca recuperar protagonismo, pero la clave de la resistencia son los persas de Irán, que no solo se han opuesto al bloqueo y al intervencionismo, sino que mantienen una movilización permanente en defensa de sus intereses como nación y como pueblo. Su ímpetu viene desde la revolución de 1979 contra el sha y el régimen monárquico pronorteamericano. Son verdaderas legiones de millones de iraníes las que están involucradas en esta política de dignidad. Irán ha demostrado una eficaz diplomacia en el vecindario, al igual que con Europa y Asia. </p>
            <p>El 17 de diciembre de 2010 fue derrocado el régimen de Ben Ali en Túnez, lo que dio inicio a lo que se llamó la Primavera Árabe. En seguida, solo un mes después, en Egipto colapsó la dictadura de Mubarak. Está irrupción de las masas abarcó también Argelia, Marruecos, Libia, Siria, Baréin y Yemen. Hay que sumar, asimismo, la derrota histórica en 1978 de Israel en su ocupación al Líbano por parte del pueblo y las guerrillas de Hezbolá. En fin, es amplio el teatro de operaciones militares y de movilizaciones de los pueblos de esta parte del mundo. Son muchos los sujetos colectivos que expresan una conciencia histórica de resistencia y una decisión actual de luchar. Todo esto es algo que algunos teóricos de los movimientos sociales están eludiendo en su afán de mantener “nuevos enfoques” que empobrecen la riqueza desafiante de cómo analizar viejos-nuevos problemas con criterios de acción participativa. </p>
            <p>Lo que está en curso, muy al estilo del siglo XX, es una aguda confrontación de pueblos, multitudes y clases sociales, con sujetos multicolores de árabes, persas, palestinos… y con credos religiosos y culturas distintas de religiones monoteístas: cristianos, musulmanes y judíos. Además, se debe tener en cuenta la participación sobresaliente de las mujeres en la resistencia, con identificables demandas feministas en los epicentros urbanos, en defensa de sus legendarias culturas y ciudades. Las afirmaciones nacionales y religiosas, así como los intereses domésticos, suelen impedir la unidad de propósitos en la región al ser utilizados como aspecto principal para ocultar las realidades socioeconómicas y políticas, en las que las acciones espectaculares tipo Al Qaeda o Isis generan terror por doquier.</p>
            <p>El centro de la disputa mundial entre las grandes potencias ha sido en los últimos años el Oriente Próximo, sin negar la existencia de otros epicentros. Allí se concentran y sintetizan las múltiples contradicciones de la época. Unas veces se repliegan y alternan solo para reaparecer de forma más dramática, tal como está sucediendo en la actualidad.</p>
            <p>El trasfondo histórico de estas luchas configuró durante 70 años la heroica resistencia palestina contra la agresión israelí, exterminio de un pueblo que constituye el problema moral más grave de la humanidad.</p>
            <p>Otro de los epicentros de la resistencia de los trabajadores de toda condición y trayectoria, con experiencias disímiles, se da en Europa en los últimos años. En Grecia, entre los años 2008 y 2010, se desató un radical movimiento de huelgas que llevarían al cambio de gobierno, pero el nuevo capituló ante la Banca Central europea. Asimismo, se dieron movilizaciones en Portugal, España y otros países hasta desembocar en la oleada de huelgas de masas en Francia, que tienen en jaque al gobierno de Macron. También en los Estados Unidos se dan luchas que tienen como sujetos a las mujeres, los jóvenes trabajadores y otros colectivos.</p>
            <p>El proletariado, lejos de desaparecer, ve acentuar su realidad material y su protagonismo en el horizonte de constituirse como clase en la propia lucha. Un cúmulo de reivindicaciones nacionales se está expresando de forma multitudinaria en España con la cuestión de Cataluña, donde se han realizado paros generales e inmensas manifestaciones. También se agudizan las demandas nacionales en Gran Bretaña por parte de irlandeses, escoceses y galeses. Así, Europa es otro epicentro de batallas sociales y políticas.</p>
            <p>Nuestra América, por su parte, ha sido escenario de grandes y radicales confrontaciones nacionales, clasistas, de género y de afirmación de pueblos indígenas y negros. Las luchas se combinan en campos y ciudades, como sucede en Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. </p>
            <p>Una radical y ejemplar lucha es la que adelantan colectivamente los haitianos contra la ocupación militar y diplomática, la corrupción y el neoliberalismo. En este sentido, resalta la ancestral y actual lucha de los pueblos haitianos por conquistar de nuevo su objetivo histórico: “déjennos resolver nuestros problemas”, “no más interferencias”. A diez años del devastador terremoto, el balance de la intervención de los cascos azules de las Naciones Unidas resultó oprobioso por el cúmulo de abusos, violaciones y represión. La ayuda humanitaria fue significativamente utilizada para una reconstrucción desarrollista, de infraestructura, y para los negocios transnacionales.</p>
            <p>El fraude y la corrupción se enseñorearon, y el tutelaje neocolonial de Estados Unidos, Francia y Canadá moldeó una democracia recortada y vacía. Contra todo esto, de manera ejemplar, están levantados en movilizaciones y huelgas los haitianos, quienes tienen en su haber, en su tradición, el legado de la abolición de la esclavitud, la independencia y la república, que gravita sobre la memoria y el imaginario del bicentenario de la independencia de nuestra América continental, legado que debe ser eje de la celebración y no historia desconocida, oculta, falsificada u olvidada ni memoria de ultratumba. </p>
            <p>Esto, no solo porque así sucedió, lo cual se encuentra demostrado y documentado en varios estudios, especialmente en el de C. L. R. <xref  ref-type="bibr" rid="r4">James (2003</xref>) sobre los jacobinos negros, sino porque su pasado se proyecta en el presente para descifrar la presencia de África entre nosotros y, de manera particular, la presencia cimarrona en las mentalidades de los negros que están en lucha, como lo mostró en Colombia el paro general, una verdadera huelga de masas en Buenaventura en el año 2017. Hay que desarraigar el racismo abierto o disimulado de la vida y los saberes históricos y jurídicos políticos, que deben genuinamente descolonizarse.</p>
            <p>En 2019, la juventud, los trabajadores y en general el pueblo chileno comenzaron una contundente movilización contra el hipercapitalismo explotador y humillante del llamado “milagro chileno”. Es contra el sistema económico y político que la lucha está en pleno desarrollo.</p>
        </sec>
        <sec sec-type="conclusions">
            <title>Conclusiones</title>
            <p>Hay un estado de ánimo a favor de resistir y buscar relevos de élites y clases dominantes en un horizonte de democracia real. Se está expresando la potencia de los colectivos sociales y culturales y de la ciudadanía en formas tanto tradicionales como innovadoras. Una nueva configuración del sujeto que lucha en plural dimensiona la fuerza de las y los trabajadores. Sin duda, la experiencia de las derrotas, el resurgimiento y los nuevos acontecimientos nos dan luces nuevas e intensas para consolidar una praxis creadora que fortalezca el principio emancipador de que la humanidad no debe continuar sometida a la peor de las realidades de la historia: el reinado de la explotación.</p>
            <p>Un querido filósofo situado en la historia de los de abajo, Walter <xref  ref-type="bibr" rid="r1">Benjamin (2005</xref>), escribió este aforismo perturbador: “La experiencia de nuestra generación: que el capitalismo no morirá de muerte natural” (p. 678). Sigue vigente el pleito y cómo resolver su enigma. Es un desafío constante. Sabemos por la experiencia fundadora de la emancipación, desde la Comuna de París hasta la Revolución de 1917, y desde entonces hasta hoy, que hay que tener en cuenta la advertencia de Mefisto: pero más de un enigma surgirá de nuevo; es decir, la revolución asumida como problema permanente que solo el ámbito del propio movimiento puede ofrecer resultados con realismo. El capitalismo surge triunfante, aunque tardío, para ofrecer respuestas a lo humano social y a la natura, siendo su existencia la barbarie (<xref  ref-type="bibr" rid="r7">Rendueles, 2015</xref>). </p>
            <p>La humanidad no ha perecido en medio de encrucijadas como la pobreza, la humillación y la ofensa, y no lo ha hecho porque sus mayorías, en oposición a los privilegiados, han resistido, han acompañado los descubrimientos de las ciencias y la cultura y han mantenido y preservado las culturas.</p>
            <p>Con el pasado y su legado comunitario, también en la sociedad industrial, que requirió de la paradoja de la producción social, aunque la apropiación es privada, se desarrolla la cooperación moderna en una contradicción con la fragmentación y separación de lo social y lo político. Lo que genera individuos no plenos sino egoístas, dispersos y a la asechanza del exitismo y el consumismo. Pero su materialidad promueve lo asociativo y lo común entrelazándose con las antiguas tradiciones, sus experiencias y sus elaboraciones reflexivas de saberes colectivos, lo que inevitablemente trasciende como intelectual general y extiende la conciencia crítica de los trabajadores y las gentes del común.</p>
            <p>Esto se da solo adquiriendo y organizando la conciencia plena, crítica y, por eso mismo, histórica de que el capital y su reinado son un arcaísmo, un anacronismo que olfateamos como podrido. Sí, asumimos la denuncia de Hamlet: ¡algo podrido hay en Dinamarca!</p>
            <p>La condición de vivir opacos y en la oscuridad en nuestro tiempo es algo peor que la minoría de edad intelectual y ética. Por ello, no renunciamos a la ilustración, pero sí la anclamos al porvenir de la revolución, en las tradiciones que refuten el pasado yerto y en un presente que no acepte la cadena de alienación con su fetichismo de la mercancía y el consumismo</p>
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			<title>Referencias</title>
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				<mixed-citation>Benjamin, W. (2005). El libro de los pasajes. Madrid: Akal.</mixed-citation>
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				<mixed-citation publication-type="webpage">Colombia: ya van 97 líderes indígenas asesinados durante el gobierno de Duque. (2019, 14 de agosto). Nodal: Noticias de América Latina y el Caribe. Recuperado de https://www.nodal.am/2019/08/colombia-ya-van-97-lideres-indigenas-asesinados-durante-el-gobierno-de-duque/</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Harvey, D. (2013). Ciudades rebeldes. Madrid: Akal.</mixed-citation>
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							<surname>Harvey</surname>
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					<year>2013</year>
					<source>Ciudades rebeldes</source>
                    <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Akal</publisher-name>
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							<surname>James</surname>
							<given-names>C. L. R.</given-names>
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					<year>2003</year>
					<source>Los jacobinos negros: Toussaint L’Ouverture y la Revolución de Haití.</source>
                    <publisher-loc>Ciudad de México</publisher-loc>
					<publisher-name>Fondo de Cultura Económica</publisher-name>
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					<year>2019</year>
					<source>El poder de la educación en la lucha contra la desigualdad: por qué apostar por una educación equitativa y de calidad es fundamental para luchar contra la desigualdad económica y de género.</source>
                    <publisher-loc>Oxford</publisher-loc>
					<publisher-name>Oxfam Internacional</publisher-name>
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				<mixed-citation>Polanyi, K. (2003). La gran transformación: los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.</mixed-citation>
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					<year>2015</year>
					<source>Capitalismo Canalla</source>
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				<mixed-citation>Salazar, B. (2016). Revoluciones y conectividad: de la Bastilla a la Plaza Tahrir. Cali: Universidad del Valle.</mixed-citation>
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							<surname>Salazar</surname>
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					<year>2016</year>
					<source>Revoluciones y conectividad: de la Bastilla a la Plaza Tahrir</source>
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					<publisher-name>Universidad del Valle</publisher-name>
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				<mixed-citation publication-type="webpage">2019, el año más violento para los excombatientes de las FARC en Colombia. (2019, 31 de diciembre). Noticias ONU. Recuperado de https://news.un.org/es/story/2019/12/1467341</mixed-citation>
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			<ref id="r10">
				<mixed-citation publication-type="webpage">702 líderes sociales y 135 excombatientes habrían sido asesinados desde firma del Acuerdo. (2019, 23 de mayo). El Espectador. Recuperado de https://www.elespectador.com/noticias/judicial/702-lideres-sociales-y-135-excombatientes-habrian-sido-asesinados-desde-firma-del-acuerdo-articulo-862367</mixed-citation>
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			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>Para citar este texto: Sánchez Ángel, R. (2019). El nuevo curso de la paz, la guerra y las resistencias. Revista Diálogos de Saberes, (51), 17-25. Universidad Libre (Bogotá). DOI: https://doi.org/10.18041/0124-0021/dialogos. 51.2019.6076</p>
			</fn>
            <fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>Profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia, adscrito al Grupo de Investigación Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Facultad de Filosofía de la Universidad Libre – Bogotá, D. C. (Línea de Investigación: Política y Derecho).</p>
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