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				<journal-title>Diálogos de saberes</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Diálogos de saberes</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Universidad Libre</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.18041/0124-0021/dialogos.51.2019.5907</article-id>
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					<subject>Artículos</subject>
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				<article-title>Hacia una estructura compleja de la paz</article-title>
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					<trans-title>Towards a Complex Peace Structure</trans-title>
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						<surname>Juajibioy Otero</surname>
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				<institution content-type="original">Multiversidad Mundo Real Edgar Morin</institution>
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			<pub-date pub-type="Article">
				<season>Jul-Dec</season>
				<year>2019</year>
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            <abstract>
				<title>RESUMEN</title>
			<p>El presente artículo tiene como propósito representar la paz como sistema complejo a través de la modelación de una estructura compuesta por la innovación e interacción de cinco ideas-fuerza: el metaobjeto, el metaconcepto, el metaproceso, el metafenómeno y la metaexperiencia. Para lograr dicha representación ampliada, fue necesario el diálogo entre el pensamiento complejo y el sistémico, con el fin de poder propiciar encuentros, vínculos, interacciones y emergencias novedosas entre los objetos de estudio, las nociones, los procesos, los subsistemas y las experiencias humanas que pueden estar integradas en la nueva representación del metafenómeno pacífico autoorganizado y autorreferenciado. </p>
			</abstract>
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				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article intends to represent peace as a complex system by modeling a structure derived from the innovation and interaction of five idées-forces: meta-object, meta-concept, meta-process, meta-phenomenon, and meta-experience. In order to achieve this expanded representation, dialogue between complex and systemic thinking is necessary to foster new encounters, links, interactions, and emergences among subject matters, notions, processes, sub-systems, and human experiences. These may be integrated into the new representation of the self-organized and self-referenced peaceful meta-phenomenon. </p>
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				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>paz</kwd>
				<kwd>sistema complejo</kwd>
				<kwd>representación</kwd>
				<kwd>metafenómeno pacífico </kwd>
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				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Peace</kwd>
				<kwd>complex system</kwd>
				<kwd>representation</kwd>
				<kwd>peaceful meta-phenomenon </kwd>
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		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
            <p>Pese a los ingentes esfuerzos histórico-presentes adelantados por Estados, investigadores, defensores de derechos humanos, organismos internacionales y sociedad civil enfocados a la construcción de paz, en procura de superar de manera definitiva más de veintidós conflictos bélicos al interior de distintos países como Afganistán, Birmania, Colombia, Etiopía, India, Israel, Palestina, etc. (Bustamante, 2019), la fundamentación e implementación de estos esfuerzos aún no logra tener la consistencia necesaria para dilapidar sus antinomias.</p>
            <p>Mientras en unas latitudes la guerra tiende a perecer, en otras la tendencia se inclina a la permanencia y ampliación del enredo de tensiones. Por ello, los distintos esfuerzos de investigación para la paz aún deben persistir en dos líneas de trabajo adjuntas: por un lado, la radiografía, sustento y comprensión de los orígenes de lo bélico, las violencias y conflictos, y, por el otro, el desarrollo de una mayor atención e intuición para imaginar y fundar los compuestos de la paz, los cuales podrían ser muy necesarios para cimentar un nuevo fenómeno humano.</p>
            <p>Ante el reto de superar los conflictos bélicos, aparecen tres grandes dificultades en forma de desatenciones: una tiene que ver con la simplificación de las causas que dieron origen a los conflictos; la segunda, resultado de lo anterior, es la selección de una concepción de paz para afrontar esos orígenes de tensión en detrimento de otras complementarias, y la tercera consiste en el diseño y puesta en marcha de respuestas igual de reducidas y simplificadas para afrontar el fenómeno. </p>
            <p>La misma ciencia ha contribuido a tal desatención. Al concebir la paz como medio para superar la guerra y no como fin en sí mismo para la evolución humana, se describen los conflictos bélicos a la perfección y poco se encuentran argumentos para describir el camino pacífico independiente y autorreferenciado de aquello que puede ser el contenido de lo más humano entre los humanos: la paz. En su fundamentación y representación, ambas guiadas por una ciencia simplificadora, se ha concentrado en el objeto de estudio de la guerra, descuidando la propia representación y fundación de la paz como objeto emergente, y con ello se han reducido las distintas nociones de paz a la ausencia de lo bélico y no a la presencia en potencia de la paz. </p>
            <p>De ahí la tendencia a reciclar los conflictos bélicos, a no salir de esa estación dolorosa y, en consecuencia, a provocar una sobreatención a lo agresivo y, a la vez, una miopía e incapacidad colectiva para reconocer y representar el objeto de estudio más relevante -la paz-. Precisamente, la división y separación de los objetos de estudio, las nociones de paz, los procesos y las debilidades de interacción con otros subprocesos inherentes a los subsistemas humanos son los factores que impiden lograr una imagen holística de esta. </p>
            <p>En los estudios se opta casi siempre por comprender los fenómenos bélicos y clasificar las violencias y conflictos prolongados, lo cual lleva a una aglomeración de los objetos-procesos de estudio negativos de la paz y a un descuido consciente e inconsciente de lo que podrían ser los objetos-procesos de estudio de la paz independientemente de lo bélico. Incluso, esa división de objetos negativos-positivos sin una ulterior conjunción comprensiva es lo que distancia a los objetos antinómicos, sin poder encontrar posibilidades de encuentro a posteriori.</p>
            <p>Ante las fragmentadas y dispersas  nociones de paz, ha sido casi imposible concretar algo superior a la dosis mínima de la paz minimalista limitada a ausentar la guerra y las violencias (<xref  ref-type="bibr" rid="r25">Rettberg, 2002</xref>, p. 1); es más, la búsqueda de medidas para ausentar lo negativo ha conllevado al desmedro de la paz maximalista, capaz de generar condiciones para el desarrollo económico, satisfacer necesidades, reducir desigualdades y superar injusticias (p. 1). Es decir, ha llevado al ocultamiento de la paz positiva, que “permite ver los procedimientos legales, económicos y culturales que dificultan o impiden a determinados grupos humanos el acceso a bienes, servicios, derechos y libertades básicas” (<xref  ref-type="bibr" rid="r3">Cortés, 2012</xref>, p. 7), y al debilitamiento de la paz biográfica como potencial de diversas experiencias humanas de pacificación, interacción, relacionamiento y comprensión humana. Se han diversificado tanto las concepciones de paz que estas están en disputa y sin posibilidad de encuentro.</p>
            <p>Por ello, los retos investigativos y las prácticas para abrir el camino del encuentro, la comunicación, el vínculo, el asocio y la complementariedad de las distintas nociones aún son escasos. Más bien, se ha optado por avanzar en estudios bajo lógicas de distinción incomunicada, como, por ejemplo, la distinción de la paz minimalista y maximalista (<xref  ref-type="bibr" rid="r25">Rettberg, 2002</xref>, p. 1); de la paz negativa como ausencia de violencia personal y la paz positiva como ausencia de violencia estructural (<xref  ref-type="bibr" rid="r5">Galtung, 1985</xref>, p. 64); de la paz perpetua como ideal universal humano y la paz imperfecta, como proceso inacabado, autónomo e independiente de la violencia (<xref  ref-type="bibr" rid="r22">Muñoz, 2001</xref>, p. 1), y de la paz trasformadora, representada como un proceso vital compuesto por equilibrios y desequilibrios que llevan a la evolución del sistema humano (<xref  ref-type="bibr" rid="r13">Montañés y Ramos, 2012</xref>, p. 246).</p>
            <p>Los avances en las concepciones especialistas han sido relevantes; no obstante, estas siguen distantes, incomunicadas y restringidas y, en consecuencia, impiden, a partir de la falta de encuentros, el surgimiento de otros contenidos, dimensiones y significados emergentes para una paz renovada. Esto se debe a que su individualidad trae consigo escasos elementos y atributos y provoca frágiles e inestables interacciones con otros procesos inherentes a los subsistemas humanos ya en marcha, lo que sería distinto si se abriera un escenario de encuentro-distinción entre las distintas concepciones. Es más, muchas veces los políticos y gobernantes abusivamente han reducido la paz a un plan o programa casi aislado de las investigaciones y de las dinámicas económicas, sociales, políticas, culturales e institucionales.</p>
            <p>Por consiguiente, es apremiante lograr construir un nuevo paradigma pacífico capaz de integrar varias ideas-fuerza que conlleven la constitución de un subsistema pacífico dependiente e independiente de otros subsistemas humanos -Estado, democracia, sociedad, etc.-. De ahí que este escrito procura relacionar cuatro de esas ideas-fuerza complementarias que pueden conducir a la apertura de una reflexión argumentada sobre la posibilidad de fundar un sistema pacífico en continua construcción entre los seres humanos. </p>
            <p>Estas ideas-fuerza tienen que ver con dispositivos científicos interrelacionados que pueden inducir al tránsito de la paz minimalista y recortada que predomina hasta ahora hacia la reivindicación de su corpulencia de contenido y significado complejo, es decir, hacia su representación como un sistema abierto, dinámico, variable, creativo y en continua evolución.</p>
            <p>La primera idea-fuerza tiene que ver con la necesidad de reconocer el fenómeno de la paz como un macroobjeto compuesto por objetos negativos y positivos, por dinámicas de equilibrio y desequilibro y por procesos emergentes que la van constituyendo. La segunda surge de la urgencia de reinventar un metaconcepto a partir de la unión en distinción de variadas nociones existentes, sus atributos y lo que resulte emergente de esa interacción continua. La tercera es la incubación de un macroproceso capaz de juntar las dinámicas internas con aquellas que provienen como necesarias de otros subsistemas humanos y con los que adquiere capacidad de autoestructurarse y organizarse en una dinámica propia. La cuarta, resultado de las anteriores, es un macrofenómeno pacífico en continua adaptación y evolución desde la transformación de los distintos subsistemas humanos con los que interactúa. Finalmente, una quinta idea-fuerza es la macroexperiencia de los seres humanos implicados en la construcción, vivencia, producción de sentido y fundamento del sistema pacífico.</p>
            <p>Hay que llevar la paz por una vía nueva de reinvención a través de una representación distinta, basada en el adagio latino sparsa colligo -“reconectar lo que está separado”- (Morin, 2014), y bajo el principio de conjunción-distinción  de las concepciones. Esto, con el fin de lograr una simbiosis de sus contenidos, dimensiones y funciones, para devolverle el tejido complejo que le corresponde. Para ello, es necesario saber que “la complejidad solo puede emerger como fruto del encuentro de la multiplicidad, interdependencia y simultaneidad” (<xref  ref-type="bibr" rid="r9">Lederach, 2016</xref>, p. 26). </p>
            <p>Hay que abrir ese camino y atreverse a ese viaje poco transitado por los investigadores, gobernantes y activistas sociales, para influenciar la metamorfosis a partir de la mezcla de posibilidades. Es necesario abrir ese camino que comienza a dejar las bases para encubar esa concepción de paz compleja y sistémica que se irá consolidando como fruto de la comunicación e interacción humana múltiple, simultánea y colaborativa, a través del reconocimiento de la valiosa labor de distintos actores que persiguen una multiplicidad de fines, acciones e iniciativas para la paz en numerosos niveles de relaciones y espacios de interacción (<xref  ref-type="bibr" rid="r9">Lederach, 2016</xref>), hasta lograr consolidar un sistema vívido y experiencial de pacificación. </p>
            <p>De ahí la necesidad de abandonar el enfoque que aborda la paz desde una noción aislada y reiterada en aplicación -como un mandato, un pacto o un programa tautológico- y de comenzar a reconocer su complejidad como potencial para la trasformación humana, es decir, como sistema complejo en invención, adaptación y evolución y que debe contar con la coparticipación de todo ser humano, sin distinción de nivel educativo, posición política, edad, raza o género.</p>


		</sec>
		<sec>
			<title>Método</title>
			<p>¿Cómo superar la doble crisis de la paz (como representación y como cultivo)? Para comprender la urgencia de esta pregunta, es crucial poner en diálogo métodos capaces de guiar la descripción y el entendimiento de los vacíos existentes en la constitución, fundamentación y cultivo de la paz. Por ello, en este escrito se ha procurado poner en simbiosis dos métodos como saberes alternativos y como caminos para comenzar a construir esa radiografía corpulenta de la paz en cuanto sistema complejo en evolución. Estos métodos se denominaron el saber-método de la complejidad y el saber-método sistémico.</p>
            <p>La unión del pensamiento complejo y el sistémico para comprender y abordar las crisis actuales que nos implican a todos y todas es el camino más pertinente para superar el saber simplificador que ha acompañado la fundación y edificación de la paz y que, en consecuencia, ha dividido y reducido drásticamente sus fundamentos, contenidos, funciones y fines. Haciendo uso de las ideas de <xref  ref-type="bibr" rid="r16">Morin (1990</xref>), se puede afirmar que la paz se ha instituido con base en dos principios simplistas: la disyunción -que separa lo que está ligado- y la reducción -que une sin distinción lo que es diverso y cuyo recorrido termina recortando y dañando su tejido complejo- (p. 91).</p>
            <p>A razón de lo anterior, en este escrito se procuró reconocer, por un lado, el binomio saber-método complejo, el cual tiene la labor simultánea e interconectada de vincular y distinguir sin romper o desunir (<xref  ref-type="bibr" rid="r2">Carrizo, 2003</xref>) todas las nociones, atributos y procesos que constituyen el fenómeno pacífico y que le devuelven a la paz la corpulencia y anatómica holística de un fenómeno abarcativo, y por el otro, el binomio saber-método sistémico, que procura concebir el mismo fenómeno en términos de conectividad, relaciones y contextos (<xref  ref-type="bibr" rid="r24">Ramírez, 2002</xref>), para así, bajo esas dos lógicas, reivindicar la paz como un todo compuesto por partes que funcionan en interacción, red, asocio y cooperación interna y externa. </p>
            <p>En fin, los dos métodos-pensamiento nos permiten describir y comprender la paz como un sistema complejo “constituido por un conjunto de objetos (los elementos del sistema) en continua interacción” (García, 2006, p. 125), con capacidad de doble autoadaptación: hacia su propia complejidad interna y hacia el entorno (<xref  ref-type="bibr" rid="r10">Luhmann, 1991</xref>, p. 54). Además, permiten comprender que la constitución de la paz deviene de trasformaciones influenciadas por equilibrio-desequilibrio, reorganización, adaptación y evolución (García, 2000, p. 77).</p>
            <p>En consecuencia, en este proceso de estudio, los observables no fueron solo los fundamentos, hechos, sucesos o datos que caracterizan la paz simplificada, reducida y mutilada, sino también aquellos fundamentos y elementos novedosos y posibles de redescubrir entre los vacíos, ruidos, huecos y fragmentos dejados por las nociones dispersas que funcionan de forma egoísta. Esto, con el fin de poder acogerlos y potenciarlos en encuentro y así provocar contenidos nuevos, emergentes y necesarios para el paradigma pacífico. </p>
            <p>En otro sentido, los saberes-métodos sistémico y complejo no son excluyentes entre sí, sino que, más bien, su asocio facilita la integración-distinción de teorías, nociones, dimensiones y procesos en el reto de representar un fenómeno complejo. Este enfoque es necesario para el presente caso, en el que el desafío es constituir la paz como “un sistema complejo integrado por unas partes y un todo en interacción, con capacidad de producirse conjuntamente y autoorganizarse mutuamente” (<xref  ref-type="bibr" rid="r18">Morin, 2002</xref>, p. 30), y con la posibilidad de reivindicar su autoproducción y autorreferencia como producción netamente humana.</p>
            <p>Para lograr modelar esta representación, fue necesario recurrir a fuentes secundarias (libros, revistas y documentos) que daban cuenta sobre distintas concepciones de paz, con el fin de analizar los contenidos, funciones y dimensiones que tenía o carecía cada concepción. Igualmente, se tomaron algunos acontecimientos en Colombia como hechos para soportar las argumentaciones teóricas y conceptuales que integran el documento.</p>

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            <title>Resultados</title>
            <sec>
                <title>La paz como sistema complejo</title>
                <p>Paradójicamente, para comprender cómo la paz puede instituirse en un fenómeno humano complejo, hay que pasar por la discusión y el discernimiento de su simplificación. Es decir, hay que detallar los tipos de pensamiento y los mecanismos que contribuyeron a sus reducciones, abstracciones, divisiones y mutilaciones hasta someterla a su mínima expresión, para, desde ahí, observar los cortes arbitrarios y, a la vez, los vínculos de nociones, elementos e interacciones que posibilitan avistar el fenómeno de la paz en su complejidad.</p>
                <p>Partiendo de la perspectiva minimalista, el estudio de la paz procura observar y comprender su antinomia, la guerra, la cual es su objeto de estudio. Así lo argumenta <xref  ref-type="bibr" rid="r4">Cortés Rodas (2016</xref>): “Su énfasis es la ausencia de guerra, de violencia directa y busca poner fin al conflicto armado” (p. 42).</p>
                <p>La paz minimalista nos convoca a contemplar la guerra como un fenómeno a diluir, cuyos cimientos y pilares deben ser demolidos hasta llevarlo a la ruina. Empero, en ese ejercicio humano aparece una incógnita: ¿el acto de reflexión pacificador solo debe limitarse a ausentar su antinomia? Ese es el único fin y el único alcance, y, si tal propósito llega a ocurrir, ¿cómo queda el funcionamiento o la operación de la paz?, ¿acaso también debe menguar su funcionalidad cuando el fuego de la guerra decae?, ¿es posible tal idea reduccionista donde la reflexión humana solo llega hasta la decadencia y ausencia de un fenómeno anormal? Y, si ese fuera el camino, ¿dónde queda la paz como presencia en sí misma?, ¿dónde quedan sus atributos?, ¿dónde queda como experiencia que debe ser vivida?</p>
                <p>Las respuestas son más que evidentes: la paz debe integrar en su análisis la guerra y, a la vez, en su fundación, debe lograr independencia de esta, e incluso debe ser evocada cuando su antinomia más antigua está ausente. Para ello, es muy necesario y apremiante unir por igual y sin restar importancia tanto las teorías que la sustentan como medio para ausentar lo bélico, los conflictos, las desavenencias y las violencias como las teorías que se van tornando necesarias para contribuir a representar su propia autorreferencia y autonomía -no dependiente de las violencias- (<xref  ref-type="bibr" rid="r22">Muñoz, 2001</xref>). </p>
                <p>Por ello, es muy valioso restituir a la paz los otros objetos-procesos ocultos en su constitución, para ser integrados como potenciales observables y analizables en el reto continuo de producción de su propio cimiento como proceso autorreferenciado, como fenómeno y como experiencia, pues así como la guerra es objetivable, la paz también lo es en potencia. </p>
                <p>Estos objetos-procesos poco discutidos se irán describiendo a lo largo de las siguientes argumentaciones para ir tejiendo una estructura de cinco metaelementos que, considero, pueden ser los pilares iniciales para una representación de la paz como sistema complejo. </p>
                <p>El macroobjeto</p>
                <p>Volviendo un poco a lo anterior: si el objeto de observación de la paz es la guerra-violencia-conflicto, ¿cómo queda la paz en sí como objeto de investigación?, ¿por qué no observarla también en simultáneo?, ¿por qué no reconocer que el objeto de conocimiento es parte de la fenomenología y a la vez de la ontología humana y que, por tanto, es debatible y con posibilidad de reinvención (<xref  ref-type="bibr" rid="r15">Morin, 1984</xref>)?, ¿para qué seguir ese recorrido miope de comprensión de lo nocivo, en el que se deja de objetivar y vivenciar la paz y se pierde casi siempre la capacidad de reconocer y potenciar una parte significativa del mismo fenómeno por edificar? Esta parte es la otra cara de la paz, que es su propia constitución.</p>
                <p>Hay que volver a objetivar la paz en amplitud. Esto se logra, en primer lugar, vinculándola con otros objetos ya dichos, sin exclusión y bajo la siguiente lógica: primero, la búsqueda de la ausencia de guerra y violencias es a la vez la búsqueda de y el encuentro con la presencia de la paz en su plenitud, y segundo, la búsqueda de la paz es y será siempre la renovación de lo humano. De ahí que los estudios sobre paz procuran abrir dos caminos: 1) comprender los sucesos de caos, catástrofe y desequilibrios provocados e inherentes a lo humano que conducen a la guerra y 2) reconocer, crear y potenciar los nacientes equilibrios, estabilidades y sucesos inherentes a lo humano que conducen de forma proactiva a la paz. </p>
                <p>Bajo esta lógica, es viable afirmar que los objetos de estudio de la paz son el vínculo de dos aspectos: en primer lugar, la paz como un fenómeno que no puede existir sin el entendimiento y trasformación de los fenómenos de la guerra, la violencia y los conflictos. Es decir, su objetivización y dotación de contenido, dimensiones, funciones y fines son necesarios para que, por un lado, los subfenómenos en mención mengüen o muten aún a pesar de sus resistencias y, por el otro, se logre inducir la instalación de un emergente proceso autorreferenciado de lo más humano que podemos llegar a ser. En segundo lugar, la paz como objeto-proceso tiene la potestad de reservarse la posibilidad de contener y trasformar la guerra y las violencias y de apropiarse y producirse a sí misma como un proceso distinto. Esto no puede ocurrir en el caso de su antinomia, pues el operar de la guerra y las violencias jamás podrá disponer de los elementos y procesos necesarios para tal fin.</p>
                <p>La paz es el epicentro de los objetos a diluir y a encubar para potenciar. No es solo un objeto-proceso aislado a potenciar, pues siempre debe lidiar con su opuesto. No es un objeto a construir a posteriori de la decadencia de la guerra; más bien, es un objeto-proceso que permite ir comprendiendo la guerra y generando dispositivos para su degradación, pero también dispositivos para la propia creación de la paz como fenómeno humano. Paradójicamente, la paz depende y es independiente del surgimiento y la ausencia de la guerra; por tanto, no solo puede ser perpetua y equilibrada, sino también imperfecta e inestable.</p>
                <p>En ese sentido, los objetos guerra, violencias, conflictos y paz están siempre implicados en el arte de fundamentar el metaobjeto de la paz. Por ello, es muy necesario conocer la composición interna de cada objeto, su desenvolvimiento en la vida y los efectos que producen en esta en forma de desequilibrio. Los objetos implicados en la edificación de la paz no son objetos inertes; surgen y se constituyen a partir de la actuación humana y traen consigo eventos y acontecimientos cargados de orden, desorden, desequilibrios y catástrofes. La guerra parte de una decisión humana que conlleva a la degradación de lo más humano -la vida, la dignidad, el trato justo y la posibilidad de supervivencia- y que lleva consigo siempre desequilibrio, caos, desorden, desarmonía, barbarie e inhumanidad. La guerra en su operar es el reflejo de lo que no es la paz. Lo mismo pasa con las violencias y los conflictos irresueltos y prolongados en el tiempo: estos son la antinomia de la paz, mas no la paz.</p>
                <p>La guerra y las violencias en la construcción de paz deben ser los objetos-procesos marginales (negativos), y, más bien, la concordia, los acuerdos, la democracia y la eficiencia del Estado deben ser los objetos-procesos potenciales (positivos) capaces de contrarrestar y evitar el surgimiento de los anteriores. En este sentido, estos últimos tienen una superioridad científica, racional y moral, debido a su valioso aporte en la reinvención de la vida en sociedad, desde un tejido de experiencias no-violentas y justas.</p>
                <p>Llegar a comprender la paz como metaobjeto reservorio de distintos objetos a comprender, diluir, trasformar y ausentar implica dos procesos: primero, el de abrirse a una comprensión constitutiva de la paz bajo la relación de dinámicas ambivalentes  de desequilibrio-equilibrio, desorden-orden, evento catastrófico-evento pacífico, rupturas relacionales-aperturas relacionales y percepciones restringidas-percepciones democráticas, por un lado, y segundo, el resultante de ese vaivén de estados en compresión, por el otro. Estos sirven como dispositivos tanto para diluir, detener o trasformar lo que confrontan como para dotar de contenido a aquello que aspira instalar y cultivar. La paz no se pierde en la nebulosa del caos, sino que más bien lo usa a manera de espejo para delimitar sus vacíos, sus arrogancias y sus fundamentos nefastos. </p>
                <p>En segundo lugar, y en complemento a lo anterior, se debe abrir paso a la imaginación, la creatividad y la invención para crear puntos de inflexión, de tránsito y de apertura de senderos hacia nuevas posibilidades. <xref  ref-type="bibr" rid="r9">Lederach (2016</xref>) denomina a este momento curiosidad paradójica, que se refiere a la habilidad de buscar más allá de lo visible, de lo aparente o de lo ya establecido (p. 88). </p>
                <p>Por ello, los tránsitos e inflexiones para replantear el objeto-proceso complejo de observación de la paz deben partir de concebir el metaobjeto en su complejidad (objetos-procesos a diluir y objetos-procesos a fundar para vivencia) y deben tener la posibilidad de ser explicados desde un metaconcepto valle que integre los conceptos a trasformar y las nociones a forjar para fundamentarse a sí mismos. Esto se logra desde un metaproceso compuesto por poliprocesos y polifunciones capaces de encubar esos puntos de inflexión y tránsito hacia lo nuevo, lo emergente y la novedad cargada de lo más humano posible. Además, y aún más importante, la paz debe instituirse sin contratiempo desde el actuar humano en un metafenómeno capaz de provocar dilación, mutación y ausencia de las barbaries, y, a la vez, hacer posible el cultivo de la paz, la justicia, la dignidad, la libertad, la igualdad y el cuidado de la vida.</p>
                <p>El metaobjeto de la representación de la paz debe tener tres atributos: la trasformación y ausencia de aspectos negativos, la presencia y potenciación de aspectos positivos y, en ese ir y venir, una vivencia humana renovada.</p>
                <p>La paz, en ese sentido, es un ciclo complejo de dilación, deterioro, metamorfosis, ausencia, emergencia, presencia y evolución de nuevos procesos. En palabras de Edgar Morin, es un proceso autodesorganizador y autoorganizador para la evolución humana. Es, más bien, una turbulencia acogedora de desorden con creatividad. De ahí que la paz puede cambiar su representación y corpulencia cada vez que unas nociones dejan de ser opciones para resolver conflictos y otras se instalan como alternativas viables ante los nuevos retos (por ejemplo, el encuentro entre la paz negativa versus la dotación de contenido y sentido de la paz positiva); unos procesos se diluyen y otros se constituyen (la disminución de la confrontación y el incremento de pactos más allá de los actores en confrontación); unos fenómenos desaparecen y otros emergen (por ejemplo, la pobreza y marginación en decadencia por la presencia real y efectiva del Estado que las supera), y unas apatías colectivas decaen para dar paso a actuaciones masivas potenciales (por ejemplo, la pérdida de miedo a afrontar a los provocadores de la violencia por el ascenso a la exaltación y reverencia a la vida a través del arte, los medios de comunicación, las experiencias sociales, etc.). </p>
                <p>Lo clave es evitar dar por concluida la construcción del metaobjeto pacífico, pues en los diversos ciclos de reinversión, de exposición a la realidad y de internalización como experiencia humana siempre pasará por cambios de imaginarios, teorías, dinámicas, procesos y formas de interactuar humanos. En consecuencia, este no viaja por un recorrido equilibrado y sin novedades, sino, más bien, por uno altamente cambiante y renovador, porque son las diversas expresiones humanas las que le dan contenido y sentido. En la figura 1 es posible observar estas síntesis del metaobjeto pacífico:</p>
                <p>
                    <fig id="f1">
                        <label>Figura 1. La paz multidimensional y compleja</label>
                        <caption>
                            <title>Figura 1. La paz multidimensional y compleja</title>
                            <p>Fuente: Elaboración propia</p>
                        </caption>
                        <graphic xlink:href="art10_f1.png" position="anchor" orientation="portrait" />
                    </fig>
                </p>
                <p>Bajo esta lógica, la paz es, a la vez: un metaobjeto que hace uso de la comprensión de los fenómenos de guerra, violencia y conflicto como medio para fundarse y evolucionar como suceso emergente; un metaproceso constituido por poliprocesos y dinámicas capaces de diluir, trasformar y ausentar fenómenos, por un lado, y de fecundar sucesos emergentes para fundar, constituir, cultivar y hacer evolucionar fenómenos altamente pacificadores, por el otro; un metafenómeno capaz de convocar y poner en sintonía otros subfenómenos para transformarlos e inspirarlos a cooperar a tal intensidad de forjar subfenómenos emergentes y altamente novedosos para la evolución humana, y, finalmente, una metaexperiencia urdida por múltiples formas de pensar, concebir, hacer paz y hacer las paces. </p>
                <p>En este último aspecto, es clave comprender que la paz está encarnada en actos humanos múltiples y simultáneos. Es una metaexperiencia tejida en forma de telaraña perceptiva, emotiva y relacional que sacude e insta de manera continua y con suficiente fuerza al ser humano a crear un círculo dialéctico, simbiótico y simultáneo de eventos, sucesos, procesos y experiencias. La paz seguirá siendo siempre un asocio de “respuestas humanas que busca mayor grado de organización dentro de la especie y la mayor armonía con su medio” (<xref  ref-type="bibr" rid="r23">Muñoz, 2005</xref>, p. 33).</p>
                <p>Retomando el metaobjeto-proceso, hay que evitar que este se convierta en un programa o en una serie de acuerdos afanosos por llegar a la paz. Por eso, debe estar vinculado e influenciado por cuatro atributos más de la estructura compleja de la paz, para inducir su madurez a través del alcance de una mayor complejidad constitutiva, esto, siempre y cuando el metaobjeto esté expuesto a debate y dudas a través de los atributos que se explican a continuación.</p>
                <p>En primer lugar, debe pasar por el macroconcepto, entendido como el camino de conciliación y superación de los vacíos de las concepciones divididas, distanciadas e incomunicadas de paz. Esto se logra mediante el uso del mejor antídoto: involucrar en la reflexión y renovación conceptual a una gran diversidad de personas con pensamientos y experiencias distintas con el fin de renovar constantemente su contenido.</p>
                <p>Un segundo atributo es el macroproceso, entendido como el valle que reúne una serie de subprocesos permeados por ideas no jerárquicas, con tensiones entre sí, pero que están en cooperación y relacionamiento. Este es un valle en el que concurren diversos sectores, organizaciones, instituciones y colectivos para actuar en sintonía y en búsqueda de situaciones y procesos más estables, justos y dignificantes. </p>
                <p>En tercer lugar, pasa por el macrofenómeno, compuesto y vitalizado por aquellas dinámicas humanas que, más allá de lo programado, surgen de manera espontánea, esporádica, aleatoria, improvisada y continua en múltiples lugares, para facilitar de manera permanente la evolución humana. </p>
                <p>Por último, la macroexperiencia, entendida como la libertad y la capacidad humana de multiplicar procesos pacificadores, justos, dignificantes y reivindicadores de una sociedad civilizada, compone la síntesis vivencial de la paz.</p>
                <p> El macroconcepto</p>
                <p>Ya es sabido que el macroconcepto de paz no surgirá como resultado de la reflexión de una disciplina aislada, de una voluntad visionaria de un gobernante o de un activista comprometido. El macroconcepto tiene la única y valiosa posibilidad de surgir a partir de un encuentro-valle en el que se impliquen en asocio las disciplinas, las instituciones, el Estado y las experiencias de vida. Este valle convoca a la dialéctica humana y es capaz de crear un ecosistema de saberes a partir de las distintas perspectivas teóricas y vivenciales. Hay que entender el macroconcepto como el producto de una parvada de ideas multicolor y que constituye un sacudón de contenidos simultáneos e interrelacionados, los cuales son necesarios de integrar en el gran impulso para llegar a instituir la paz real y tangible. </p>
                <p>El macroconcepto de la paz es un llamado a la simbiosis, a la hibridación y a la ruptura de fronteras disciplinares, pero también a la ruptura de la jerarquía de la ciencia con otros saberes y a la decadencia de los conocimientos restringidos para dar paso a la democratización de estos. El macroconcepto es la convocatoria al reencuentro, al reconocimiento y al vínculo en distinción y potenciación de saberes plurales. No hay otra manera de conciliar lo que percibimos como humanos sobre la paz si no es a través del reconocimiento del significado de cada una de sus especificidades potenciales y, a su vez, de la posibilidad de asocio de estas para crear otras posibilidades que no pueden surgir de sus particularidades. En esencia, la paz debe ser un macroconcepto potentemente reconciliatorio y potenciador de saberes.</p>
                <p>En un inicio, la instalación del macroconcepto, más que instituir nuevas ideas, insta y convoca a reunir, distinguir, relacionar y encontrar puntos de disputa, quiebre y encuentro en la diferencia. Este busca encontrar la parvada de potencias. Por ello, evita a toda costa a disminuir la diversidad de ideas, a partir de su unificación, y, más bien, opta por el arte de unir en distinción las diversas nociones, para, a partir de ahí, potenciar emergentes perspectivas de paz y de lo humano. Bajo el macroconcepto, es posible que toda noción de paz sea acogida en un remolino creativo que la potencia en conjunto con otras y, a la vez, le permite abrirse hacia otras fuerzas emergentes que la reinventan. Esto es fundamental en la vida humana, pues contribuye a una real reconciliación de perspectivas perceptivas. </p>
                <p>La invención del macroconcepto no es fácil, pues la simbiosis de saberes nunca será un resultado armónico o fácil de llevar; más bien, pasará por la turbulencia creativa de las tensiones, los desacuerdos, las diferencias y las posturas contradictorias. En un comienzo, será un ciclón o una fuerte tempestad de ideas; sin embargo, solo a partir de ese desequilibrio opulento será posible detectar y reconocer que la paz en su esencia está repleta de atributos, principios, virtudes, funciones, dinámicas y experiencias que es necesario condensar a partir del reconocimiento de sus vínculos y diferencias potenciales. Solo a través de la dialéctica humana es posible llegar a un ecosistema de ideas de paz. Un ejemplo al respecto: el atributo de cesación del conflicto -propio de la paz minimalista- es complementario al atributo de la igualdad, equidad y trato justo -proveniente de la paz maximalista-, y estos dos no pueden existir sin el atributo de la experiencia humana, de la conciencia y de la razón abierta de la paz biográfica. </p>
                <p>Ahora, bajo esta escorrentía creativa, el macroconcepto, más allá de ser una idea novedosa, puede y debe instalarse como el camino colectivo no transitado de reflexión que conduce al replanteamiento y transición de las representaciones teóricas, subjetivas y perceptivas de discursos y experiencias. Su instalación tiene la capacidad de empujar las teorías hacia la transición, en la medida que deja al descubierto nuevos niveles de realidad con distintas contradicciones que deben ser resueltas e interpretadas (<xref  ref-type="bibr" rid="r11">Max-Neef, 2004</xref>). El macroconcepto reta a las teorías, las pone en disputa y logra definir puntos de encuentro que las concilian y las potencian en conjunto, muchas veces dando como resultado algo insólitamente potente. </p>
                <p>Su invención también será un llamado al diálogo interdisciplinar, un diálogo que procure superar la explosión y desconexión de las nociones con el fin de unirlas en distinción hacia un largo recorrido de fundar y cultivar el paradigma pacífico, para con ello superar el desencuentro entre el Estado, las instituciones y los ciudadanos plurales. Además, servirá para facilitar la detección, el reconocimiento y la potenciación de las experiencias humanas que dotan de sentido y vitalidad a la paz. La construcción del macroconcepto de paz implica llegar al encuentro creativo de todos los seres humanos desde distintos frentes y roles. </p>
                <p>La llegada al macroconcepto de paz es la llegada al consenso democrático de una idea novedosa, a esa visión común repleta de diversidad, a ese hilar enhebrado por cordones de distintos contenidos y dimensiones, en fin, a esa potencia humana multiplicada en fuerzas que devienen gracias a la conjunción-distinción de los atributos y contenidos diversos que la sustentan. Constituye la llegada al más alto nivel de comprensión, reconocimiento, conciliación y potenciación de nociones, perspectivas y sustentos en forma de asocio creativo y, con ello, sin tregua, la boleta de entrada al camino intenso y revelador de la conciliación de perspectivas humanas que fundan la paz. </p>
                <p>También es clave reconocer que todo acto de reflexión, vínculo, simbiosis y acogida de ideas emergentes es precedido siempre por la presencia del ser humano, siendo este el creador potencial del encuentro o de la turbulencia opulenta. El ser humano está allí, sin tregua, distinguiendo, uniendo, reconociendo, reinventando o inventando lo que aún no está explícito y que es necesario para la vida humana. De ahí que el macroconcepto tiene un doble propósito: primero, el encuentro de los seres humanos más allá de sus diferencias para poder, con su imaginación creativa, dotar de contenido y sentido a la concepción de paz, y segundo, el encuentro de las ideas en la diferencia, en la tensión, en la cooperación y en la provocación de emergencias con el mismo fin. El macroconcepto de paz es la epigénesis de la construcción de paz e implica el encuentro humano para edificarla sin jerarquía, sin restricciones y más bien haciendo posible una apertura democrática hacia los saberes. Es, entonces, la búsqueda continua de la alquimia de la paz y de lo más humano. </p>
                <p>Ahora, ahondando en esta perspectiva compleja de la paz, es sabido que el acto de representar el macroobjeto y el macroconcepto de paz no es suficiente para ausentar la guerra, las violencias y los conflictos, y menos para instituir la paz; sin embargo, estas categorías sí generan el fundamento, el entendimiento, la inspiración y el impulso positivo necesario para llevar estas dos dinámicas -una caótica y la otra inquieta- hacia el equilibrio, hacia un viaje de las ausencias y de las presencias múltiples de lo posible y más humano y hacia el entendimiento de los desequilibrios que hace posible la incubación continua de posibles equilibrios humanos. El macroobjeto y el macroconcepto son la antesala necesaria para emprender el viaje de transición de la dinámica de caos-catástrofe hacia la dinámica de turbulencia creativa del equilibrio restaurador, pacificador, justo y dignificante de la vida humana. </p>

            </sec>
            <sec>
                <title>El macroproceso</title>
                <p>Sin la reflexión y representación continua de aquello que es turbulento y a la vez potencial de equilibrio frente a un cambio significativo, será imposible asumir un viaje humano real y efectivo que conlleve a asumir el reto de ausentar con soporte suficiente aquello que es catastrófico y a instaurar como presencia potencial lo que es relevante. Esto se debe a que en este viaje no se está exento tanto de caos, aleas, variaciones e inseguridades como de órdenes, equilibrios, estados, plenitudes y referencias de aquello que va cambiando hacia un sentido más humano. Para ello, nos preparan el macroobjeto y el macroconcepto y nos impulsa el macroproceso, el tercer dispositivo que convoca al ser humano a actuar y abalanzarse hacia la paz con una convicción profunda de que esta es posible. El macroproceso no es más que la conjunción disímil de esfuerzos humanos. </p>
                <p>Si el macroobjeto reúne objetos múltiples y el macroconcepto asocia nociones y sus atributos para fundar un híbrido con mayor potencia, el macroproceso, por su parte, viaja hacia el mismo fin. La consolidación de este último ocurre a partir de tres dinámicas consecutivas: la primera consiste en lograr que su génesis se dé gracias al asocio de subprocesos, hurgando en el declive de estados de desorden y caos e instalándose como la temperatura capaz de evitar el avivamiento de la guerra, las violencias y los conflictos. La segunda ocurre cuando los anteriores subprocesos dejan de interrelacionarse con el único fin de ausentar la guerra y giran su órbita de acción hacia la producción de potencias en forma de sistemas de justicia, dignidad, igualdad, transparencia, cuidado de lo público y democracia que coadyuvan al cultivo de la paz. Por último, en la tercera, fruto de esa interacción continua, se va urdiendo de forma inacabada un tejido de elementos y procesos activos, en operación y con autorreferencia, en forma de intercomunicaciones que dan paso a la constitución del sistema pacífico.</p>
                <p>El macroproceso es la autoorganización humana basada en las relaciones múltiples entre individuos que producen una unidad compleja o sistema que pronto se dota de cualidades y dinámicas que superan la actuación individual. De esta manera, se le asegura a la paz, como sistema complejo, la posibilidad de duración, adaptación y evolución, aun a pesar de las perturbaciones aleatorias (<xref  ref-type="bibr" rid="r17">Morin, 1997</xref>, p. 126).</p>
                <p>El macroproceso tiene la habilidad de fundarse al integrar como parte de sí los subprocesos múltiples existentes -instituciones, el Estado, centros de investigación, etc.- y los provocados en emergencia -justicia transicional, desarrollo local, etc.- como fruto de la interacción interna y externa. De igual forma, se nutre de la dialéctica de la comprensión y el afrontamiento del desorden y el caos (propios de las confrontaciones), de la institución de dinámicas de orden y equilibrios (propias de la fundación de la paz) y de la escorrentía de estados a ausentar o diluir a partir de la innovación de nuevas dinámicas a provocar, fecundar e instalar.</p>
                <p>La tensión, interrelación y cooperación polifónica de los subprocesos múltiples y simultáneos es la condición sine qua non para crear el cuerpo corpulento del macroproceso, y, a la vez, es la corpulencia del macroproceso lo que potencia la tensión, interrelación, polifonía y simbiosis de los subprocesos múltiples existentes o por fundar en un viaje en continua conjunción y sinergia. En ese sentido, el macroproceso es una constitución emergente que parte del asocio de múltiples dinámicas que, al interactuar en distinción y al poner en juego sus potencias, logran la fundación y la potenciación de su estructura autorreferenciada. Es decir, como macroproceso emergente, es capaz de conducir y hacer evolucionar al ser humano y a sus realidades problemáticas hacia otras más tolerantes, legítimas y justas. De ahí que la multiplicidad de subprocesos interrelacionados en distinción y reconocimiento de sus potencias será siempre la clave funcional y operacional que conduzca de forma certera y efectiva a la creación de un halo de trasformación de la guerra, de las violencias y de los conflictos, a través del cultivo de la paz. </p>
                <p>El macroproceso, al reunir y poner a trabajar en asocio y de manera sinérgica los poliprocesos múltiples, no solo logra la conjunción diversa de estos, sino también su reivindicación y la potenciación de variadas concepciones de paz que hacen posible la activación de cada subproceso. Es decir, el macroproceso está íntimamente ligado con el macroconcepto, ya que hay una necesidad de producción en relación y vínculo continuo entre los dos dispositivos trasformadores. </p>
                <p>A manera de ejemplo, si la implementación de la paz requiere de la convergencia de unos acuerdos entre actores en confrontación (paz minimalista), de la presencia del Estado en los territorios como garante de los derechos y de la superación de la desigualdad y la pobreza (paz maximalista), así como de la construcción sistemática de memoria histórica, de acceso a la verdad y restauración de los daños dejados por el conflicto (paz biográfica restauradora), es necesario volver al macroconcepto para reinventar su representación y así asumir con efectividad estos retos. </p>
                <p>Lo mismo ocurre cuando las concepciones de paz son internalizadas y puestas en marcha por la sociedad desde una lógica de vínculo, combinación y cooperación. En esos tiempos-espacios es necesario acoger la novedad como un llamado a una nueva visión de paz y de sujetos.</p>
                <p>Por otra parte, la representación del macroproceso, constituido por el conjunto de subprocesos dotados de atributos inherentes a las polinociones de paz, le concede al cuerpo autoestructurado una mayor capacidad de trasformación humana. La corpulencia del macroproceso es fruto de la simbiosis de los atributos y funciones de las diversas nociones integradas. En este sentido, su motor funcional está compuesto tanto por los atributos de cada una de las nociones como por aquellos otros atributos resultantes de su asocio.</p>
                <p>Hoy sabemos que muchas de las nociones pueden estar en marcha a través de procesos específicos, aislados y munúsculos como intentos dignos de resistencia a la barbarie humana; sin embargo, es necesario convocar al diálogo para poder lograr el propósito de crear un escenario favorable para el surgimiento del macroproceso pacífico. En este sentido, hay que imaginar y representar los subprocesos como constelaciones que orbitan hacia un mismo propósito: fortalecer un macroproceso como plataforma para la construcción de una paz más humana y justa, pues, de lo contrario, el sistema no tendrá asidero. </p>
                <p>Desde otro nivel de realidad, es clave recordar que los subprocesos existentes son parte de la innovación humana y que, por tanto, no devienen de dinámicas aisladas, pues hacen parte de subsistemas humanos en marcha, muchas veces listos o disponibles para ser potenciados o reinventados en procura de mejorar su operación y finalidad. Es decir, muchos de sus elementos constitutivos están a la mano para ser integrados en la fuerza de la paz, y el macroproceso -a diferencia del metaproceso- debe asociar lo disponible y poner en simbiosis lo múltiple existente, por un lado, y convocar e imaginar lo inexistente o crear lo que aún no está para dotarse de otro tipo de sustancias en su constitución, por el otro. Entre los subprocesos disponibles puede estar la justicia por mejorar, y entre los que aún no están descritos y disponibles, se encuentra la urgencia de una justicia transicional.</p>
                <p>Bajo esta lógica vinculante de lo diverso que genera corpulencia, el macroproceso adquiere la capacidad de convocar, reunir e influenciar distintos subsistemas instituidos por el ser humano, tales como el Estado, la justicia, la democracia, la economía, la política y la ciudadanía, con el fin de iniciar un viaje consensuado, pero no exento de variaciones y desequilibrios. En su operar, el macroproceso logra conciliar e inducir al trabajo sinérgico de las nociones, de los subsistemas de vida humana, de los poliprocesos y, en consecuencia, de los distintos actores que se movilizan por cada uno de esos senderos de cultivo humano. </p>
                <p>Por lo tanto, es posible afirmar que el macroproceso, en ese viaje en el que liga lo que lo nutre, va adquiriendo una estructura autoorganizada. Esta estructura es fruto de las interacciones, vínculos y dinámicas en forma de experiencias y acontecimientos que conducen a superar la guerra, las violencias y los conflictos y, a la vez, permiten dotar a la paz de contenido, sustento y capacidad autorreferencial. El operar del macroproceso es la potencia necesaria para la ausencia de todo aquello que produce daño, para la instalación de su propia presencia, para el encuentro e interacción con el entorno y para la evolución de los otros subsistemas con los que interactúa para instalarse. En otro sentido, su estructura autoorganizada surge solamente de la representación compleja de sus contenidos, de las potencialidades combinadas, de la capacidad de edificar y cultivar su autorreferencia, de la relación trasformadora de los subsistemas de vida humanos y de las relaciones múltiples entre seres humanos. Es decir, es resultado de su capacidad de poner en sintonía los vínculos necesarios para la emergencia del sistema.</p>
                <p>Desde las ideas de <xref  ref-type="bibr" rid="r14">Morin (1977</xref>), el metaproceso es, a la vez, la propia autoorganización humana, pues es un proceso en el que el ser humano adquiere la capacidad de “transformar, producir, reunir, mantener los vínculos y las relaciones” (p. 126). </p>
                <p>El macroproceso, mediado por la autoorganización, al fundarse desde una fuente que potencia lo múltiple y lo interrelacionado, siempre estará incitando la simbiosis práctica de las nociones de paz, de subprocesos, de subsistemas humanos en evolución y cambio constante, de dinámicas y experiencias humanas e incluso de lo caótico que afronta, a tal intensidad y simultaneidad de empuje que la estructura autoorganizada y autoorganizadora de su corpulencia adquiere movilidad propia. Esta estructura se autoproduce a partir de las dinámicas múltiples entretejidas y se autoperpetúa al dinamizar los propios poliprocesos y al hacer surgir otros novedosos subprocesos que le dan vitalidad, corpulencia y consistencia para afrontar las contingencias. De ahí la necesidad de evitar jerarquizarla, someterla a una programación restringida, limitar o impedir las múltiples influencias humanas en su construcción o recortar contenidos y trayectos, pues, si ello ocurriera, se reducirían su corpulencia, su potencia, su funcionalidad y, por ende, su impacto en la realidad. </p>
                <p>Precisamente, es la constitución diversa del macroproceso y la continua interacción entre sus elementos lo que realmente puede provocar la autoorganización de la paz, dotada con los suficientes atributos y funciones para interactuar, influenciar y trasformar los subsistemas humanos necesarios para su consolidación, fundación, desarrollo y evolución. Precisamente, es la integración de poliprocesos la que abre el escenario preciso para ausentar lo bélico, ampliar la democracia y reinventar el Estado, la justicia, el desarrollo, la construcción territorial, la potenciación de la ciudadanía, la germinación de experiencias de paz, la reconciliación, la concordia, el perdón, la convivencia y el trato justo. El tejido construido a partir de múltiples subprocesos interrelacionados es lo que aviva un proceso mayor capaz de influenciar los subsistemas de vida humana a favor de la potenciación de la paz. </p>
                <p>La constitución dinámica y cambiante es un viaje por la innovación interna de contenido, estructura e identidad, en diferenciación a la barbarie. Al mismo tiempo, es un viaje externo autorreferenciado, consistente y con capacidad de trasformar fenómenos humanos y de seguir fecundando su propia presencia real, sostenible y sentida. Sin interacciones internas y externas, la paz no puede surgir como fenómeno humano. Sin autorreferenciación a partir de su estructura autoorganizada, la paz como fenómeno humano puede fácilmente diluirse entre lo que confronta y lo que aspira trasformar y hacer evolucionar.</p>
                <p>El macroproceso es el camino reflexivo y de actuación humana capaz de provocar sus propios procesos de referenciación e identidad y de llevar a la simbiosis los subprocesos humanos en favor de una reimaginación y refundación de paz abierta, abarcativa y en evolución.</p>

            </sec>
            <sec>
                <title>El metafenómeno</title>
                <p>El metaproceso es el viaje más seguro hacia el cultivo de la paz como fenómeno humano, pues su fundación no está alejada de los subsistemas existentes, sino que, más bien, está en continua interacción e influencia con estos. El metaproceso crea las condiciones para que el fenómeno de la paz se autoafiance y autorreproduzca, aun a pesar de las contingencias ocasionadas por desequilibrios, aleas y nuevas crisis. Es precisamente la dinámica del metaproceso pacífico que se funda hacia adentro (como reinvención de un nuevo fenómeno humano) y en interacción con el contorno (como acople y permanencia ante lo que busca aliar, integrar y trasformar) lo que facilita el surgimiento del metafenómeno pacífico.</p>
                <p>A razón de lo anterior, la paz jamás surgirá como un proceso aislado e independiente de otros sistemas humanos, sino que, más bien, es un proceso que surge a partir de la necesidad de cambio y evolución de estos. Por tanto, su surgimiento parte de la interacción diferenciada o autorreferenciada con estos, pero sin posibilidad de disolución de sí en la interacción. Es un fenómeno humano que va apareciendo a partir de la integración y ampliación de sus elementos constitutivos, de su puesta en escena y de sus ajustes y reinvenciones, siempre en relación con el contorno. Esto se puede ver en Colombia, donde el acuerdo con las FARC conllevó a la reinversión y ampliación de la justicia, a la reimaginación del operar del Estado en los territorios y al cambio del sistema de confrontación por sistemas de diálogo y negociación. </p>
                <p>La paz, haciendo uso de las ideas de <xref  ref-type="bibr" rid="r19">Morin (2007</xref>), es un metafenómeno multidimensional nutrido por el vínculo entre los mundos físico, cerebral, mental, psicológico, social, cultural, político y económico (p. 121). No es más que el conjunto de poliacciones humanas intercomunicadas y capaces de inducir cambios -tanto perceptivos como relacionales- que conducen con ahínco hacia nuevos pactos sociales, políticos y económicos que implican la trasformación del Estado y de sus instituciones. </p>
                <p>El macrofenómeno es la sumatoria de las capacidades e interacciones de los ciudadanos, investigadores, activistas sociales e instituciones y de los vínculos diversos en las ciudades y territorios. Por ello, hay que estar alerta a su constitución vía múltiples reinvenciones de lo existente y de otros subsistemas sociales, culturales, políticos, ambientales e institucionales que hacen posible su emergencia sólida. En su aparecer, se ausenta y hace presencia, y adquiere en el recorrido su propia composición, estructura, autoorganización, interacción y adaptación ante lo que confronta y ante los otros subsistemas que pretende asociar y hacer evolucionar. </p>
                <p>Mientras el macroproceso es planeado e influenciado, el macrofenómeno es la fuerza superior resultante que aparece de manera potente y espontánea, esporádica, libre y casi poco programada. </p>
                <p>En consecuencia, entre más poliprocesos hagan parte del cuerpo del sistema pacífico y más subsistemas humanos lo potencien, más viable será la fundación y consolidación del fenómeno pacífico; entre más corpulencia adquiera bajo el asocio de lo múltiple, mayor movilidad trasformadora tendrá, y entre más seres humanos integren sus esfuerzos y experiencias, el fenómeno pacífico se instalará cada vez más. </p>
                <p>El metafenómeno pacífico no puede existir sin un cuerpo autoestructurado, autoorganizado y autorreferente capaz de reconocer que está en construcción desde una masa crítica. Esto se debe a que son los múltiples actores que funcionan en red y simultaneidad los que le van proveyendo atributos y funciones múltiples e interconectadas para que este a su vez pueda soportar todas las interacciones necesarias para su constitución, obtención de madurez y evolución frente a los otros subsistemas con los que interactúa. Es precisamente su cuerpo autoestructurado y autorreferente, netamente humano, lo que le permite integrarse al más amplio ecosistema para transformarlo.</p>
                <p>Este metafenómeno puede estar representado en la ramificación continua y simultánea de interacciones y vínculos entre los seres humanos, los cuales solo pueden ocurrir en escenarios diversos (institucionales, académicos, sociales, políticos, económicos, culturales, etc.). Precisamente, son las interacciones humanas múltiples las que generan redes de innovación de una noción, estrategia, experiencia, propósito y sentido. Las interacciones y los espacios van juntos; no son dos dinámicas desprendibles. Las interacciones tienen sentido y asidero en espacios concretos, y estos últimos se tornan simbólicamente pacíficos y renovadores gracias a las interacciones novedosas -por ejemplo, los muros de la verdad son testimonio de las víctimas y, a la vez, lugares resignificados para el reconocimiento de daños-. En consecuencia, la simbiosis de interacciones, vínculos, pactos, experiencias y acontecimientos humanos es lo que concede vitalidad y sostenibilidad a los subprocesos en interacción, al macroproceso y a la paz como sistema. </p>
                <p>El macrofenómeno es la encarnación de la actuación humana desde lo múltiple en simultaneidad y potencia. Por consiguiente, la paz siempre será una conjunción de decisiones-actos en continua construcción y reinversión, en la que es precisamente la inventiva humana el punto de salida, el recorrido y la llegada al nuevo paradigma de interpretación y comprensión de la paz. La paz es un legado cultural que se funda entre los seres humanos y nos hace más humanos, y por ello hay que seguir buscando sin contratiempo nuevos contenidos y significados que la doten de otras corpulencias y funcionalidades para afrontar no solo las crisis, sino también los retos que inspiran a evolucionar.</p>
                <p>El macrofenómeno tiene como antesala el macroproceso, que fue acarreando una inmensa red de potentes relaciones humanas reinventadas. Estas relaciones hacen posible la integración y cooperación contributiva de subprocesos y subsistemas existentes, además de la incubación de otros nuevos, con el fin de influenciar la reinversión de nuevos ciclos de interacción a manera de recuperación de la dignidad relacional, del compromiso respetuoso, del reconocimiento legítimo de los otros, de la reconciliación, de la aceptación de responsabilidades, etc. </p>
            </sec>
            <sec>
                <title> La macroexperiencia</title>
                <p>La macroexperiencia es el núcleo central de la paz; es lo que hace posibles los demás elementos de la estructura compleja de la paz. Es, además, la capacidad humana de implicarse de manera continua en la compresión, reinvención y vivencia del macroobjeto, el macroproceso y el macrofenómeno. Es la recuperación, reconocimiento y potenciación del ser humano experiencial en potencia. Es el viaje humano hacia un conocimiento civilizatorio -la paz- y, a la vez, al autoconocimiento humano transformador (<xref  ref-type="bibr" rid="r15">Morin, 1984</xref>, p. 37). </p>
                <p>Volvamos un poco hacia atrás. El reconocimiento de la importancia del macroobjeto es una experiencia científica, pero también debe ser una experiencia política y social fundamental para democratizar la comprensión de la búsqueda de una paz compleja. Muchas veces, la sociedad tiene claros los sucesos y hechos en forma de argumentos para exigir ese macroobjeto complejo cuando en sus demandas afirma que la paz es el acuerdo no solo entre enemigos, sino entre el Estado y la deuda histórica con las violencias estructurales (desigualdades). Por consiguiente, su representación permite asumir nuevas formas no solo de investigar, sino también de percibir y ver el mundo a través de la creación de otras nociones conceptuales, categorías y formas de observación (<xref  ref-type="bibr" rid="r8">Kuhn, 1971</xref>). El macroobjeto de la paz no es una noción a discutir entre círculos privilegiados; más bien, busca ser una noción a discutir y reinventar de forma ampliada dentro de la sociedad. Un ejemplo es la comunidad de paz de San José de Apartadó. 	</p>
                <p>Esta comunidad, ante el intento de un nuevo control territorial de los paramilitares, y sabiendo que autónomamente la zona había sido declarada como humanitaria, retuvo a los sujetos, incautó y destruyó sus elementos de guerra y entregó a los actores a la Fiscalía. Así fue descrito el acto pacífico por el defensor del pueblo como testigo: </p>
                <p>Doy fe de este acto simbólico con el cual &#091;la&#093; comunidad de paz expresa su rechazo a la guerra. Acepté ser testigo de esta decisión autónoma de la comunidad, porque es un acto valeroso, que evidencia su compromiso con La Paz de Colombia, que espero inspire estos momentos aciagos. (Molano, 2018)</p>

                <p>Por su parte, el macroproceso no puede ser solo explicado y comprendido desde la conjunción-distinción de subprocesos inherentes a subsistemas humanos jerárquicos, sino también desde la implicación de la sociedad como sistema complejizante. El macroproceso es producto de distintos circuitos humanos interconectados cada vez más flexibles y creativos ante el reto de generar transiciones no solo de las dinámicas humanas en conflicto, guerra y violencia, sino también de las dinámicas de exclusión, desigualdad, restricción de oportunidades, limitaciones políticas, injusticias y falta de presencia institucional y de gobernanza. El macroproceso es el tejido en red de circuitos de actuación humana para crear condiciones que facilitan la ausencia de lo bélico y a la vez la presencia de justicia, democracia, legitimidad política y potenciación de lo público; es decir, sirve para tejer las distintas apuestas concretas e intercomunicadas de construcción de paz para trasformar la realidad. </p>
                <p>En el mismo sentido, el macrofenómeno pacífico siempre seguirá siendo el resultante continuo de la red de tejidos intercomunicantes que los seres humanos logran consolidar con el fin de ausentar la barbarie y provocar la presencia del cultivo de la paz. El macrofenómeno, como entretejido de experiencias humanas simultáneas, es el resultante más humano que lleva a la evolución.</p>
                <p>En consecuencia, la macroexperiencia es la integración de múltiples acciones y experiencias humanas capaces de abrir un camino de reinvención de la paz a nivel conceptual, perceptivo, conductual y relacional en distintos lugares, epicentros, subprocesos y subsistemas que dan contenido y consistencia al sistema pacífico. Esto se debe a que solo la experiencia democratizada de la paz puede llegar a convertirse en el motor de la regeneración continua de lo político, de las relaciones, del poder, del pensamiento, de la ética, de la moral, de la conciencia, de lo social y de la vida misma (<xref  ref-type="bibr" rid="r21">Morin y Delgado, 2016</xref>, p. 9). Solo la experiencia humana investida de concordia y de reconocimiento del otro y capaz de potenciar lo justo y de reclamar lo necesario hace posible una doble trasformación de la realidad y del sujeto que hace posible esa mutación.</p>
            </sec>
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        <sec>
                <title> Discusión </title> 
                <p>La forma de concepción y representación actual de la paz sigue acompañada por un conocimiento simplificador, capaz de dividir y reducir tanto sus contenidos y fines como la misma realidad problemática que afronta. Esta concepción ha centrado su investigación en la comprensión de los objetos-procesos negativos (guerras, violencias y conflictos prolongados) y ha desatendido los objetos-procesos positivos (la trasformación de los conflictos y el cultivo de la paz). Por consiguiente, ha descuidado las potencias del sujeto-proceso de la paz. Adicionalmente, ha centrado sus finalidades en la ausencia de la guerra y las violencias (paz negativa) y, con ello, ha soslayado otros fines más visionarios, como la presencia de dispositivos de igualdad, justicia, equidad, democracia y construcción de Estado de derecho y derechos humanos, que en esencia son los dispositivos reales y prácticos que integran la paz.</p>
                <p>El resultado de reducir los contenidos de la paz se puede ver en los tratamientos cortos y de baja duración y en los procesos mutilados al tamaño del objeto fragmentado que se observa y al fin restringido que se persigue. Los procesos solo afrontan de forma especializada la punta del iceberg -la violencia directa ocasionada por lo bélico- y poco profundizan en sus orígenes, aquellos estados que están en el fondo de la hondonada y que tienen que ver con la violencia estructural, ideológica, política y cultural del Estado y con los círculos sociales de poder. Los procesos solo buscan diluir los objetos-procesos negativos de la paz y, en el esfuerzo ingente, no logran ser suficientes para tal reto y menos para comenzar a inventar y posicionar como presencia los objetos-procesos positivos y trasformadores de la paz. </p>
                <p>Por ese camino trillado seguimos, usando el mismo tratamiento, y poco recurrimos a usar otra alternativa, a navegar en otro sentido. Seguimos afrontado los veintidós conflictos bélicos existentes en el mundo con el mismo tratamiento y sin la posibilidad de reinventar las maneras de diagnosticar y definir una solución más integral al asunto de preocupación global. Por ello, la inclinación más creativa de esta reflexión va hacia dejar algunos cimientos para la apertura de un camino complementario, a manera de llamado a retomar la imaginación científica -encontrar un nuevo paradigma-, la imaginación moral -reconstruir relaciones y vínculos no violentos y asumir con creatividad lo desconocido- y la imaginación sociopolítica -generar apuestas simultaneas que aporten al nuevo enfoque-. </p>
                <p>De ahí que, para superar esas restricciones y representaciones limitadas, se procuró abrir una vía alterna y con la firme intención de aportar al nuevo reto de repensar la representación de la paz como un sistema complejo. Como preámbulo hacia ese propósito, se dio apertura imaginativa a cinco dispositivos interrelacionados que pueden explicar ese nuevo paradigma pacífico. Hay que aclarar que estos dispositivos no podrán surgir sin el previo asocio de la ciencia -a través de la vinculación de sus disciplinas-, del Estado -al reinventar su deber-ser social-, de las instituciones -mediante su presencia y eficiencia- y de la sociedad -en su capacidad como multiplicadora de experiencias de paz-. Sin una concurrencia activa, creativa, imaginativa y reinventada, será imposible romper y superar la tautológica dosis mínima de la paz minimalista y avanzar hacia la paz maximalista, trasformadora, biográfica, implicada y responsable.</p>
                <p>El primer dispositivo busca romper con la reducción del objeto de estudio-negativo de las ausencias (guerra-violencia) y tiene que ver con el metaobjeto que integra en distinción tanto el objeto-negativo como los objetos-positivos (trasformación de conflictos, paz, Estado, democracia, desarrollo local, derechos humanos, igualdad, diversidad, etc.). La ampliación de la representación del objeto con sus múltiples dimensiones es clave para devolver la corpulencia a la concepción compleja de la paz como proceso humano en continua construcción.</p>
                <p>En complemento, el dispositivo de fundamentación del macroconcepto tiene como propósito superar la división y distanciamiento de las nociones y perspectivas de paz a través de la representación de esta como el valle capaz de convocar las diferentes nociones y perspectivas a diálogos-distinción, simbiosis y cooperación, con el fin de fundamentar y promover el cultivo de la paz en toda su complejidad. Busca, además, establecer el vínculo de las nociones existentes, con el fin de devolver el tejido complejo tanto a la realidad como a la paz, que tienen que afrontar esa realidad problemática.</p>
                <p>Por su parte, el metaproceso funciona como nicho sistémico capaz de integrar múltiples vínculos y relaciones humanas en forma de subprocesos y subsistemas de interacción en continua trasformación. Esto se logra a través de la reinvención de lo humano más allá de la simple superación de las violencias y optando por asumir procesos justos, igualitarios, equitativos y potenciadores de las capacidades y experiencias humanas desde distintos frentes. </p>
                <p>En tercer lugar, y como resultado de los dispositivos anteriores, es necesario reconocer que hay fenómenos interrelacionados que hacen parte de la realidad compleja, caótica y conflictiva y que, por tanto, la paz debe fundarse como el metafenómeno capaz de unir subfenómenos propios de lo humano para poder comprender y lidiar con las múltiples realidades. Es decir, el metafenómeno debe ser capaz de tejer en continuidad las dinámicas investigativas, académicas, del Estado, de las instituciones, de los organismos internacionales y de la sociedad civil enfocadas a la construcción y cultivo de la paz desde distintas perspectivas. Su enfoque consiste en contrarrestar la idea y la práctica de creer que la paz es un pacto o programa.</p>
                <p>Finalmente, la metaexperiencia surge como la aplicación de experiencias de paz y de la concurrencia, vínculo y cooperación de estas, sin jerarquías ni restricciones. Tiene que ver, además, con la complejidad que explica Morin, que consiste en tejer las experiencias y los conocimientos desde lo múltiple y lo heterogéneo en distinción y potenciación. Se trata, entonces, de tejer desde los procesos existentes en cooperación, aun a pesar de las contradicciones, y desde los procesos emergentes que llevan a la evolución de los procesos existentes. Bajo esta lógica, la experiencia deja de estar restringida a un gobernante o a un activista social y se vuelve la experiencia humana de la paz. </p>
                <p>Por consiguiente, la paz siempre será una creación y experiencia humana múltiple y multifacética.</p>
        </sec>
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			<title>Referencias</title>
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