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				<journal-title>Diálogos de saberes N° 61 - eISSN 2619-3744</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Diálogos de saberes</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Universidad Libre de Colombia</publisher-name>
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					<subject>Artículos</subject>
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				<article-title>La historiografía y la fascinación por las generalizaciones<xref ref-type="fn" rid="fn1">
					<sup>1</sup>
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				<trans-title>Historiography and the fascination with generalizations</trans-title>
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					<surname>Torrejano Vargas</surname>
					<given-names>Rodrigo Hernán</given-names>
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			<label>2</label>
			<institution content-type="original">Magister en historia, Universidad Externado de Colombia. Licenciado en Ciencias Sociales, Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Investigador asociado de Minciencias. Miembro del Grupo de Investigación Derecho Público y Sociedad de la Corporación Universitaria Republicana – Bogotá D.C., Colombia. ORCID: 0000-0002-2672-9831 CvLAC: https://scienti.minciencias.gov.co/cvlac/EnRecursoHumano/query.do; Google Scholar: https://scholar.google.es/scholar?hl=es&amp; as_sdt=0%2C5&amp; q=rodrigo+hernan+torrejano</institution>
			<institution content-type="normalized">Corporación Universitaria Republicana</institution>
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		<pub-date date-type="pub" publication-format="electronic">
			<day>31</day>
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			<year>2024</year>
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		<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
			<season>Jul-Dec</season>
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		<issue>61</issue>
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				<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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		<abstract>
			<title>Resumen</title>
			<p>El artículo presenta una reflexión historiográfica acerca del reto intelectual que deben sortear los historiadores y otros investigadores de las ciencias sociales cuando buscan respuesta a una o a una serie de preguntas relacionadas con la naturaleza y el comportamiento de un amplio y caleidoscópico conjunto entrecruzado de fenómenos sociales en el tiempo y espacios específicos, que van entre las causas de la desigual distribución del ingreso y la riqueza, hasta las representaciones e imaginarios sociales presentes en el seno de una comunidad frente a aspectos tales como el sentido de vergüenza y pudor. En especial, el reto de la dosis de abstracción que el historiador está dispuesto a aplicar sobre una masa amorfa de fenómenos, la cual lo puede llevar cerca o lejos de su base empírica.  </p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="es">
			<title>Abstract </title>
			<p>The article presents a historiographical reflection on the intellectual challenge that historians and other researchers in the social sciences must overcome when seeking answers to one or a series of questions related to the nature and behavior of a wide and kaleidoscopic set of intertwined social phenomena in specific times and spaces, ranging from the causes of the unequal distribution of income and wealth to the social representations and imaginaries present within a community in relation to aspects such as the sense of shame and modesty. In particular, the challenge of the dose of abstraction that the historian is willing to apply to an amorphous mass of phenomena, which can take him close to or far from its empirical basis. </p>
		</trans-abstract>
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			<title>Palabras clave:</title>
			<kwd>historiador</kwd>
			<kwd>historiografía</kwd>
			<kwd>hipótesis</kwd>
			<kwd>abstracción</kwd>
			<kwd>generalización</kwd>
			<kwd>narración</kwd>

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			<title>Key Word:</title>
			<kwd>historian</kwd>
			<kwd>historiography</kwd>
			<kwd>hypothesis</kwd>
			<kwd>abstraction</kwd>
			<kwd>generalization</kwd>
			<kwd>narration</kwd>

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	<sec sec-type="intro">
		<title>1. Introducción</title>
		<p>Heródoto de Halicarnaso (485-424 a. C.) fue un historiador griego “que no se contenta con narrar, sino que señala las causas de los acontecimientos y busca el sentido profundo de la evolución histórica” <xref ref-type="bibr" rid="B16">(Fontana, 1982, p. 19)</xref>, fue amigo de las explicaciones generales y, por supuesto, de la formulación de hipótesis. Tucídides (460-400 a. C), historiador griego coetáneo de Heródoto, fue, a diferencia de su colega, amigo de la narración detallada y precisa de los acontecimientos, sobre todo, de los hechos de gobierno y de guerra de las clases dominantes <xref ref-type="bibr" rid="B16">(Fontana, 1982, p. 20)</xref>. En el relato estaban desterrada la hipótesis.</p>
		<p>Mucho tiempo después, a principios del siglo XVII, el filósofo inglés Francis Bacon criticaría a los escritores empiristas, “que, como hormigas, se limitaban a copiar datos” <xref ref-type="bibr" rid="B7">(Burke, 2009, p. 37)</xref> y a los escritores teóricos, “arañas cuyas telas tenían su origen en ellas mismas” <xref ref-type="bibr" rid="B7">(Burke, 2009, p. 37)</xref>. En lugar de la estrategia metodológica de empiristas y teóricos, Bacon, explica Peter Burke, aconsejaba el ejemplo de la abeja, “que busca materias primas, pero también las transforma” <xref ref-type="bibr" rid="B7">(Burke, 2009, p. 37)</xref>.</p>
		<p>Dos siglos adelante, el filósofo francés Auguste Comte (1798-1857) anotaría que los historiadores, en palabras de Bacon, son escritores empiristas, seducidos por “la curiosidad irracional de los ciegos compiladores de anécdotas estériles” <xref ref-type="bibr" rid="B7">(Burke, 2009, p. 25)</xref>. Los historiadores, en opinión de Comte, eran recaudadores de información variopinta seleccionada sin aplicar ningún criterio científico. El trabajo teórico, vinculado con el método científico y la formulación de hipótesis venia por cuenta de la sociología. Él filósofo ingles Heber Spencer (1820-1903) compartiría este punto de vista de Comte, al declarar que “la sociología se situaba frente a la historia tal como un edificio se yergue en relación con los montones de piedras y ladrillos de su torno” <xref ref-type="bibr" rid="B7">(Burke, 2009, p. 25)</xref>.</p>
		<p>En el mismo siglo XIX, Karl  Marx (1818-1883) y Friedrich  Engels (1820-1895), plantearían el enfoque de la historiografía materialista, basado en la premisa de que el primer hecho histórico es la “producción de los medios indispensables para la satisfacción de necesidades, es decir, la producción de la vida material misma” <xref ref-type="bibr" rid="B19">(Marx y Engels, 1987, p. 28)</xref>, y que, como parte consustancial de este primer hecho histórico, surge la “procreación y relación con otros individuos, hay una relación social” <xref ref-type="bibr" rid="B19">(Marx y Engels, 1987, p. 30)</xref>. El científico social — en este caso, el historiador — debe escudriñar, relacionar y explicar en el tiempo las diferentes formas de producción de la vida material y las relaciones sociales que se tejen a partir de esta certeza material. Para los fundadores del materialismo histórico el juego historiográfico no solo explica, sino que también sugiere hipótesis.</p>
		<p>A principios del siglo XX, Marc Bloch (1886-1944), historiador francés, cofundador del movimiento de los Annales estableció que “las únicas ciencias auténticas son las que logran establecer entre los fenómenos unos nexos explicativos” <xref ref-type="bibr" rid="B1">(Bloch, 2018, p. 16)</xref> y que, el historiador, por tanto, debe sugerir “en lugar de una simple enumeración sin relaciones y casi sin límites, nos permita una clasificación racional y una progresiva inteligibilidad” <xref ref-type="bibr" rid="B1">(Bloch, 2018, p. 46)</xref>, una respuesta contundente contra todos aquellos pensadores que como Comte y Spencer situaban la historia por fuera del ámbito de las ciencias dado su prurito por narrar sin pretensiones de inteligibilidad.</p>
		<p>Marc Bloch junto con el historiador Lucien Febvre (1878-1956) insistieron en que el objetivo del historiador es comprender el pasado y comprender es establecer entre los fenómenos vínculos explicativos <xref ref-type="bibr" rid="B1">(Bloch, 2018)</xref>. “comprender, pues, nada tiene de actitud de pasividad. Para hacer ciencia, siempre se necesitarán dos cosas: una realidad, pero también un hombre… como todo científico… el historiador elige y clasifica. En una palabra, analiza” <xref ref-type="bibr" rid="B1">(Bloch, 2018, p. 143)</xref>. Los fundadores de los Annales trabajaron por reivindicar el oficio de historiador aceptando la impostergable invitación por la inteligibilidad. El historiador “elige y expurga, ordena racionalmente una materia, cuya recepción pasiva solo conducirá a negar el tiempo y, por tanto, la historia misma” <xref ref-type="bibr" rid="B1">(Bloch, 2018, p. 27)</xref>.</p>
		<p>El movimiento de los Annales está en el grupo de las corrientes historiográficas que, como el materialismo histórico, estiman que el objetivo del análisis histórico es comprender los hombres en el tiempo planteando hipótesis de amplia envergadura. Como señala Peter Burke, la contribución de los Annales a la historiografía mundial viene por cuenta de estos aspectos que se transcriben a continuación:</p>
		<disp-quote>
			<p>En primer lugar, la sustitución de la tradicional narración de los acontecimientos, por una historia analítica orientada por un problema. En segundo lugar, se propicia la historia de toda la gama de las actividades humanas, en lugar de una historia primordialmente política. En tercer lugar, a fin de alcanzar los primeros objetivos la colaboración con otras disciplinas, con la geografía, la sociología, la psicología, la economía, la lingüística, la antropología social, etc. <xref ref-type="bibr" rid="B5">(Burke, 1999, pp. 11-12)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>Estas referencias históricas acerca de la evolución de la historiografía que es, a su vez, la evolución de la ciencia histórica (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Cardoso y Pérez, 1976</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B16">Fontana, 1982</xref>)— sirven de contexto para plantear, esquemáticamente, que la labor investigativa del historiador se encuentra siempre frente a la disyuntiva de realizar una narración impersonal, fluida, amena, detallada y concatenada de un conjunto de acontecimientos, en un estricto orden cronológico o emprender un análisis sopesado y crítico de cierto proceso social que se concrete con la formulación de un marco explicativo (hipótesis) con amplias e inquietantes generalizaciones que también cumplirán una función social que desborda el estricto campo académico.</p>
		<p>En el artículo se hará alusión, de forma casuística, a cómo la adopción de la alternativa académica del análisis sopesado del proceso social —desde diferentes corrientes historiográficas — proponiendo generalizaciones explicativas en forma de hipótesis, en lugar de la estrategia narrativa lineal, trae consigo múltiples desafíos, uno de los cuales es conferirles verosimilitud a las abstracciones. Esto significa que las hipótesis planteadas deben ser creíbles porque sus generalizaciones asociadas están saturadas de abundante material empírico y son inteligibles, alejándose del fantasma siempre presente de abstracciones extremadamente elucubradas, carentes de fundamento documental o densidad empírica, y distanciadas de cualquier evidencia con la vida material.</p>
		<p>Por eso, para ilustrar la dicotomía epistemológica con la que se encuentra el historiador o el científico social partidario del enfoque de buscar la inteligibilidad del pasado <xref ref-type="bibr" rid="B1">(Bloch, 2018)</xref>, entre las generalizaciones empíricas y las generalizaciones teóricas, se darán algunos ejemplos historiográficos proporcionados por la producción bibliográfica publicada por destacados investigadores extranjeros de diferentes periodos y fenómenos de la historia mundial de occidente. A través de la cual se podrá observar el movimiento pendular entre los dos puntos de la dicotomía anotada y la sensación de robustez y credibilidad académica que la producción desencadena.</p>
	</sec>

	<sec>
		<title>2. Aclaración</title>
		<p>Antes de abordar el tema de la casuística bibliográfica de las generalizaciones, es preciso indicar algo más del viaje de la curiosidad intelectual hasta la formulación de la hipótesis con sus generalizaciones consustanciales. A la hora de llevar a cabo una investigación el historiador siempre busca encontrar respuesta a los enigmas que acechan su insaciable curiosidad. Los enigmas son, en principio, el eco producido por el sonido de personajes colectivos caleidoscópicos que habitan los diferentes estratos la realidad social y el sonar que orienta la navegación por el denso, sinuoso y complejo océano fenomenológico que la conforman. Los enigmas son, por su ascendencia, hijos legítimos de lo empírico y por su descendencia, padres legítimos de la abstracción. Son formalizaciones metódicas con las cuales se pretende procesar la masa amorfa de circunstancias y episodios que circulan en el espacio y el tiempo.</p>
		<p>Los enigmas adquieren vida propia a través de preguntas con las cuales empieza el procesamiento de la información de cierta faceta de la disímil y compleja realidad social, de esta forma, representan la identificación de una vía de ingreso — entre muchas posibles — a un área determinada de un fenómeno social. Esta vía, no obstante, es la exploración parcial de la realidad, considerando que se trata de un instrumento metodológico de un sujeto histórico, un sujeto producto de su época.</p>
		<p>La curiosidad transformada en problema de investigación, con preguntas que orientan el procesamiento de la información, constituye un enfoque participativo de indagación académica que en su desarrollo plantea explicaciones. Estas generalizaciones son construcciones epistemológicas dotadas de naturaleza conceptual propia. Se expresan mediante el vocabulario disponible y con etiquetas semánticas originales que, en ocasiones, se convierten en neologismos o improntas analíticas inéditas, que terminan convirtiéndose en referentes analíticos como los conceptos: el imaginario social del medievalista francés Georges Duby, el rol social del historiador británico Peter Burke, el modo de producción de Karl Marx, las civilizaciones de oasis del historiador francés Lucien Febvre y el poder carismático del sociólogo alemán Max Weber.</p>
		<p>Las generalizaciones contienen un ejercicio intelectual de corte y confección, el escritor edita la naturaleza del fenómeno, incluye y excluye aspectos, asocia y disocia expresiones. La edición, en este sentido, maniobra el fenómeno, acoge y presenta solamente aquello que le da solidez y contundencia argumentativa a la explicación. Las generalizaciones son la gramática de la curiosidad. Por ende, estamos con aquellos intelectuales que como Lucien Febvre concibieron que el “historiador no va rondando al azar a través del pasado, como un trapero en busca de despojos, sino que parte con un proyecto preciso en la mente, un problema a resolver, una hipótesis de trabajo a verificar” <xref ref-type="bibr" rid="B15">(Febvre, 1982, p. 22)</xref>.</p>
	</sec>

	<sec>
		<title>3. Casuística bibliográfica</title>
		<p>El primer ejemplo historiográfico que se toma de referencia para ilustrar la naturaleza académica de las generalizaciones es el texto El otoño de la Edad Media, escrito por Johan Huizinga (1872-1945), donde se plasma la hipótesis de que los sentimientos que dominan la espiritualidad y la sociabilidad de las personas de un sector de Europa occidental durante el siglo XV (Francia, Bélgica y Países Bajos) fueron la melancolía y el pesimismo, acota que todas las manifestaciones del sentido de la vida “declaran que solo han visto miserias, que es menester estar preparado para cosas peores… se ven hombres decepcionados, hastiados”,  <xref ref-type="bibr" rid="B18">(Huizinga, 2018, p. 47)</xref> por la fuerza con la que vuelven a sentirse las declaraciones milenaristas del fin del mundo auspiciadas por el florecimiento de las predicaciones de las ordenes mendicantes y la plaga crónica de la guerra <xref ref-type="bibr" rid="B18">(Huizinga, 2018)</xref>. Esta generalización estuvo acompañada de otra, complementaria, en la que dice que el pecado imperante en el mismo siglo XV es la codicia, en franca oposición con la soberbia, el pecado del periodo feudal <xref ref-type="bibr" rid="B18">(Huizinga, 2018)</xref>. Con estas hipótesis Huizinga traza un corredor fenomenológico por el que pueden circular todos los episodios sin atropellarse y armoniza toda otra cualquiera expresión social, esto es, logra que todos los otros acontecimientos encajen en el criterio explicativo dominante o estima que la presencia de este acervo factual no pone en riesgo la validez de la explicación. Entonces, irrumpe la duda: ¿será que el tamaño de las generalizaciones puede convertirse en traer consigo su propia antípoda, o sea, en construcciones reduccionistas que nublen variables inéditas? ¿será, entonces, que son generalizaciones tan elaboradas que se nutren de la deducción fenomenológica construida y no de la realidad?</p>
		<p>El segundo ejemplo viene con el libro El burgués, contribución a la historia espiritual del hombre económico moderno, del economista Werner Sombart (1863-1941), quien tipifica el personaje social del burgués, contextualizándolo en el proceso de desarrollo del capitalismo en el mundo, indicando que este sistema socio económico gestó dos clases de burgueses, uno para su etapa inicial de gestación y otro para su etapa de consolidación. En la primera encontramos el burgués humanitario, no cosificado, pues para ellos “el negocio sigue siendo un medio para un fin, que es la vida… se aprecia la riqueza, conseguirla es la meta… pero no ha de constituirse en fin último… debe servir únicamente para crear o conservar valores vitales” <xref ref-type="bibr" rid="B23">(Sombart, 2005, p. 164)</xref>. En la segunda etapa está el burgués deshumanizado, absorbido por el lucro, plenamente cosificado, dado que para él “el hombre ha dejado de ser la medida de todas las cosas… las aspiraciones del sujeto económico se orientan ahora hacia la mayor ganancia posible y la máxima prosperidad en el negocio” <xref ref-type="bibr" rid="B23">(Sombart, 2005, p. 179)</xref>, un personaje, concluye Sombart, falto de escrúpulos. Esta taxonomía es una abstracción a partir de la información biográfica y autobiográfica de personajes representativos del mundo de los negocios en cada etapa. Para la tipología del burgués humanitario (siglo XVIII) se basó en Alberti, Daniel Defoe y Benjamín Franklin, citando algunos documentos originales. Así, de Benjamín Franklin transcribe:</p>
		<disp-quote>
			<p>Por la mañana pregunta: ¿qué buenos actos voy a hacer hoy? A las 5, 6 y 7 horas, levántate, lávate, reza… organízate el trabajo del día… desayuna. A las 8, 9, 10 y 11, trabaja. Al medio día, a las 12 y 1, lee o repasa tus libros de comercio, almuerza al mediodía. A las 2, 3, 4 y 5, trabaja. Por la tarde, a las 6, 7, 8 y 9, vuelve a colocar cada cosa en su sitio. Distráete oyendo música, leyendo o conversando. Haz examen del día que termina. Por la noche… duerme <xref ref-type="bibr" rid="B23">(Sombart, 2005, p. 167)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>Para la personalidad social del burgués deshumanizado (siglo XIX y XX) utiliza la vida y obra de Edward H. Harriman (1848-1909), empresario del sector de los ferrocarriles y John Rockefeller (1839-1937), empresario del sector de los combustibles, quienes, junto con el magnate del acero, Andrew Carnegie (1835-1919) y el empresario del transporte Cornelius Vanderbilt (1794-1877), fueron llamados por el historiador ingles Eric Hobsbawm magnates ladrones en libro La era del imperio 1875-1914. Aquí también viene la pregunta: ¿será que el examen juicioso de unas pocas biografías otorga el respaldo documental suficiente para elaborar las generalizaciones propias de la taxonomía social establecida por Sombart?, ¿será que nos encontramos frente a un trabajo coherente que carece de fiabilidad probatoria?, ¿es otro caso, como estableció Francis Bacon, de literatura teórica?</p>
		<p>El tercer ejemplo es el que ofrece <xref ref-type="bibr" rid="B9">Alain Corbin (1936)</xref>, historiador francés de las emociones y de los sentidos, de entrada y a simple vista, un objeto de estudio bastante gaseoso, si se quiere, abstracto y algo inasible, o de una corporeidad vaga. Aun así, dos de sus libros captan la forma y la esencia del objeto: Historia del silencio, del renacimiento a nuestros días (2019) y El perfume o el miasma: el olfato y el imaginario social (2002). En ellos Corbin brinda una invaluable lección de método y curiosidad académica, naturaliza o materializa el temple inmaterial del problema de investigación (por cierto, muy propio del movimiento historiográfico de los Annales). Mas aun, le encuentra su personalidad. En la investigación por él adelantada acerca del silencio, la naturalización del fenómeno se gestaría en el seno del análisis social de la literatura francesa y flamenca comprendida entre los siglos XVII y XX, con obras de autores como Edmond de Goncourt (1822-1896), Albert Camus (1913-1960), Etienne Pivert de Senancour (1770-1846) y Julien Gracq (1910-2007). Su propuesta historiográfica alcanza alta cota de generalización cuando factura el concepto “texturas del silencio”, encargado de encapsular la carta de emociones que el silencio despierta entre la gente o con sus palabras, “la experiencia emocional” <xref ref-type="bibr" rid="B11">(Corbin, 2019, p. 23)</xref> que viene con el contacto de determinado espacio natural o cultural. Pero nada mejor que leer de primera mano una de las experiencias emocionales con uno de esos espacios: el desierto:</p>
		<disp-quote>
			<p>Un espacio puro, atópico, amorfo, anómico, hecho de mineralidad, de inmensidad, de total esterilidad, de vacuidad, que dinamiza las ensoñaciones trascendentes e infunde el sentimiento de lo infinito, pero, al mismo tiempo, se impone como mortífero porque es representación alusiva y metafórica de la eternidad. Arrebata la realidad al mundo. Este es el significado del silencio del desierto para los viajeros del siglo XIX <xref ref-type="bibr" rid="B11">(Corbin, 2019, p. 24)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>Con este historiador francés retornan las dudas planteadas con los dos autores anteriores: ¿será atrevido ingresar en el complejo mundo de los sentidos y los sentimientos o de las experiencias existenciales que provocan circunstancias, sitios, personas, instituciones, personas etc., en ciertas épocas de la historia de una o varias naciones?, ¿será que objetos de estudio que se muestran distantes de la realidad material y que adquieren tangibilidad desde las aproximaciones creativas de unos destacados novelistas y dramaturgos de la época analizada son suficiente elementos de veracidad?, ¿será que las hipótesis son descontextualizadas y, por ende,  abstractas como la misma fuente de origen?</p>
		<p>El cuarto ejemplo corre por cuenta de la obra clásica de las ciencias sociales La cultura del renacimiento en Italia, escrita en 1860 por el historiador suizo Jacob Burckhard (1818-1897). El autor señala que durante el siglo XV el norte de Italia: Lombardía (Milán), Toscana (Florencia) y el Vennetto (Venecia), fue el epicentro de un sismo histórico que fracturó la estructura de la Edad Media europea por cuenta de la prelación del individuo o de la vida privada en tono antropocéntrico de corte narcisista y exhibicionista. El sujeto terrenal, con emociones y aspiraciones hedonistas es avalado. El hombre cuida de si, su presencia física está en la lista de su atención, el devenir por la mundanalidad necesita estética. La presentación del cuerpo, los olores, las formas y las texturas se combinan en ese cometido, por eso la atención en el maquillaje, la peluca, el vestido y el perfume. En ningún otro sitio dice Burckhard:</p>
		<disp-quote>
			<p>Se daba tanta importancia al vestir como en Italia. La nación era en entonces, y aún sigue siendo vanidosa, y hasta la gente más seria consideraba que el llevar una ropa lo más bonita y adecuada posible era parte integrante del perfeccionamiento de su personalidad, así, hubo un tiempo en Florencia en que el vestido era algo individual y cada cual llevaba su propia moda… y en cuanto al resto, procuraban por lo menos añadir algún toque individual a la moda imperante <xref ref-type="bibr" rid="B4">(Burckhard, 2023, p. 336)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>Asimismo, Burckhard describe el proceso de laicización relacionado con el protagonismo de la ciencia y el arte en la configuración de los parámetros e imaginarios sociales, de tal forma, que, por ejemplo, el prestigio de una ciudad ya no viene por cuenta de la habitación de un señor o la custodia de una reliquia, en adelante también será por el nacimiento, la sede o la muerte de un pensador o artista inventor. La fama de la ciudad viene por la envergadura intelectual y artística de uno o varios individuos. La fama proviene del intelecto, la erudición y la creatividad, no de los santos, esta es, explica Burckhard, la fama en “sentido moderno” <xref ref-type="bibr" rid="B4">(Burckhard, 2023, p. 165)</xref>.</p>
		<p>Estas apreciaciones del historiador suizo también suscitan preguntas: ¿podemos estar seguros que el juego interpretativo de la base documental de un espacio y su gente en el tiempo, posee suficiente vigor para esbozar rupturas estructurales en el sistema de valores, creencias y paradigmas de la sociedad de un continente? ¿estamos o no frente a otro de los casos de generalizaciones gran calado?, ¿tenemos o no un material historiográfico que levanta el vuelo bien alto perdiéndose en la inmensidad del espacio?, o, es, ¿una generalización como cualquier otra que viene por efecto de un trabajo académico de comprensión?</p>
		<p>La quinta situación procede de la generalización delineada por el medievalista francés Georges Duby (1919-1996) en el libro La época de las catedrales acerca del arte europeo entre los años 980 y 1130. Consiste en plantear:</p>
		<disp-quote>
			<p>Lo que llamamos arte, en aquella época… no tenía otra función que la de ofrecer a Dios las riquezas del mundo visible, permitir que el hombre, por medio de tales dones pudiese apaciguar la cólera todopoderosa y procurar su gracia. El gran arte, en su conjunto, era sacrificio. Estaba más cerca de la magia que de la estética <xref ref-type="bibr" rid="B12">(Duby, 2023, p. 19)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>El libro ofrece algunas generalizaciones que vuelan cerca del suelo empírico, esas que no dejan entrever un desprendimiento de las condiciones materiales de vida, cuando escribe que la primavera para los feudales (siglos X a XIII) era la explosión y manifestación cíclica de su esencia:</p>
		<disp-quote>
			<p>Cada primavera, cuando la hierba comenzaba a crecer y era posible lanzarse a cabalgar, aquellos reunían a su alrededor a todos sus amigos, los condes, los obispos, los abades… en ese momento se iniciaba, para aquel tropel así reunido, la gran fiesta anual de destrucciones, matanzas, violaciones y rapiñas, y el rey, a la cabeza… se dirigía nuevamente al encuentro del jubilo de la guerra ofensiva <xref ref-type="bibr" rid="B12">(Duby, 2023, p. 42)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>El sexto referente viene de la mano del historiador francés <xref ref-type="bibr" rid="B20">Robert Muchembled (1944)</xref> en la obra Historia del diablo, siglos XII-XX. Entre las generalizaciones contenidas en libro puede resultarse la identificación del imaginario social de la mujer en la sociedad europea entre la segunda mitad del siglo XVI y principios del siglo XVII, concebida como un ser imperfecto y lascivo, personificación del pecado:</p>
		<disp-quote>
			<p>Los médicos veían en la mujer una criatura inacabada, un macho incompleto… irritable, desvergonzada, mentirosa, supersticiosa y lubrica por naturaleza… no se movía más que por los impulsos de su matriz, de donde procedían todas sus enfermedades, sobre todo su histeria. La mujer útero llevaba en si a la vez el poder de la vida y el poder de la muerte <xref ref-type="bibr" rid="B20">(Muchembled, 2022, p. 92)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>La mujer era una autentica fuente de perversión y maldad, un receptáculo de pecados, “los practicaba sin vergüenza, en primer lugar, el de la lujuria, el más frecuentemente cometido, luego la envidia, la vanidad, la pereza y, finalmente, el orgullo” <xref ref-type="bibr" rid="B20">(Muchembled, 2022, p. 92)</xref>. Mas aun, glosa el autor, “en el universo en blanco y negro de los eruditos, la naturaleza femenina pertenecía al costado sombrío de la obra del creador, más próxima al diablo que la naturaleza del hombre, inspirada por Dios” <xref ref-type="bibr" rid="B20">(Muchembled, 2022, p. 93)</xref>. Estas apreciaciones son anotaciones halladas en documentos escritos por hombres ilustrados que tuvieron la oportunidad de publicar y convertirse en académicos de renombre y poder de influencia dentro de la comunidad erudita y la élite social. Una de esas fuentes fue el medico cristiano de los países bajos Levinus Lemnius (1505-1568), con obras traducidas y reeditadas en varios idiomas, auténticos Best Sellers, en especial Les Occultes Merveilles et Secretz de Nature (Las maravillas ocultas y los secretos de la naturaleza) publicado en 1559. Otra generalización inserta en el libro es que la representación del diablo en la vida social ha sido bastante dinámica. El diablo es un personaje cultural con representaciones cambiantes. A partir del siglo XVII, una “teoría elaborada por Locke y Hume… definía al diablo como la historia misma, en otras palabras, como una manifestación del juicio humano en general” <xref ref-type="bibr" rid="B20">(Muchembled, 2022, p. 187)</xref>. En detalle, Muchembled estima que esa imagen del diablo era, simultáneamente, la transformación de la misma representación de Dios, porque:</p>
		<disp-quote>
			<p>La cuestión de la responsabilidad colectiva bajo la mirada de un Dios terrible, que deja actuar a satanás para castigar a la humanidad, cede lugar a la del individuo frente a sí mismo. La culpabilización llega a ser una cuestión de conciencia individual… el hombre ya no puede acusar a Dios ni al diablo de arruinarle la existencia, pues es el único responsable de sus desdichas <xref ref-type="bibr" rid="B20">(Muchembled, 2022, pp. 187-188)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>Estos planteamientos conducen nuevamente a las preguntas que se han venido planteando: ¿está libre de toda duda y cualquier clase de polémica el esfuerzo historiográfico de trazar una limpia trayectoria secular de las representaciones que una sociedad admite de un personaje escatológico, junto con sus probables efectos prácticos?, ¿está por fuera de todo asomo de duda académica aceptar que la fuente escrita documentada con base en varios textos filosóficos del periodo sean el cuerpo denso de la argumentación fáctica?, ¿será, por tanto, el autor un investigador que lleva la participación del sujeto cognoscente por tierras teóricas controvertibles?, o sencillamente, ¿estamos frente a otro buen ejemplo de un investigador social que ofrece la respuesta cohesionada de un problema de investigación mediante la utilización crítica y selectiva de cierto tipo de fuentes sin asomo de desvaríos teóricos?</p>
		<p>La séptima muestra es la hipótesis que despliega Norbert Elias (1897-1990) en el libro El proceso de la civilización, investigaciones socio genéticas y sicogenéticas, relacionada con la evolución del comportamiento social en Europa occidental entre la baja Edad Media y los siglos XVIII y XIX, caracterizada por el tránsito entre el desenfado al pudor y la vergüenza.</p>
		<p>Antes, los seres humanos, comenta Elias, tenían una “relación mucho más natural con su cuerpo igual que con muchas de sus funciones corporales; incluso cabe decir que tenían una relación infantil. Así lo demuestran las costumbres y los hábitos en los baños” <xref ref-type="bibr" rid="B14">(Elias, 2016, p. 253)</xref>. En la Edad Media, parecía natural “que los adultos y los niños o, incluso, los adultos extraños, compartieran la cama, podemos calibrar el cambio profundo de las relaciones y formas de comportamiento interhumanas en nuestro orden de vida <xref ref-type="bibr" rid="B14">(Elias, 2016, p. 258)</xref>. Esta hipótesis de la evolución social es el movimiento de lo abierto y publico hacia lo cerrado y privado, algo como el tránsito entre el estereotipo social todos lo sabemos y todos lo vemos a todos lo sabemos, pero no todos debemos verlo. Este movimiento civilizatorio es, en resumen, una “privatización cada vez más intensa y más completa de todas las funciones corporales, el confinamiento de estas en enclaves determinados” <xref ref-type="bibr" rid="B14">(Elias, 2016, p. 280)</xref>. Objetos de estudio llamativos como los sentimientos en el comportamiento social, sobre todo, a principios del XX, época en la que se publica el libro de Elias, muy cerca del advenimiento del movimiento de los Annales en Francia en la década de 1930, todavía regido por la ascendencia de una historiografía nacional inclinada hacia temas de relevancia política y diplomática, representaban y, aun representan, expediciones intelectuales de aventura por las tierras de la cultura y la psicología que ameritaban nuevas préstamos conceptuales y metodológicos con otras disciplinas científicas (antropología, sociología y psicología). Nada más pensemos que la obra de Elias es clara en aplicar imbricaciones entre el comportamiento social y la estructura psíquica de los sujetos, con sus fijaciones y tabúes, por eso sostiene que todo esto es la evidencia de una “sociogenésis”, en el que una clase social determinada “en uno u otro momento del desarrollo la sociedad, le corresponde ser el centro de un proceso y la posibilidad de construir modelos” <xref ref-type="bibr" rid="B14">(Elias, 2016, p. 200)</xref>.</p>
		<p>La octava muestra procede de la historia económica, territorio en el que los economistas han incursionado con fuerza. El inglés <xref ref-type="bibr" rid="B3">Víctor Bulmer Thomas (1948)</xref>, especialista en historia de Latinoamérica, tiene, entre su producción bibliográfica el libro La historia económica de América Latina desde la independencia, en el que soporta la hipótesis de la existencia de la marcada desigualdad del ingreso imperante en la región. Esta desigualdad es inicialmente producto de la desigual distribución de la tierra heredada desde la época del dominio colonial, situación que se ha:</p>
		<disp-quote>
			<p>Reforzado por la concentración industrial y financiera en el siglo XX, con lo que la distribución del ingreso en América Latina es una de las peores del mundo… es muy común ver que 10% de las familias de nivel más alto reciba más del 40% del ingreso total” <xref ref-type="bibr" rid="B3">(Bulmer, 2017, p. 27)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>Una segunda hipótesis formulada por el autor es una taxonomía económica de los países América Latina a partir de las exportaciones, clasifica la economía en tres grupos: el modelo exportador aditivo, el modelo exportador destructivo y el modelo exportador transformativo. En el primer modelo las exportaciones apenas alcanzan unos pocos cambios en la economía no exportadora. En el segundo modelo la expansión de las exportaciones se logró “atrayendo recursos de actividades existentes en el resto de la economía, bien sea del propio sector exportador o de la economía no exportadora” <xref ref-type="bibr" rid="B3">(Bulmer, 2017, p. 106)</xref>. En el modelo transformativo el sector exportador “se expandió de tal manera que la productividad (capital y trabajo) de la economía no exportadora se vio afectada en grado significativo” <xref ref-type="bibr" rid="B3">(Bulmer, 2017, p. 17)</xref>. Las dos hipótesis están sustentadas en una serie de datos cuantitativos extruidos de fuentes estadísticas públicas y privadas.</p>
		<p>La novena consideración se encuentra en el libro El mediterráneo y el mundo Mediterráneo en la época de Felipe II del historiador francés Fernand Braudel, donde propuso el amplio concepto de “economía mundo” para explicar el funcionamiento mundial del capitalismo comercial:</p>
		<disp-quote>
			<p>Toda economía-mundo acepta un centro, una región decisiva que actúa como estimulo de los demás y establece, por sí misma, la unidad necesaria. Resulta actualmente claro que este centro mediterráneo es durante los siglos XV y XVI un pequeño cuadrilátero urbano constituido por Venecia, Milán, Génova y Florencia, con sus conflictos y su rivalidad entre ciudades, todo ello influido siempre por la importancia relativa alcanzada en determinado momento por cada una de ellas <xref ref-type="bibr" rid="B2">(Braudel, 2022, p. 514)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>El texto de Braudel es minucioso, denso, documentado y exhaustivo. Es visible, por donde se lea, la erudición del autor. La escritura es una llamativa filigrana acontecimental con maestría propositiva. Las generalizaciones están previa y posteriormente acompañadas de una cantidad apreciable de hechos, anécdotas, cifras y ejemplos. En ocasiones, es tan copioso el volumen episódico que puede perderse de vista la estela que deja la corriente desencadenada por la hipótesis, hasta que algún comentario vuelve a darle direccionalidad o sentido al conjunto factico que copa docenas de páginas del libro. Una muestra apretada de dicha particularidad es el planteamiento que se cita a continuación:</p>
		<disp-quote>
			<p>Durante un largo periodo de tiempo todo es confusión: mercancía, taller y banca están en las mismas manos. En Francia, los Guiccardini Corsi, que adelantan dinero a Galileo, tienen también intereses en el trigo siciliano y en la venta de paños y pimienta; los Capponi… se ocupan tanto de transportar vinos, como de asegurar navíos y emitir o aceptar letras de cambio; los Médicis, con más de la mitad de sus intereses en la banca, poseen en el siglo XV, talleres propios para la elaboración de la seda <xref ref-type="bibr" rid="B2">(Braudel, 2022, p. 424)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>La décima situación académica proviene de la obra Capital e ideología del economista francés <xref ref-type="bibr" rid="B22">Thomas Piketty (1971)</xref>, donde expone la hipótesis de que la desigualdad socio económica mundial ha aumentado desde la década de 1980, siendo uno de “los cambios estructurales más inquietantes a las que el mundo se enfrenta a comienzos del siglo XXI” <xref ref-type="bibr" rid="B21">(Piketty, 2020, p. 35)</xref>. La desigualdad es más acentuada en algunas regiones del mundo más que en otras, una de ellas el África subsahariana. Allí, como en otras partes del globo, dice el autor:</p>
		<disp-quote>
			<p>Por ejemplo, la participación del decil superior alcanza el 54 por ciento de la renta total (e incluso el 65 por ciento en el caso de Sudáfrica), el 56 por ciento en Brasil y el 64 por ciento en Oriente Próximo, que figura como la región más desigualitaria del mundo en 2018… con una participación inferior al 10 por ciento más pobre de la población <xref ref-type="bibr" rid="B21">(Piketty, 2020, p. 37)</xref>.</p>
		</disp-quote>
		<p>Y como esta desigualdad ha calado más entre las partes media y alta de la sociedad, que no es diferente a plantear que los más afectados han sido las clases medias del mundo, en sus palabras, “los niveles de renta comprendidos entre los percentiles 60 y 90 de la distribución mundial… han sido los grandes olvidados del crecimiento mundial” <xref ref-type="bibr" rid="B21">(Piketty, 2020, p. 40)</xref>. Dichos planteamientos tienen detrás de su formulación el voluminoso cuerpo documental de décadas de estadísticas de la contabilidad nacional, que como el autor acotaría en otra obra de gran calibre y calado analítico: El capital en el siglo XXI, es, por demás, un trabajo mancomunado con otros expertos y académicos que le facilitaron el acceso a varias bases de datos públicas y privadas <xref ref-type="bibr" rid="B22">(Piketty, 2015)</xref>.</p>
		<p>Con estos tres últimos investigadores se reafirma que es posible formular hipótesis de amplio rango temporal y especial que, a pesar de su envergadura abstracta, nunca pierden su materialidad. Las construcciones explicativas de Bulmer-Thomas, Braudel y Piketty siempre van de la mano con su acervo documental, indicando que desde ese sustrato real se han establecido esquemas de interpretación. Así, retorna la pregunta que se ha venido exponiendo recurrentemente: ¿será viable pensar que las sugerencias hipotéticas, como lo dijo Bacon, de escritores teóricos, son totalmente compatibles con procesos empíricos cuando se alcanza una especie de justo medio de cocción o procesamiento de la información?</p>
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	<sec>
		<title>4.Reflexión</title>
		<p>Los diez autores seleccionados (con criterios de selección discutibles) representan una pequeña muestra de un amplio conjunto de historiadores e investigadores sociales convencidos de que la ruta de la ciencia histórica viene por la línea de Heródoto de Halicarnaso. Son escuderos del paradigma que sustituye la “tradicional narración de los acontecimientos por una historia analítica orientada por un problema” <xref ref-type="bibr" rid="B5">(Burke, 1999. P. 11)</xref>, que publicaron o han venido publicando sus investigaciones durante dos siglos de historia intelectual.</p>
		<p>Igualmente, representan los contrastes imperantes en el seno de este movimiento historiográfico. Esta heterogeneidad historiográfica reside (para objeto del presente artículo), en dos circunstancias. Una de ellas, la intensidad del poder deductivo que determina la altura de la generalización, entendida como la distancia entre la hipótesis y su base empírica, es decir, la concreción de hipótesis que hilan muy delgado los vínculos de la realidad con sus abstracciones o hipótesis que tejen lazos de grueso calibre de comunicación con los hechos, tan cercanos que su inspección deja poco atisbo de duda. En otras palabras, unas hipótesis con aroma de especulación que dejan entrever que la comprensión de la vida material e inmaterial está siempre bajo el amparo de una alta dosis de fina deducción y otras trazadas con sugestiva cautela interactiva detrás de los contornos de los grandes rasgos del relieve social.</p>
		<p>La segunda circunstancia se refiere a la naturaleza cognitiva del tema de investigación. Algunos objetos de investigación son materiales, fácilmente manipulables, encapsulados en estadísticas, cuadros, gráficos y fórmulas de aspectos relacionados con la producción, la productividad, las exportaciones, las importaciones, la mortalidad, la natalidad, el producto interno bruto y neto, los porcentajes de inversión frente al producto interno bruto (PIB), la infraestructura, las finanzas públicas y privadas, la tenencia de la tierra, la distribución o concentración del ingreso y la riqueza, los conflictos sociales, las luchas políticas, las guerras civiles e internacionales con estadísticas de muerte y destrucción, etc. Otros objetos de investigación son de fisonomía inmaterial, y no siempre de fácil manipulación, porque su presencia suele mimetizarse entre los dobleces de grandes episodios o manifestaciones de la vida social. Identificar y entrar en el interior de aspectos tales como los sentimientos, los imaginarios, las representaciones, las sensaciones, los sentidos, la psique, los tabúes, los mitos, los paradigmas, las emociones, las frustraciones, los miedos o el lenguaje simbólico de la arquitectura que explica, por citar un caso, Norbert Elias en libro La sociedad cortesana, o el simbolismo contenido en los patrones de comportamiento económico de las clases sociales, en particular la desplegada por los aristócratas feudales apegados al patrón de “consumo de prestigio”, para los cuales “el termino economía en el sentido de una subordinación de los egresos a los ingresos y de la limitación planificada del consumo por el ahorro tiene un sonsonete despectivo” <xref ref-type="bibr" rid="B14">(Elias, 2016, p. 95)</xref>.</p>
		<p>Esta heterogeneidad historiográfica demuestra que, desde hace tiempo viene creciendo la frontera temática de la historiografía. Objetos de estudio que pudieron parecer absurdos en tiempos pasados hoy sean vistos con buenos ojos y se siga explorando nuevas posibilidades intelectuales. Esto ha traído consigo que el historiador continúe aumentando sus visitas, de por si frecuentes, a otros campos del saber. La comunicación con profesionales de las ciencias sociales, e incluso de las ciencias básicas — particularmente en investigaciones relacionadas con la historia de la ciencia —, se ha convertido en una constante.</p>
		<p>Eso fue lo que propusieron los fundadores de los Annales a principios del siglo XX, una invitación al diálogo de saberes, que, por supuesto, demanda una mejor preparación académica del historiador, entre la que cabe la forja de una curiosidad ágil que le ayude a encontrar nuevos yacimientos temáticos, repletos de material del que poco o nada se haya escrito, cuyo hallazgo contribuye a tener una cartografía más exacta y completa de la fenomenología de la humanidad.</p>
	</sec>

	<sec>
		<title>5.Conclusión</title>
		<p>Un debate de vieja data — surgido desde el siglo V a. C., según la somera genealogía grecolatina aquí propuesta — se encuentra más vivo y presente que nunca, un debate que, seguramente, tendrá todavía mucha tela que cortar y paginas por publicar. Es el debate acerca de la dosis de libertad de análisis que el investigador aplica con la realidad analizada o parafraseando al historiador inglés <xref ref-type="bibr" rid="B6">Burke (2002)</xref>, el grado de cocción de la información (Burke Historia social del conocimiento). Dosis de libertad de análisis entendida en el sentido de la calidad y la cantidad de vínculos inter e intra fenomenológicos que el investigador detecte a través de su potencial de curiosidad y la fortaleza de sus capacidades de comparación y extrapolación, de la siempre cambiante realidad regional, nacional o mundial.</p>
		<p>Asimismo, la libertad de análisis está íntimamente ligada con la cantidad y la naturaleza de la información recopilada, pues cierto material se presta más que otros para realizar abstracciones bien refinadas, aunque, sin importar la sobriedad de esta, todas ellas desencadenan algún tipo de discusión. Hay diferencias entre  las conclusiones que pueden inferirse de una serie estadística del ingreso promedio de los trabajadores rurales en un periodo determinado de la historia de un país, con las que pueden establecerse a partir de los datos de policía. justicia y salud que brindan información, por ejemplo, de los efectos psicológicos producidos por los sonidos provenientes de la modernización, como el  pito de la fábrica, las máquinas de vapor o combustión, los centros comerciales, los medios de transporte etc., de las consecuencias desencadenadas por  los sonidos del pasado pre moderno asociados con el tañer de las campanas, el arado de madera en la tierra húmeda, el grito del campesino a la yunta de bueyes, el graznar de las aves al amanecer, el crujido de los marcos de madera con los cambios de temperatura, etc., y las repercusiones emocionales desencadenadas por la transformación  del comportamiento social, asociadas con el padecimiento conocido como el “silencio de los órganos”, consistente en la progresiva difusión de las  “prohibiciones de eructar, de echarse pedos y de hacer perceptible cualquier manifestación orgánica, a estas puede añadirse la del placer sexual” <xref ref-type="bibr" rid="B11">(Corbin, 2019, p. 48)</xref>, causante  entre las mujeres de la enfermedad verde.</p>
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		<title>Referencias Bibliográficas</title>
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