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Wed, 30 Dec 2020 in Revista Criterio Libre
Ruralidad desde la perspectiva de la psicología económica: caso de estudio sector El Tambre, Boyacá, Colombia
Resumen
La estigmatización y la subvaloración del campesinado colombiano han sido una constante a lo largo de la historia del país. Con el propósito de facilitar el entendimiento de las dinámicas de conducta de la población campesina, en este artículo se analiza el tema mediante la economía del comportamiento desde las contribuciones de Daniel Kahneman, Vernon Smith y Richard Thaler. Se asume que el comportamiento no es puramente racional, como lo supone la teoría económica tradicional, lo que permite dilucidar expectativas de desarrollo de los individuos y la dinámica de sus motivaciones y actuaciones. Los comentarios conseguidos a través de una entrevista directa a la población rural en el municipio de Tuta, departamento de Boyacá, Colombia, específicamente a la comunidad El Tambre, de la vereda Agua Blanca, nos permitieron conocer la psicología del campesino. Con relación a su psique, los resultados indican que durante años los campesinos no han podido superar sus vulnerabilidades y, por el contrario, es evidente cómo se someten a "estrategias" de afrontamiento que terminan siendo poco adaptativas para su entorno.
Main Text
Introducción
En este artículo se analiza el comportamiento económico y el proceder del campesinado desde una perspectiva psicológica de su ruralidad, pues si se pretende afrontar la complejidad de la fragilidad del sistema social es necesario acudir a vías interdisci plinarias (Dopfer, 2005).
Se entiende que el campesino tiene rasgos marcadamente diferenciados de lo que se considera el promedio de la “sociedad urbana”. Las personas que viven en áreas rurales tienen diferentes visiones e intereses en la vida; sin embargo, los planificadores anulan dichas particularidades reforzando la sumisión del campesinado a planes generales, lo que se conoce como sesgo urbano (López, 2019).
Se trata entonces de abordar las cuestiones conceptuales y motivacionales y las restricciones de los campesinos desde su propia realidad, con el fin de entender por qué en un territorio diverso y fértil, y a pesar de algunos programas estatales de inversión y capacitación, no ha sido posible que los campesinos superen la pobreza y adopten una postura empresarial y productiva en su actividad económica.
En este artículo se argumenta fundamentalmente que el subdesarrollo rural de la zona de estudio se explica, en gran medida, por una tradición de creencias y sesgos cognitivos 3 y su relación con la reacción a la adaptabilidad.
El artículo consta de cinco secciones. En la primera se presenta una descripción general de contexto de las condiciones socioeconómicas actuales de los campesinos. En la segunda se hace una breve exploración de la teoría de la psicología de las decisiones económicas; se reflexiona acerca de los retos y las barreras del sector rural en Boyacá, y las condiciones que serían necesarias para la modificación del sistema de creencias 4 en el campesinado, teniendo como referencia la comunidad específica del municipio de Tuta, departamento de Boyacá, Colombia. En la tercera se hace referencia al proceso metodológico de esta investigación, que se desarrolla con un enfoque cualitativo, mediante la construcción de entrevistas en profundidad a la comunidad mencionada. En la cuarta se presentan y analizan los resultados y en la quinta se exponen las conclusiones.
1. Contexto
Según estadísticas del Censo Nacional de Población y Vivienda de Colombia (Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), 2018), la población en Colombia está distribuida así: 77.04% en cabeceras, 7.08% en centros poblados y 15.88% en rural disperso; el campesinado colombiano corresponde a un aproximado de 7 663 448 personas, la mayoría de las cuales son campesinos que presentan indicadores de desarrollo humano inferiores a los de los habitantes de las áreas más urbanizadas del país. En el caso de los servicios públicos como indicador de desarrollo, se observa que en las zonas urbanas el acceso a estos supera 95% mientras en el campo puede ser inferior a 50%, lo que denota una marcada brecha urbano-rural (Rendón & Gutiérrez, 2019).
La población campesina se considera además un grupo vulnerable, por su dificultad de acceso a la tierra y al capital, lo que se relaciona con el problema de la concentración de la propiedad y la subutilización de la tierra apta para cultivar (Mesa, 2013).
En el informe de la Misión para la Transformación del Campo se considera “decepcionante” el comportamiento del sector agropecuario (Departamento Nacional de Planeación (DNP), 2015). La participación de la agricultura en el PIB total pasó de representar 8.1% en el año 2002, a solo 6.1% en 2016; un indicador inferior al agregado de la economía y al de otros países de Latinoamérica. En los últimos 15 años (2005-2019), la producción colombiana, medida a través del producto interno bruto (PIB), ha tenido un crecimiento promedio de 3.9%; sin embargo, el sector de agricultura, silvicultura, caza y pesca alcanza durante el mismo período 2.7%.
Algunos análisis de la situación actual de la ruralidad en Colombia coinciden en tres grandes aspectos,
primero, el estancamiento generalizado de la productividad del sector agropecuario; segundo, la persistencia de altos índices de pobreza rural, casi el doble de los urbanos, y la existencia de amplias brechas en el acceso a bienes y servicios públicos esenciales; y tercero, una notoria debilidad institucional que no ha permitido diseñar y mantener políticas públicas estables y de mediano plazo, que puedan generar un efecto real sobre el atraso y la debilidad estructural de los sistemas productivos rurales. (Tobón et al., 2019, p. 7).
Los campesinos enfrentan además dificultades de comercialización, bajos precios, falta de acceso a crédito, condiciones de inseguridad, violencia, colonización y desplazamiento (Ortiz, 2004).
Colombia ha adoptado un enfoque internacionalista desde los años 90, soportado en políticas macroeconómicas más estables, en la firma de tratados de libre comercio y en la reorientación de las políticas tradicionales de intervención de mercados. Los cambios presentados a causa de los procesos de globalización han hecho que el campesino asuma nuevos desafíos, como las innovadoras formas de comercializar, modernas formas de producción y retos financieros.
En términos generales se puede decir que el cambio en el modelo de desarrollo no ha sido efectivo para el sector, dadas las complejidades de la realidad rural colombiana; no ha sido posible concertar una propuesta de desarrollo rural efectiva y productiva, porque no se han reconocido las distintas dinámicas sociales, económicas y políticas de la agricultura colombiana; además debe considerarse la importancia de efectuar un diagnóstico con más aristas, que incluya elementos de interpretación del comportamiento del campesino de las interacciones con su grupo y con los demás, de sus motivaciones y cómo se articulan sus realidades y creencias a la hora de tomar decisiones.
Colombia enfrenta desafíos complejos. La fragilidad de la población campesina en nuestro país se atribuye, entre otros, a que los campesinos no han logrado que el Estado reconozca su valor como grupo social, a lo que se ha sumado la victimización histórica por la violencia. Aquí se segrega positivamente en algunos casos a la población afro e indígena, pero no al campesinado. Además, las mujeres demandan que su participación sea medida en la dinámica del trabajo y la producción.
El Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, así como la declaración y el Programa de Acción de Viena, recuerdan la lucha de muchos campesinos del mundo a través de la historia por el reconocimiento de sus derechos y considera que “los campesinos constituyen un grupo social específico tan vulnerable que la protección de sus derechos requiere de medidas especiales para asegurar que los Estados respeten, protejan y cumplan sus derechos humanos. (Mosquera y Rivera, 2014, p. 42).
Se reconoce que el campesino es un actor fundamental en la diferenciación cultural. Para el caso colombiano, ha participado en la constitución de partidos y movimientos políticos, y ha llevado a cabo migraciones (voluntarias o forzadas) hacia zonas urbanas, participando así en los procesos de modernización de las ciudades.
A pesar de las duras condiciones socioeconómicas, el campesino ha sorteado la indiferencia y las dificultades. Él debería ser reconocido como sujeto integral de la sociedad, con una cultura desarrollada, quien se ha ganado con firmeza un lugar en la historia. El campesinado ocupa un espacio en el orden económico, comparte un pasado trágico y glorioso, y sueña con transformar realidades.
Lo que se pretende en este artículo es reflexionar sobre la razón del estancamiento económico del sector rural, tomando como referente el sector de El Tambre, de Tuta, Boyacá. Reconociendo la histórica vocación productora de los campesinos y las virtudes de producción del suelo, esperamos que con un análisis más allá de lo productivo y económico sea posible eventualmente construir una propuesta común de desarrollo rural, capaz de fundamentar un cambio que se vea reflejado en condiciones de bienestar.
Landini (2015) plantea que uno de los inconvenientes que enfrenta el sector rural tiene que ver con el sesgo que se genera desde la óptica de la psicología urbana, el cual produce distorsión y homogeneización. Así que la aspiración es, entonces, entender las dinámicas no solamente organizacionales que deben adoptar los campesinos, sino desde la psicología de las decisiones comprender las reales perspectivas y motivaciones de los mismos.
2. Exploración de la psicología de las decisiones económicas
La necesidad de explorar el comportamiento económico desde una base psicológica surge de la significancia de la interacción de las emociones humanas y los pensamientos que impulsan la toma de decisiones.
Kahneman y Tversky (1974) dicen que las decisiones emergen a causa de procesos cognitivos (conscientes e inconscientes) en donde las emociones y la configuración de heurísticos hacen parte importante del comportamiento de los agentes. Hayek (1974) enfatiza en la forma en que los sentimientos inciden en la decisión racional. Hodgson (2013) reconoce la importancia particular de la cognición y el aprendizaje para la especie humana, los pone bajo un análisis del desarrollo que presta la debida atención al contexto social, mientras Hodgson & Dollimore (2014), por su parte, se centran en la cuestión fundamental de la motivación humana.
Dado que la economía es disciplina que pretende el estudio del comportamiento de los individuos y su interacción en el mercado, lo cual constituye una cuestión subjetiva e intersubjetiva (Mises, 1949), vale la pena analizar de qué manera las sociedades responden a presiones para la toma de decisiones que involucran una mezcla de conocimientos previos, emociones e interacciones sociales.
El campo de la psicología social, que hasta muy recientemente solo había sido parte de estudios investigativos en facultades de psicología, ha ganado especial consideración en economía, tanto así que dos recientes concesiones del Premio Nobel de Economía se han otorgado a investigadores en asuntos de comportamiento económico humano, en 2002 a Daniel Kahneman y Vernon Smith “Por integrar aspectos de la teoría psicológica sobre el comportamiento económico del ser humano en momentos de incertidumbre y realizar análisis empíricos de laboratorio, especialmente sobre mecanismos alternativos de mercado”, y en 2017 a Richard Thaler “Por sus contribuciones a la economía conductual”.
Los trabajos de Tversky y Kahneman (1986) son relevantes debido a que el concepto de utilidad (en sentido hedónico) vuelve a cobrar importante espacio en la discusión de las motivaciones al comportamiento humano. Para los autores Tversky y Kahneman, citados por González, 2011, no hay homogeneidad de los sujetos, la concepción racional de las personas no es totalizante ni sistemática y las elecciones “racionales” son condicionadas por los sentimientos y las emociones.
En el artículo Risk as Feelings, Loewenstein et al. (2001) justificaron la proposición afín de que en la toma de decisiones económicas las creencias acerca de los riesgos son a menudo expresiones de las emociones; con frecuencia las decisiones de la gente expresan evaluaciones afectivas, que no se ajustan a la lógica de las preferencias económicas. Por ello, para comprender las preferencias es posible que se tenga que entender la psicología de las emociones (Kahneman D, 2003).
2.1 Arquitectura de las decisiones
Esta investigación tiene en cuenta el concepto de racionalidad 5 limitada. Desprendiéndonos de los postulados neoclásicos y considerando estudios que siguen variables como el ciclo económico, desigualdad y felicidad, se obtiene que los individuos presentan anomalías cognitivas que los separan fuertemente de la racionalidad implícita de la teoría de la utilidad esperada, como describen Kahneman y Tversky (1974).
La información que reciben los sujetos (independientemente de si es completa o no) está sometida a la interpretación específica de cada individuo y a la manera como su cerebro la procesa. El comportamiento de los individuos se ve entonces afectado por la forma en que se presenta un problema de decisión, así como por los sesgos personales, las diferencias de tiempo o el modo de lidiar con la incertidumbre.
Así que las elecciones están condicionadas por un sinnúmero de factores y determinantes que además se presentan de manera particular para cada individuo, considerando su formación, capacidad de adaptación, preferencias, juicios preexistentes, nivel de incertidumbre, relaciones sociales, expectativas e incluso el nivel de confianza en sí mismo y en los demás (Cifuentes, 2018).
Para lograr un mejor entendimiento, se aclara que el sistema cognitivo está compuesto por dos sistemas: el razonamiento que se hace deliberadamente y con mucho esfuerzo, y el pensamiento intuitivo que se presenta de manera espontánea en la mente sin cálculo o búsqueda consciente y sin esfuerzo (Figura 1). La observación superficial y la investigación sistemática indican que la mayor parte de los pensamientos y las acciones son normalmente intuitivos en este sentido (Gilbert, 1989, 2002; Wilson, 2002; Epstein, 2003).
La característica fundamental de los agentes, en este caso los campesinos, no es que razonan mal, sino que actúan a menudo intuitivamente. Y la conducta de estos no está guiada por lo que son capaces de calcular, sino por lo que casualmente se les presenta en un momento dado; el proceso de toma de decisiones se genera de manera distinta, dadas las motivaciones, sesgos y creencias.
Si bien los agentes se identifican como seres individuales con realidades propias, es justo decir que también pertenecen a grupos sociales que de alguna manera definen las creencias y preferencias. Entonces, lo que es normal e intuitivo en una determinada situación no es lo mismo para la población rural que para la población urbana, así estén localizadas en el mismo departamento o país y se rijan por las mismas leyes.
Experiencias culturales diferentes propician intuiciones diferentes acerca del significado de las situaciones. Esta aproximación tiene sus orígenes en Ross y Nisbett (1991), de donde se resalta “la fuerza de la situación”.
Por consiguiente, las funciones de utilidad son moldeadas por el entorno en que los individuos se desarrollaron, y la utilidad puede adaptarse de manera óptima durante la vida del individuo (Robson, 2003).
Teniendo presente que el campesinado es un grupo social, los individuos identificados como campesinos poseen algunas características comunes entre sí. Se dice que por vínculo biológico y psicológico tienen un particular comportamiento subjetivo; con lo cual se alude a que los procesos económicos no son objetivos e impersonales, sino que están marcados por las concepciones de los sujetos.
En este sentido, el proceso psicológico de estructuración social de un grupo, en este caso, del campesinado, puede resumirse como "Realidad" + creencias+ instituciones + políticas específicas = resultados (y, por tanto, "realidad" alterada)” (Douglass & Shariq, 2004, p. 80).
Según Douglas y Shariq (2004), el mecanismo de retroalimentación de los resultados a la realidad se ejecuta a través de la mente humana. Ya que la mente interpreta la realidad, se tiene un conocimiento muy limitado de cómo los resultados serán percibidos e interpretados por los agentes. Como las decisiones son los factores autónomos de la evolución socioeconómica, y si se quiere aprender más sobre este proceso se necesita saber más sobre la forma en que las mentes construyen la realidad
2.2 Consideraciones del mundo rural desde la perspectiva psicológica
En términos generales, el campesinado solo puede entenderse en el contexto de la dinámica de la vida económica, social y política del país, así como en la interacción entre el conflicto y la formación de la estructura rural.
La vida del campesinado colombiano ha estado marcada durante décadas por el miedo a la expulsión o el desplazamiento, la discriminación, la no garantía de sus derechos, la incriminación, la coerción y al oprobio. El campesinado se ha formado en esta dinámica, no es un sujeto extraño a ella; aun así, no se puede desconocer su increíble capacidad de resiliencia y adaptación.
En este punto se delimita la investigación. Se reconoce la complejidad del campesino colombiano al ser expuesto de manera directa al conflicto y a la violencia 6.
En el departamento de Boyacá, de acuerdo con los datos recopilados por Jacinto Pineda (Figura 2), durante los sesenta años de conflicto han sido víctimas de asesinatos selectivos 1.279 personas, en 1.040 casos, de los cuales en 399 el presunto responsable es un grupo paramilitar, 274 atribuidos a la guerrilla y el resto a otros grupos.
Puerto Boyacá concentra 26.1% de las víctimas asociadas al conflicto armado en Boyacá; Chita, el segundo municipio más pobre de Boyacá, de acuerdo con el indicador de necesidades básicas insatisfechas (NBI) es, a su vez, el segundo más afectado por el conflicto armado y es el único en el departamento donde se han expresado todas las modalidades de violencia (Pineda, El Diario, 2018).
Esto demuestra que Boyacá no ha sido ajeno al conflicto armado interno, pues 11 de los 123 municipios, es decir, 9%, ha sufrido de manera directa la violencia.
Claramente, estas no son cifras alentadoras; sin embargo, lo que se quiere denotar es que es necesario hacer una abstracción de dicho contexto para tener en cuenta a aquellos campesinos que, si bien no han sido víctimas del conflicto armado colombiano, sí han sido marginados por años y, por tanto, presentan otro tipo de condiciones y factores de riesgo, como es el caso de nuestra población de estudio.
3. Metodología
Se han utilizado fuentes primarias que contienen información resultado del trabajo previo de los autores, así como entrevistas directas a la población de estudio de este artículo. Y fuentes secundarias que contienen información organizada, elaborada, producto de análisis, extracción o reorganización que refiere a documentos primarios originales.
Para conocer la psicología del campesino no bastan los datos, hay que buscar las vivencias. El proceso metodológico desarrollado en esta investigación se da a partir del enfoque cualitativo, mediante la construcción de entrevistas en profundidad a la comunidad de El Tambre, vereda Agua Blanca, en Tuta, Boyacá.
La lógica de razonamiento es inductiva. Las entrevistas fueron semiestructuradas, debido a que partieron de preguntas planeadas, que se ajustaron a los entrevistados para motivar al interlocutor, aclarar términos, identificar ambigüedades y reducir formalismos.
Los participantes se seleccionan tomando en consideración la característica representativa de vecindad de la vereda Agua Blanca; el muestreo es intencionado y el reclutamiento se hace mediante la participación en un proyecto de investigación desarrollado por uno de los autores del presente artículo (Cifuentes, 2020).
Las entrevistas se desarrollan en los espacios de encuentro y participación activa de la comunidad, que son la escuela de Agua Blanca y la escuela de Leonera, y mediante visita a sus viviendas. Estas entrevistas se aplican a 35 familias seleccionadas del sector, teniendo en cuenta todo el núcleo familiar (adultos, jóvenes y niños). Las conversaciones fueron grabadas y transcritas, así como los comentarios de los entrevistados.
4. Resultados
A los participantes se les hizo la pregunta ¿A qué se dedica la familia, como sustento de vida? Según las respuestas, 59% de las familias desarrollan actividades agrícolas (sembrar fresa, cebolla y papa) y 38% se dedican a actividades de ganadería (ordeñar vacas, compra y venta de animales como gallinas, conejos y cabras) y 3% trabaja en otras industrias (siderúrgica y construcción) como empleados (Figura 3). La mayoría de las familias tienen su parcela o animales, que les permiten su sustento diario; sin embargo, también se encuentran familias que trabajan para otros agricultores por menos de un salario mínimo legal vigente.
El 93% de los representantes de las familias aseguraron no haber conocido ningún programa que les haya ayudado al desarrollo económico de su sector y argumentaron que se sienten solos frente a la poca presencia de los gobiernos municipales. Dijeron al respecto: “lo poco que tenemos lo hemos trabajado con mucho sacrificio para nuestras familias” (Figura 4).
Frente a la economía familiar, se observa el desempleo, con 72%, como principal factor que contribuye a incrementar la pobreza. En este sentido, también se evidencia una rezagada actividad laboral de las mujeres, quienes se encuentran limitadas en los hogares sin poder trabajar, porque no existe suficiente empleo para que ellas puedan emprender actividades económicas y mejorar las condiciones de vida de sus familias. La mujer sigue siendo vulnerable e invisible para muchos procesos económicos. Lo anterior es respaldado por los hallazgos de Acosta et al. (2017) (Figura 5).
En nuestra zona de estudio son evidentes, además, los problemas de alcoholismo, con 18% de las respuestas en este ítem, especialmente de los hombres, quienes muchas veces gastan sus salarios fuera del hogar, lo que genera violencia intrafamiliar y desescolarización de los hijos e hijas.
A la pregunta ¿Le gusta vivir en el campo?, las respuestas permitieron comprender que la experiencia de vivir en el campo es satisfactoria; 90% manifestó vivir muy tranquilo; sin embargo, existen muchas falencias y necesidades por suplir (Figura 6).
Las personas expresan: "como en el campo, no se vive en ningún otro lado"; con ello hacen referencia a que vivir en el campo trae muchos beneficios para sus vidas, pues allí no se tienen el problema del ruido, la prisa, el estrés y la contaminación de las ciudades, situación que crea una sensación de tranquilidad y paz.
No obstante, aclaran que no es suficiente, puesto que los recursos económicos no logran suplir ciertas necesidades como una buena alimentación, servicios básicos, buena educación, productividad estable de su actividad; problemáticas que influyen en la obtención de una mejor calidad de vida.
los jóvenes, niños y niñas, a quienes se dirigió esta pregunta, afirmaron que quieren quedarse en el campo (Figura 7), realizando las mismas actividades de sus padres, y un pequeño porcentaje de 10% mencionó querer ir a otros lugares en donde puedan tener mayores oportunidades: “un mejor trabajo, una casa grande, aprender otros oficios que generen más dinero”.
Una de las principales causas por las que los jóvenes abandonan el campo está en los bajos salarios que se pagan en las actividades agropecuarias, además por la escasa rentabilidad que obtienen los campesinos a cambio de sus productos.
Con la pregunta ¿Considera usted la actividad agropecuaria como proyecto de vida?, se quiso encontrar las expectativas de migración del campo a la ciudad por parte de los jóvenes del sector, y si acaso ellos no consideran la actividad agropecuaria como proyecto de vida, a lo que 86% de las familias argumentan que quisieran que sus hijos fueran a estudiar a otros lugares para que puedan tener mejores oportunidades, que el campo no les ofrece (Figura 8).
Sin embargo, según lo expresado, si tuvieran oportunidades de empleo y progreso, no dudarían en continuar trabajando en sus parcelas y cultivos, pues ellos son felices en sus campos. Un pequeño porcentaje de jóvenes afirma que su vocación no es el campo, pues ven a sus padres, tíos y hermanos trabajar fuertemente todos los días, enfrentando las altas temperaturas en las mañanas y al mediodía, así como las bajas temperaturas en época de heladas, sin ninguna protección contra enfermedades. Además, consideran que ese esfuerzo no se ve recompensado, pues como ya se mencionó, tienen muchas necesidades básicas insatisfechas.
Se observa desmotivación en los niños y jóvenes por continuar viviendo en el campo. La idea de migración del campo a la ciudad es estimulada por la posibilidad de obtener mejores ingresos y oportunidades de trabajo en escenarios urbanos.
4.1 Heurísticas de juicio en la región
Junto con los reportes anuales de felicidad mundial (WHR, por sus siglas en inglés), estudios recientes han pedido a las personas estimar su propio nivel de felicidad, y un elemento común encontrado en estos es que la gente tiende a responder de acuerdo con su rango en su sociedad en ese punto en el tiempo (Scitovsky, 1992; Oswald, 1997).
Los de clase media en fechas anteriores, tal vez varias décadas atrás, a menudo se clasifican a sí mismos como tan felices como los que están en clase media en posteriores fechas, a pesar de que los niveles de consumo y las perspectivas de vida parecían ser mucho peores hace varias décadas.
Para el caso colombiano, en 2018 el porcentaje de personas que estaban en situación de pobreza multidimensional en Colombia fue 19.6%; en las cabeceras 13.8% y en los centros poblados y rural disperso, 39.9%; es decir, el porcentaje de personas que se hallan en situación de pobreza multidimensional en centros poblados y rural disperso fue 2,9 veces el de las cabeceras. En el caso del indicador de bajo logro educativo, la mayor concentración de municipios se encuentra en el rango de 71% - 80%, con 433 municipios del total del país.
Nuestra reflexión se encamina a que las estimaciones presentadas de autorreporte de la felicidad individual, recopiladas por fuentes primarias y secundarias en esta investigación, son significativas para demostrar que el concepto de utilidad/bienestar es relativo. Análogamente, el individuo medio en una región más pobre tiene un nivel de utilidad similar al individuo medio en una región más rica.
En los resultados sobre la comunidad de El Tambre que arrojan los reportes de felicidad o complacencia de vivir en el campo, es particularmente notorio el contraste y lo paradójico de los niveles de satisfacción de las personas en ambientes limitantes con altos niveles de desigualdad, victimización y dificultades económicas que se enfrentan en los entornos rurales y que se configuran en áreas de reducidas oportunidades.
Según Hernández (2011), la felicidad de los individuos depende tanto de la capacidad de adaptarse al entorno (heurística o felicidad “sintetizada”) como del cumplimiento o no de sus expectativas (realización o felicidad natural) (Figura 9).
La evolución de la heurística depende, a su vez, de los logros obtenidos, así no hayan sido metas preconcebidas frente a la adversidad del entorno, y la evolución de la realización depende también de los logros alcanzados (como metas preconcebidas), pero frente a las expectativas propias.
De allí se consigue, entonces, la evolución de la felicidad en términos de la evolución de las expectativas y la adversidad, independientes de logros (preconcebidos o no) en el tiempo.
La brecha entre expectativas y adversidad finalmente es la que conlleva cambios en las expectativas de los agentes.
Hernández (2011) admite que existe evidencia que apunta hacia una interpretación de la paradoja de una sociedad en donde los habitantes de países (o regiones) con alta desigualdad y poco acceso de oportunidades, al mismo tiempo y a pesar de todo, se consideran felices.
Se puede decir, por tanto, que los constructos de bienestar están reducidos a las particularidades de cada comunidad. Una lectura que se puede hacer es que la felicidad está asociada a bajas aspiraciones o expectativas y metas fácilmente realizables (Hernández, 2011).
Hernández cita el estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (Lora, 2008), que indica que los países que presentan alta desigualdad y alta felicidad contienen una población que tiene un problema de alejamiento de la realidad o, en el peor de los casos, población “resignada” o reducida a un estado de relativo contentamiento ante sus condiciones adversas.
4.2 Sesgos de elección
Entre los sesgos y anomalías presentes en la literatura científica podríamos identificar los sesgos de sobreconfianza, de pesimismo y violación de preponderancia.
Los seres humanos tendemos a sobrevalorar nuestras habilidades, nuestros conocimientos y nuestras perspectivas de futuro (Camerer & Lovallo, 1999). El sesgo de sobreconfianza en el pensamiento contribuye a que tendamos a creernos mejores pronosticadores de lo que realmente demuestra la evidencia empírica.
La evaluación de rendimiento de la productividad en el campo podría ser un ejemplo de ello, los estudios demuestran que algunos campesinos producen de una manera no rentable, ya que su incremento en ventas no es acompañado por un crecimiento en la utilidad operacional. Según Montoya (2010), los inversores tienden persistentemente a sobreestimar los rendimientos de sus inversiones y subestimar los posibles resultados generados por la incertidumbre.
En otro sentido, durante las entrevistas con el grupo se preguntó por qué razón no existe una cultura empresarial alrededor de las actividades agropecuarias del sector, y el campesino expresó frases como “Uno de pobre no puede ... " "¡Qué va a hacer uno de pobre!", "A uno de pobre no le queda más que…", "Es duro pal’ campesino”.
Y a la pregunta: ¿cuál es su percepción con respecto a las ayudas o programas estatales?, ellos respondieron: "a uno de pobre le basta con cualquier cosita", o “cualquier cosita es cariño”.
Se puede ver en estas respuestas el sesgo de excesivo pesimismo del que hablan Sanjuán y Magallares (2006). En psicología, el excesivo pesimismo refiere a un procesamiento cognitivo que opera como una elevada tendencia a subestimar los resultados positivos o favorables y al mismo tiempo a sobreestimar los resultados desfavorables o a considerarlos muy frecuentes. Se llega así a conclusiones que no se desprenden de la experiencia previa ni en cálculos estadísticos, sino que encierran creencias basadas en expectativas y en deseos del decisor.
Este sesgo proviene en gran medida del recelo que tienen los individuos ante las instituciones sociales, democráticas y electorales, e incluso la desconfianza interpersonal, la cual es especialmente alta en Latinoamérica. Según Lagos (2016), ocho de cada diez ciudadanos no confían en el “otro”.
Por otro lado, durante las entrevistas se preguntó acerca de la asociatividad en el sector mediante las cooperativas, que es una forma de organización empresarial con fines económicos y sociales, donde se trabaja en comunidad para lograr un beneficio colectivo. A la pregunta ¿considera que la asociatividad puede generar mayores ingresos y calidad de vida para su familia? dentro del grupo entrevistado del sector de El Tambre, 100% de los representantes de las familias argumentó que es buena idea emprender proyectos colectivos y que esa sería una excelente manera de mejorar los ingresos y la calidad de vida.
Sin embargo, cuando se plantean los planes para la ejecución, en los comentarios se observa una notable desconfianza frente a personas que puedan liderar la organización, pues la maldad, el engaño y el miedo son experiencias que han vivido y desafortunadamente se ha generado un malestar en el pensamiento frente a oportunidades colectivas.
El sesgo de la violación de la preponderancia indicaría cómo los campesinos toman decisiones de manera intuitiva de acuerdo con las experiencias conocidas; que el episodio sea atractivo o que genere rechazo (en este caso, la experiencia de la asociatividad) es algo que viene determinado por la utilidad recordada de ese momento (Kahneman, 2003).
4.3 Reflexión
El campesino desde niño ha entendido la vida como un constante esfuerzo, en el que no recibe un beneficio alentador, sino una retribución para sobrevivir; con dicha conciencia crece y, así mismo, cría a los suyos. Dichos comportamientos van formando una inmensa barrera, que obstruye las formas necesarias de organización y acción grupal para la construcción de los objetivos comunes que permitan a los campesinos realizar una actividad económica gestionada desde el enfoque empresarial.
El campesino se encuentra en una posición de aceptación, un escenario en el cual todo está dado; esto implica pasividad e impotencia al verse a sí mismo como el producto de un devenir de la vida que ha sido impuesto por alguien ajeno a su entidad, el campesino como sujeto no se reconoce capaz de administrar y reconfigurar su propia realidad o la de sus semejantes.
Es sorprendente la privación de propósitos, la timidez de las demandas, las exiguas expectativas que puede llegar a expresar el campesino. Se encuentra adecuado que carezcan de proyectos y expectativas, puesto que tradicionalmente han sido bloqueados, impedidos y no reconocidos en cuanto grupo. Las privaciones que históricamente han tenido se ven reflejadas en sus parcos anhelos de mejoramiento. Como ha mostrado Lewin (citado por Organización Mundial del Trabajo, 2018), el nivel de aspiraciones depende históricamente del nivel de realización.
De acuerdo con Baro (1998), se puede caracterizar el fatalismo con tres rasgos psicológicos: una estructura de pensamiento infantil-mágica; una conciencia estática, no histórica; y finalmente, un comportamiento conformista. “El pensamiento del campesino es necesariamente presentista, sin que sus esquemas logren desbordar suficientemente la actualidad espacio-temporal” (Baro, 1998, p. 486).
Algunos campesinos se muestran no autónomos, como sujetos dependientes, pues reciben todo tipo de determinaciones, culturales, religiosas, institucionales y económicas; por ejemplo, cuando sus productos necesitan un mercado donde ser comercializados, este mercado lo constituyen los centros urbanos, que son los que determinan precios y beneficios (dependencia económica).
Dichos contextos limitantes generan creencias, esquemas actitudinales y predisposiciones particulares muy diferentes a los que podrían identificarse en un grupo de individuos que habita en áreas urbanas, aunque estos geográficamente no estén significativamente alejados. En el fondo, no es que el campesino no quiera tener un proyecto personal de desarrollo, sino que su proyecto se define necesariamente en dichas fuerzas, y su ser es relegado a dichas dependencias.
4.4 Condiciones para la modificación en la psique del campesinado
Las modificaciones en la psique de los campesinos van más allá de capacitaciones técnicas aisladas, no es posible generar cambio si no se tienen en cuenta creencias, sesgos, cognición y mundo histórico de los mismos.
Si se espera una verdadera transformación de la realidad campesina -personal y comunitaria- tendrán que promoverse simultáneamente procesos de mejoramiento de las formas de tenencia y de producción agrícola, pero al mismo tiempo un proceso de formación que reconozca y refuerce el valor del campesino en la sociedad.
Cuando se habla del rol de la educación es necesario involucrar a adultos, jóvenes y niños e inducir conocimiento para generar capacidades de reevaluación de las situaciones de vida, las cuales se caracterizan por manejar distorsiones cognitivas adversas y falta de motivación o creencias negativas que han sido tradición; en otras palabras, los campesinos también necesitan reconocerse a sí mismos como individuos capaces de transformar su propia realidad.
El desarrollo humano dentro del campo debe ser prioridad, el desconocimiento de esta realidad ha causado por años graves problemáticas de inasistencia y alejamiento, poco desarrollo de capacidades calificadas, maltrato laboral, baja remuneración, escasa seguridad social e informalidad laboral.
Por otro lado, se observa en los campesinos una tendencia a la evitación emocional de su situación de vulnerabilidad. Contreras (2005) encuentra que las personas que se sienten incapaces de resolver las situaciones problema, procuran no hacer frente a lo sucedido y se desinhiben mediante el uso de bebidas alcohólicas. En este sentido, se observa que los índices de alcoholismo han sido históricamente altos en el departamento de Boyacá, con una prevalencia a nivel nacional de 47% (Ministerio de Salud y Protección Social & Universidad Nacional de Colombia, 2013).
La negación puede incrementar factores de riesgo como violencia doméstica, pérdida de ingresos familiares, víctima de estigma social y discriminación, embarazo no deseado, violencia sexual (dentro y fuera de la familia), que generan situaciones de vulnerabilidad con consecuencias en la capacidad de aprendizaje de los habitantes rurales.
Algunos de los efectos de ser expuestos a dichos factores de riesgo son preocupación constante, agresión, desesperanza, pérdida de interés/anhedonia, problemas cognitivos (falta de concentración, de memoria, problemas de razonamiento), impulsividad, aislamiento social/ interpersonal.
Los campesinos no han podido superar sus vulnerabilidades; en parte, porque su psiquis ha sido subvalorada. Para el campesino, negar la presencia del problema, comportarse como si el problema no existiera (Fernández, 1997) y expresar en forma impulsiva la emoción de la ira para disminuir la carga emocional en un momento determinado (Lazarus & Folkman, 1986), han sido “estrategias” de afrontamiento que terminan siendo poco adaptativas.
5. Conclusiones
Se cree que tanto la psicología como la economía del comportamiento tienen un creciente potencial para dar explicación a los fenómenos considerados como sesgos personales, conductuales y cognitivos de la población rural. Las personas que viven en áreas rurales tienen diferentes visiones y motivaciones en la vida, que los planificadores deben tener en cuenta para evitar la sumisión del campesinado a planes generales.
Se infiere que en Colombia la población campesina ha sido estigmatizada por muchos años a pesar de su importante papel en el orden económico. Actualmente, ella se encuentra en una posición de aceptación, un escenario en el cual todo está dado, lo que implica pasividad e impotencia porque se ve a sí misma como el producto de un devenir de la vida, no se reconoce capaz de administrar y reconfigurar su propia realidad o la de sus semejantes; en síntesis, el campesino se ve a sí mismo como un ser enajenado en la pobreza y en la carencia.
Sin un conocimiento de las motivaciones y restricciones que poseen los campesinos desde su propia realidad, no será posible que ellos superen la pobreza o que adopten una postura empresarial y productiva de su actividad económica.
En este sentido, la psicología rural permite identificar la psiquis de la población campesina frente a los problemas del entorno y señala cómo esta se convierte en un factor importante para la explicación de las situaciones fruto de una cultura suprimida, ausente e incluso una cultura del silencio en cuanto receptores y no hacedores de políticas y programas.
Se reconoce la importancia del elemento multidisciplinar, en el cual los habitantes rurales sean reconocidos desde su piscología (analizando sus determinantes cognitivos de comportamiento humano en el momento de tomar decisiones económicas), y desde lo organizacional, para que ellos puedan tener una formación en conocimientos administrativos.
El fin esperado es que los campesinos puedan aportar desde su particularidad a nuevas políticas para menguar efectivamente la pobreza, tener calidad de vida y así configurar intentos de un modelo de desarrollo rural.
Es importante introducir este enfoque a una parte de la sociedad que durante años ha tenido implícita una desvalorización relativa, no solo porque no ha sido estimada como sujeto activo para el desarrollo, sino también porque a una alta proporción se le ha asignado un rol subsidiario, sin derechos ni garantías.
Diferentes estudios acerca de la situación socioeconómica en zonas rurales coinciden en su mayoría en que las limitaciones son causa del conflicto interno y del nulo desarrollo en infraestructura, tecnología y educación; razones válidas, pero pocos han enfatizado en entender cuáles son las diferencias y los aspectos psicológicos en el contexto que imposibilitan la toma de decisiones económicas. Ante esta situación, las teorías del comportamiento económico aparecen como un aporte a este entendimiento.
Actualmente en Latinoamérica hay algunas experiencias en economía del comportamiento. Behavioral Insights Team (BIT) 7 apoya en México a los emprendimientos para que se unan al sector formal; en Perú ayuda a reducir el ausentismo de los docentes y en Costa Rica mejora la recaudación y administración de impuestos. El gobierno brasileño también ha adoptado aspectos de la ciencia conductual; si bien no trabajaba con BIT, la ciencia conductual ha facilitado la supervisión y el registro de los beneficiarios del programa de bienestar Bolsa Familia.
Se espera que futuras investigaciones en Latinoamérica, y específicamente en Colombia, logren ampliar el objeto de estudio desde la economía conductual. Algunos interrogantes que pueden responder otros estudios serían ¿cómo se generan las expectativas económicas de los agentes a nivel individual y social?, ¿cuáles son los efectos de los sentimientos morales y las emociones en sus procesos de decisión?, ¿cómo pueden mejorar las políticas públicas al introducir modelos más realistas del comportamiento humano?
Se espera abrir una discusión con la presente investigación, para conocer a fondo las condiciones en que se dan los procesos de toma de decisiones y de comportamiento económico en general y en el área rural.
Por su parte, el Estado colombiano debe seguir estableciendo políticas que satisfagan las necesidades básicas de la población en general, sin ningún tipo de exclusión. Reducir el sesgo urbano requiere la revisión y proposición de políticas encaminadas al progreso de las zonas rurales a partir de mayores inversiones, aumento de incentivos y mejora de la calidad de vida (López, 2019).
Resumen
Main Text
Introducción
1. Contexto
2. Exploración de la psicología de las decisiones económicas
2.1 Arquitectura de las decisiones
3. Metodología
4. Resultados
4.1 Heurísticas de juicio en la región
4.2 Sesgos de elección
4.3 Reflexión
4.4 Condiciones para la modificación en la psique del campesinado
5. Conclusiones