Élites regionales y hegemonía nacional: 

prensa literaria del Caribe colombiano (1854 - 1886). Preliminares[1]
 

Armando Camacho-Álvarez[2] 
Danilo Mercado-Millán[3] 

 

Resumen 

Durante el siglo XIX, la producción cultural de la élite colombiana caribeña partió de un lenguaje regional competitivo, pero con base en un modelo de nación unitario. Su dinámica esencial caribeña, como una “puerta de entrada”, es ocasión para cuestionar el alcance del imaginario bajo el sistema tradicional centro-periferia. El artículo expone algunas reflexiones preliminares en torno al papel de la prensa literaria caribeña, haciendo parte de un proyecto investigativo que indaga el proceso de construcción de “identidad nacional” en los periódicos literarios durante 1854 a 1886, en el que se plantea un análisis histórico del proyecto literario de nación frente a los intereses y expresiones regionales en su literatura.  

Palabras clave: élites, hegemonía, Caribe colombiano, prensa literaria.

Regional elites and national hegemony: Colombian Caribbean Literary press
(1854-1886). Preliminars

Abstract 

All along the XIXth Century, the cultural production of the Colombian Caribbean elites had as a basis a competitive regional language based on a unitary nation model. Its essential Caribbean dynamic as a “front door”, brings out the question about the scopes of the national imaginary under the center-periphery traditional system. This paper, as part of an investigation project, presents some preliminary reflections on the subject of the Caribbean and its role into the construction process of the “national identity” in the literary press during 1854 to 1886. In here, we offer a historical analysis of the national literary project against the regional literary interests as well as its idiomatic expressions.  
Keywords: elites, hegemony, Colombian Caribbean, literary press.

 

Elites regionais e hegemonia nacional

imprensa literária das caraíbas colombianas (1854 - 1886). Preliminar

Resumo

Durante o século XIX, a produção cultural da elite das Caraíbas da Colômbia partiu de uma língua regional competitiva, mas baseada num modelo de nação unitária. A sua dinâmica caribenha essencial, como "porta de entrada", é uma ocasião para questionar o alcance do imaginário sob o sistema tradicional de centro-periferia. O artigo apresenta algumas reflexões preliminares sobre o papel da imprensa literária das Caraíbas, como parte de um projecto de investigação que investiga o processo de construção de uma "identidade nacional" nos jornais literários durante 1854 a 1886, no qual é apresentada uma análise histórica do projecto literário da nação contra interesses e expressões regionais na sua literatura. 
Palavras-chave: elites, hegemonia, caraíbas colombianas, imprensa literária.

 

Les élites régionales et l'hégémonie nationale

presse littéraire des caraïbes colombiennes (1854 - 1886). Préliminaires

Résumé

Au cours du XIXe siècle, la production culturelle de l'élite caribéenne colombienne est partie d'une langue régionale compétitive, mais basée sur un modèle de nation unitaire. Sa dynamique caribéenne essentielle, en tant que "porte d’entré", est l'occasion de s'interroger sur la portée de l'imaginaire dans le cadre du système traditionnel centre-périphérie. L'article présente quelques réflexions préliminaires sur le rôle de la presse littéraire des Caraïbes, dans le cadre d'un projet de recherche qui étudie le processus de construction d'une "identité nationale" dans les journaux littéraires de 1854 à 1886. Il présente une analyse historique du projet littéraire de la nation par rapport aux intérêts et aux expressions régionales dans sa littérature. 

Mots-clés: élites, hégémonie, Caraïbes colombiennes, presse littéraire.

 

I.              Élites y prensa literaria 

El rol de la prensa en la modernización de las naciones, desde finales del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX, ha gozado de bastante documentación en la investigación histórica. Y no es para menos: el auge de los periódicos impresos les permitió a las burguesías nacionales, tanto en Europa como en América, configurar un campo simbólico, político y administrativo determinante en la pugna por legitimar su propia versión de modernidad de país. Las élites políticas del siglo XIX en la costa Caribe colombiana, así como en el resto del territorio nacional, evidenciaron rápidamente las bondades del periodismo como instrumento eficaz para divulgar su ideario. De esta manera, después de las campañas de Independencia, y ubicados en grandes extensiones de tierra, la prensa fue el mecanismo por excelencia para hacer política, para “[…] explicar y difundir […] las mutaciones culturales propias de la modernidad […] y cambiar los universos mentales, los imaginarios tradicionales, los valores, los comportamientos, los lenguajes” (Uribe y Álvarez, 2002, p. ix).  

El modelo de nación se planteó desde la legalidad de su existencia, e igualmente desde la convicción de una emancipación, de una esencia propia; por tanto, la “identidad nacional” se haría efectiva por medio del nuevo orden social. Si bien el periodismo político primó en la escena pública, la prensa literaria también pugnó por un espacio dentro del proceso institucional. Como apunta Carmen Elisa Acosta (2009), en las publicaciones de este carácter, “[…] (l)os editores tuvieron clara la necesidad de señalar las diferencias entre la literatura y la política, aunque el papel social que ejercía la primera estuviera dirigido hacia la última” (p. 32).   

Para las élites, la existencia de la nación colombiana sería evidente mientras mayor producción editorial hubiese. Así, la prensa literaria es referente del campo cultural que comienza a oficializarse como representante de “lo nacional”, enfocándose en la literatura como lenguaje eufemístico de aquello considerado como “propio”. La prensa literaria se define con base en los prospectos de sus editores, quienes enfáticamente la declararon su razón de ser, por lo cual en el corpus de esta investigación no se incluyeron los folletines o separatas literarias de periódicos noticiosos o políticos con contenido al respecto.

No obstante, resulta complejo clasificarla, en el sentido estricto de la palabra, principalmente por su carácter misceláneo, pese a que se diferencia claramente por un interés declarado en el uso y difusión de la literatura como sustento de una unidad aún pendiente por saldar. Las continuas disputas políticas y la diacronía o polifonía –acercándonos levemente a Cornejo Polar (1988)– entre los poderes locales y el Estado centralista, condicionaron la disposición de un lenguaje literario que, al llamar la atención sobre lo original y distintivo, tipificó las gentes en tanto “adheridas” a un territorio; es decir, al agrandar la imagen de aquello que abarcaba la nación, asentó los modos de ser y los clasificó según valores elitistas.  

Con este trabajo reflexionamos sobre el papel que desempeñó la literatura regional frente al gran discurso del parnaso nacional entre los años de 1854 a 1886. Iniciamos con la lectura de las publicaciones literarias en la costa Caribe, las cuales no estaban concentradas en una única plaza. Como lo hemos mencionado en otros lugares, Cartagena es una de las ciudades que presenta mayor cantidad de publicaciones, “[…] pero los textos de análisis se encuentran repartidos a lo largo y ancho de la región caribeña, desde Riohacha hasta Panamá, lo que da cuenta de una preocupación regional por la cultura y el acervo literario” (Camacho-Álvarez, Mercado-Millán y Sánchez-Guerra, 2015, p. 128).  

Es importante señalar la condición especial que tiene Panamá dentro de lo que llamamos región Caribe colombiana en el siglo XIX. Debido a que el federalismo fue la organización política que prevaleció durante la mitad de dicho siglo, por cuenta de las reformas del Olimpo Radical (1863-1886), al hoy país centroamericano lo visualizamos como un Estado y, en cuanto tal, un territorio que posee costa en el Caribe colombiano. El hecho de que en la actualidad su ciudad capital sea en el Pacífico no deslegitima esa posición; al contrario, debido a su posterior separación de Colombia en los albores del siglo XX, esa costa puede ser una puerta de acceso a la historia que se compartió entonces. 

El trabajo de Uribe y Álvarez (2002) fue esencial en el comienzo de la búsqueda documental, para luego llevar a cabo el rastreo en el catálogo de la Biblioteca Nacional de Colombia y en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Sin embargo, en este ejercicio de memoria es inevitable enfrentarse con el problema de la recolección de fuentes, las cuales, por efectos del tiempo, se han extraviado o presentan en su materialidad algún tipo de deterioro (Bedoya, 2012).

El periodo elegido ofrece un escenario político decisivo para el establecimiento del bipartidismo, especialmente alentado por las reformas liberales de José Hilario López con el comienzo de su presidencia en 1849 y de la revolución artesano-militar ocurrida en 1854. La bandera liberal de las libertades individuales promovió el cambio económico, amenazando el trabajo del artesanado y provocando el golpe de Estado liderado por el general José María Melo. Lo que siguió a esta efímera dictadura fue una respuesta militar, cuyo ingrediente particular fue la unión de conservadores y liberales en “defensa de la legalidad”, tal como afirma Tirado Mejía (1995) al mencionar “[…] el inicio de una práctica reiterada de Frente Nacional expresada en la unión de oligarquías liberales y conservadoras contra las acciones populares” (p. 119).  

Una reforma constitucional en 1857 sienta las bases del federalismo radical que consagró más adelante la Constitución de Rionegro (1863), y que daría a la nación el nombre de Estados Unidos de Colombia. Esta época, de una marcada hegemonía liberal que se extenderá hasta 1886, conlleva una enorme agitación política y numerosos levantamientos regionales que desembocaron, con mayor o menor intensidad, en cruentas guerras civiles. A inicios de la década de 1880, el movimiento de La Regeneración pregonó un “llamado al orden” y a partir de 1886 consagró de nuevo el centralismo y la directriz de la moral católica dentro del orden estatal. 

II. La condición caribeña. 

Sabemos que al hablar de “producción literaria colombiana” se cometen imprecisiones insoslayables. Puede parecer superfluo, pero decir “Colombia” o “colombiano” en el siglo XIX significó una cosa bien distinta a la imagen que actualmente surge. Así las cosas, hablamos de “literatura colombiana” por cuestiones prácticas, pero en realidad la denominación que colmaba la época era la de “literatura granadina”. Colombia fue la “gran república” fallida de Bolívar, y la Nueva Granada era apenas la región resultante de su división en tres partes, siendo Venezuela y Ecuador las otras dos.  

En 1854 este territorio se llamó República de Nueva Granada; en 1858 pasó a denominarse Confederación Granadina; y en 1863 fue nombrada como Estados Unidos de Colombia. Aunque tales cambios de nombre puedan resultar caprichosos –meramente políticos o administrativos–, en el afán por construir una identidad nacional duradera y palpable, lo efímero de aquello que “se nombra” puede ser signo de una disparidad mucho más saturada y profunda que sólo la disputa bipartidista entre federalistas y centralistas. 

En la región Caribe, como lo ha mostrado (Bell, 1987), también se presentó la disputa activa y belicista por los dos modelos organizativos territoriales. Al ser una región fronteriza, y debido a su condición de puerto de entrada donde se ejercía el intercambio de bienes e ideas, las condiciones viales en la época la convirtieron en una suerte de filtro o embudo nacional. Llegar a Bogotá desde la costa resultaba ser toda una odisea. Si Bogotá fue el epicentro de fidelización de un ideal de vida “civilizado”, este imaginario se alimentó de quién y de qué entró por el Caribe, animándonos a indagar sobre los intersticios que se formaron en los largos y tortuosos trayectos hacia el interior del país. 

En los estudios históricos sobre esta región colombiana es común encontrar dos tendencias: por un lado, la historia económica y social; y por otro, la historia migratoria. La primera toma como guía los planteamientos de Fernand Braudel (1984), quien trajo a la historia el uso de las fuentes cuantitativas, siendo Germán Colmenares (1973) uno de los autores más prolíficos para el país. La segunda también asume muchos de los métodos cuantitativos, aunque hace un giro hacia el análisis de la mezcla cultural entre “lo extranjero” y “lo local”, cuyos límites pueden difuminarse o acentuarse en diversas expresiones y representaciones de cada mundo social. No cabe duda de que el atractivo por las obras caribeñas colombianas se multiplicó a partir de la aparición de figuras prominentes, entre las que descuella García Márquez; y es a este interés al que deseamos contribuir, visualizando y leyendo al Caribe como parte integral y a la vez diferencial del país.

III. Jóvenes y literatura regional  

Una de las tendencias más destacadas fue considerar a la literatura o el intento de mantener publicaciones literarias, como el cauce para el desarrollo de la civilización en concordancia con la dicotomía civilización/barbarie, imaginario decimonónico de “la nación contra la colonia”. Por su parte, el regionalismo granadino tenía sus raíces en la organización federal de la República, acentuada durante los gobiernos liberales de José Hilario López (1849-1853) y el posterior Olimpo Radical (1863-1886). Así, lo civilizado fue argumento de un lenguaje competitivo en el que los Estados se comparaban unos a otros no sólo en materia económica, sino también cultural. Al respecto, se leía en el Eco Juvenil de Panamá durante julio de1876 lo siguiente:

La voluntad, señores, es la que nos falta para ponernos a la altura de Antioquia, Bolívar, Cundinamarca i varios otros Estados; Panamá, ya he dicho, no tiene por qué quedarse atrás, porque él está llamado a ser el principal Estado de nuestra República; tanto por su posición topográfica, cuanto por su comercio i por muchas otras cosas. I nosotros, que componemos la juventud istmeña, debemos ponernos en guardia, para rechazar los inconvenientes que se presenten, i poder ser útiles en el porvenir. (Invitación para la formación de una Sociedad Colectiva, p. 2)[4] 

En su condición de Estados libres, cada uno debía dirigirse independientemente por el camino de la civilización. Los progresos materiales e industriales eran cruciales, la construcción de mercados públicos, vías férreas, “[…] el acueducto, los telégrafos, teléfonos fábricas de aceite, jabón y otras” (El país progresa, 1882, p. 2). No obstante, el desarrollo intelectual recibió igual importancia, pues fue el medio para demostrar que se podían consolidar las costumbres propias de una “nación civilizada”. Y los jóvenes, viéndose a sí mismos como la “segunda generación” tras la independencia, fueron los llamados a impulsar tal progreso. Por esa razón, gran parte de los periódicos estudiados tienen una fuerte tendencia a realizar exhortaciones a aquellos, tanto desde el punto de vista cultural, como desde el moral y político. De hecho, muchos periódicos fueron producto de las llamadas “sociedades literarias”, muchas de ellas conformadas por jóvenes entusiastas de las causas políticas y literarias. 

En el periódico panameño El Cachifo (1875a) –cuyo nombre alude mocedad–, se criticaba a los “enemigos del adelanto de la juventud” (Remitidos, p. 3). Así mismo, la publicación La Aurora estaba dedicada a la “juventud cartajenera” [sic] y en general estaba “[a] disposición de la juventud de toda la República” (Portada, 1869). Por tanto, la vinculación de los jóvenes a “las bellas letras” significó el impulso de un cierto ánimo asociativo claramente distintivo de una clase social, contrario a un escenario político fuertemente dividido. A “un grupo social especializado” en ciernes, poder contar con vecinos cercanos o distantes les permitía, por un lado, formar parte de un espacio o lugar concreto, diferenciarse de los otros y, por otro, entablar relaciones culturales, comerciales, sociales y políticas; en suma, tener acceso al poder. Esta “clase rectora-letrada” dispuso para ello todo tipo de impresos y periódicos, práctica que se aprendería desde tiempos de la colonia, como recuerda Ángel Rama (2008):

En el centro de toda ciudad, según diversos grados que alcanzaban su plenitud en las capitales virreinales, hubo una ciudad letrada que componía el anillo protector del poder y el ejecutor de sus órdenes: una pléyade de religiosos, administradores, educadores, profesionales, escritores y múltiples servidores intelectuales, todos esos que manejaban la pluma estaban estrechamente asociados a las funciones del poder. (p. 32) 

Es así como se infería que, mientras esa asociación se encaminase hacia acciones “nobles”, podía exaltarse dentro de la categoría de lo ilustrado, en contraposición a la reunión de “gentes ignorantes” que no dominaban sus pasiones barbáricas. Por ende, la juventud “civilizada” fue ejemplo y, además, único actor de las prácticas llevadas a cabo para “dejar de ser bárbaros”. Así lo expresaba Salvador Camacho Roldán (1923):  

[…] según mi impresión personal no son dañinas todas las consecuencias de las sociedades políticas; el peligro en ella consiste en la ignorancia de los que las componen, que por esta causa pueden ser fácilmente extraviados a sentimientos coléricos y antisociales, pues es sabido que la cólera y la desconfianza o la suspicacia son las tendencias generales de los espíritus incultos, así como el dominio sobre las pasiones la primera muestra de lo que se llama civilización. (p. 83) 

El uso de patrimonio privado para generar transformaciones en los espacios y modos de ser de la nación fue el capital simbólico de los jóvenes de esa época. De ahí el continuo llamado de apoyo que hacían las publicaciones literarias, el cual sería muestra del “correcto gusto literario” en pro del bien común. Pese a ello, también es recurrente leer quejas contra la ineptitud e inactividad de aquellos pertenecientes a “lo más florido de nuestra sociedad”, y las repercusiones que ello tenía en el desarrollo de la nación. Una de tales demandas puede leerse en El Cachifo (1875), en donde se manifiesta que  

Un pueblo indiferente a sí mismo está próximo a la esclavitud. El pueblo peninsular [España] es víctima de esa dolencia, luego su desmembramiento no tarda en ser una realidad. El camino está trazado por sus hijos, sí, por sus hijos que tienen por padre la inacción, al indiferentismo culpable, mas que culpable, criminal. (La España, p. 3) 

Por su parte, el Eco Juvenil de Panamá, que publicaba en 1876 los pormenores de la denominada “Juventud Unida”, fue utilizado para difundir sus actividades, publicando desde las actas de sus reuniones hasta los movimientos de tesorería. Esto evidencia la función de la prensa literaria como órgano articulador de unas prácticas compartidas y dirigidas bajo parámetros consensuados, dignos de ser expuestos públicamente. Además, la literatura fue una suerte de vía de acceso a otras actividades culturales e intelectuales, ya que un periódico literario no sólo se dedicaba a la publicación de textos de este tipo, sino que disertaba también sobre educación, música, teatro, historia y, por supuesto, acerca de asuntos políticos.  

Las bellas letras se emparentaban con todo aquello que se consideraba “culto” y “civilizado”, potestad de quienes se endilgaban esa labor ilustradora, asumida con cierto tono heroico, muy propio del romanticismo. Al respecto, se lee en La Inspiración que “[…] a pesar de sus gastos no remunerados y de lo árduo que se hace en este país la redacción de una hoja cualquiera, no [se ha] omitido esfuerzo alguno por seguir con nuestro ensayo literario” (1882, p. 1). Nótese que la designación de su labor periodística de esta manera, indica que bien entrado el siglo XIX aún se consideraba inexistente una suerte de “verdadera literatura nacional”.  

Ya desde antes el periódico El Estudio (1879) también había asumido esta creencia. En una de sus páginas manifestaba: “[…] hemos podido al fin llevar a efecto la publicación de un periódico literario, que sirva de sano abrevadero a toda inteligencia que quiera ensayar sus fuerzas o derramar su luz sobre los horizontes sin límites del universo intelectual” (Prospecto, p. 1). Asimismo, años atrás El Cachifo (1985b) decía que “la carrera de las letras, porque abrigáis las simpatías que abriga mi alma, es, sin duda alguna, la que presenta más dificultades” (Remitidos, p. 3).  

El estandarte de la civilización era de orden nacional, pero las expresiones ilustradas competían por adquirir su hegemonía, y es sobre todo en la asimilación territorial regional, como frente de batalla política, donde resaltó este conflicto. En 1861, por ejemplo, el periódico El Manzanares mostró una diferenciación clara de la costa al pintar el panorama del alzamiento del general Tomás Cipriano de Mosquera. El payanés se había rebelado contra el gobierno central en 1860, con el propósito de impulsar medidas de corte liberal e imponer definitivamente el federalismo, lo que derivó en la imposición de la Constitución de Rionegro. Según el mencionado periódico samario, los Estados de Bolívar y Magdalena apoyaban al general, mientras que el conservador Julio Arboleda era secundado por los guajiros y panameños, “traidores” aliados de Bogotá, quienes querían “Someter la costa al dominio del tirano” (La revolución Vieco-Miramon. Sus consecuencias, p. 2). 

El sustantivo “la costa”, utilizado como sujeto/territorio en peligro de ser sometido, revela un germen de conciencia de desigualdad frente a quienes intentaban centralizar las decisiones de poder en la nación. Sin embargo, habría que preguntarse si esto puede ligarse con la creencia de una literatura nacional inexistente. Los mecanismos de control que ejercía el centralismo no sólo provenían de las presiones y amenazas belicistas. La prensa literaria, de hecho, actuaba como precursor de un lenguaje simbólico y a veces desconocido, pero legitimado por ser escrito, a través del cual se contradecían las “imágenes nacionales” unitarias; por ejemplo, la exaltación de paisajes naturales propios como la Sierra Nevada, en contraposición al Tequendama capitalino, como puede leerse en La Inspiración (1881): 

Mira cuán bella se destaca la Sierra Nevada en el azulado firmamento, cual atrevida almena de los Ándes. No hay nube en el inmenso espacio, ni la más lijera bruma, que nos impida admirar su grandioso espectáculo… nosotros nos considerámos felices distinguiendo apenas el perfil de su cara, percibiendo el contorno de su cabeza casi confundido con los delajes de nácar y topacio que lucía el cielo, y pudimos decir, henchido de gozo el pecho. ¡Salve gigantesco centinela! (Sonambulismop. 2) 

IV. Consideraciones finales

El proyecto decimonónico de nación, liderado por las élites políticas e intelectuales colombianas, se enmarcó en un proceso que buscó reformar las estructuras sociales y conductuales. Su principal herramienta en el ámbito público fue la prensa, y la literatura fue considerada el instrumento más eficaz de propagación de la “civilización”. En este sentido, toda creación literaria tuvo un marcado sentido instrumental como órgano demostrativo y competitivo, a la vez que con intenciones de universalidad y coherencia. 

La “domesticación de la barbarie”, como la llamará González-Stephan (1994), fue una de las prioridades del proyecto patrio y sus letras, en consecuencia, la manifestación cultural propia de la “verdadera” nación, producto de unos pocos llamados a civilizar. Parece connatural al país silenciar las cosmovisiones y manifestaciones populares que se consideran “bárbaras”, pero queda aún pendiente socavar las sombras que cada región proyectó sobre las representaciones de los demás territorios del país.  

Valga mencionar también, en este orden de ideas, que el presente trabajo es el preliminar de un proyecto académico cuyo aliciente es la idea de que el canon literario colombiano no debe estar presto solamente a “ensancharse”, sino también a reconocer su estrechez y, con ello, dar luz a estudios más complejos que interroguen los imaginarios y no que los refuercen. 

 

 

Referencias bibliográficas

Fuentes primarias 

El país progresa. (1 de febrero de 1882). La inspiración. Barranquilla, (13).

Invitación para la formación de una Sociedad Colectiva. (20 de julio de 1876). Eco Juvenil. Panamá, (1).

La España. (14 de febrero de 1875). El Cachifo. Panamá, (6).

La revolución Vieco-Miramon. Sus consecuencias. (4 de diciembre de 1861). El Manzanares. Estado soberano del Magdalena, (3).

Portada. (1881). La Aurora. Cartagena.

Prospecto. (1 de febrero de 1879). El Estudio, (1).

Remitidos. (19 de enero de 1875a). El Cachifo. Panamá, (2).

Remitidos. (31 de enero de 1875b). El Cachifo. Panamá, (4)

Sonambulismo. (1 de diciembre de 1881). La Inspiración. Barranquilla, (9).

Fuentes secundarias 

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Bedoya, G. (24 de 01 de 2012). La prensa como objeto de investigación para un estudio histórico de la literatura colombiana. Balance historiográfico y establecimiento del corpus. Estudios de Literatura Colombiana(28), 89-109.

Bell Lemus, G. (1987). Una temprana argumentación a favor del federalismo en la Costa Caribe de la Nueva Granada: A propósito de una carta del General Juan José Nieto al General Francisco de Paula Santander. Huellas. 19-22.

Braudel, Fernand (1984). Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV – XVIII. Madrid, España: Alianza.

Camacho-Álvarez, A., Mercado-Millán, D. y Sánchez-Guerra, L. (2015). Literatura nacional colombiana (1854 – 1886): una mirada desde la prensa literaria de la costa caribe. Actas del II congreso internacional El Caribe en sus literaturas y culturas - 8, 9 y 10 de abril de 2015,128-133.

Camacho Roldán, S. (1923). Memorias de Salvador Camacho Roldán. Colombia: Bedout.

Colmenares, G. (1973). Historia económica y social de Colombia, 1537-1719. Cali: Universidad del Valle.

Cornejo Polar, A. (1988) Sistemas y sujetos en la historia literaria latinoamericana. Algunas hipótesis. Casa de las Américas, 29(171).  

González-Stephan, B. (1994). Escritura y modernización: la domesticación de la barbarie. Revista Iberoamericana (166-167), 109-124. 

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[1] El artículo se inscribe en el proyecto de investigación Literatura nacional colombiana 1854 - 1886: una mirada desde la prensa literaria en Bogotá, Medellín y la Costa Caribe, asociado al Grupo de investigación Fray Antón de Montesinos: lenguajes y universos simbólicos, de la Universidad Santo Tomás. Varias de las ideas expuestas aquí fueron presentadas por los autores en el II Congreso internacional “El Caribe en sus literaturas y culturas”, cuyas actas han sido publicadas en internet.

[2] Magíster en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional de Colombia, sede Amazonía, e Historiador de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Miembro del grupo de investigación Etnología y Lingüística Amazónicas en la línea Historia y narrativas orales, adscrito al Instituto de Investigaciones Amazónicas (IMANI) de la Universidad Nacional de Colombia, sede Amazonía. Correo: acamach@unal.edu.co
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6839-7062

[3] Magíster en Investigación literaria e historia del drama de la Universidad de Alcalá de Henares y Comunicador social-periodista de la Universidad Central de Colombia. Docente de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y miembro del grupo de investigación Fray Antón de Montesinos (línea de literatura comparada y teoría crítica) de la Universidad Santo Tomás y del grupo PaloSeco (línea de diseño, lenguajes y comunicación) de la Universidad de Investigación y Desarrollo. Correo: djmercadom@udistrital.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8901-5692

Fecha de recibo: 02/02/2020  Fecha de aceptación: 01/06/2020

[4] En las citas de las fuentes primarias se mantiene la ortografía original.